Sigo caminando sin un rumbo fijo, hasta que oigo una voz en lo alto.
-Hey, Deborah.
Alzo la vista, y giro, buscando al dueño de la voz.
-Darren, ¿dónde estás?
Alguien coloca la mano en mi hombro, y yo me giro rápidamente. Observo al chico sonriente que hay frente a mí.
-Aquí.- dice Darren.
Sonrío, y él se da la vuelta y comienza a andar. Apago la pequeña llama con un soplido y le sigo.
Se sienta sobre una roca, y me hace un hueco. Me siento a su lado, pero no hay mucho espacio, y nuestras rodillas chocan.
Miro al suelo, y luego al cielo. Está despejado, pero no se ven demasiadas estrellas, a causa de las luces de Nueva York.
Noto una mirada sobre mí, y me giro. Darren me está mirando con una media sonrisa.
-Estás muy cambiada.- dice, sin más.
-Ya. Bueno, y tú.- respondo, evitando el contacto visual.
-¿Ah, sí? ¿En que aspectos?
-Bueno, eh... Estás más alto. El pelo te ha crecido.
-¿Lo tengo mal? Hace dos años que no voy a la peluquería.
Le miro de reojo.
-Lo tienes bien. A mi me gusta.- susurro. Por suerte, en la oscuridad, no puede ver que me he puesto roja como un tomate.
-¿Nada más?
-Tienes los ojos más claros. Y... estás más guapo.- digo, todo lo bajo que puedo, esperando que no me oiga. Pero su suave risa me indica que sí. Me alejo todo lo que puedo de él, y acabo en el suelo.
Darren deja soltar una carcajada y se levanta. Me tiende la mano, y yo se la cojo.
-Gracias.- murmuro, y me levanto.
Cuando alzo la vista, veo que todavía no le he soltado la mano, cosa que hago en seguida.
Apenas pasan milésimas de segundo, cuando noto como coloca su mano, cálida, sobre mi mejilla. Le miro a los ojos. Mi cerebro piensa en separarse de él pero... pero... ¿es de verdad eso lo que quiero? Siento como el corazón empieza a tomar un ritmo alarmante, al mismo tiempo que él se acerca a mí.
Cuando quiero darme cuenta, él junta sus labios con los míos, y yo no lo evito. Le devuelvo el beso, pero intento hacerlo sin demasiada emoción. Coloca su mano libre en mi cintura, y yo le pongo las manos en los hombros, y le separo suavemente.
-Darren, esto no está bien.- digo, intentando sonar seria, pero solo consigo que me tiemble la voz aún más.
-¿Y qué es lo que está bien, Deborah? En el día de hoy ya nadie hace las cosas que debe hacer.- responde, apartándose, evidentemente molesto-. Además, ¿no te gustaban los chicos malos?
Abro la boca, para responder, pero él me corta.
-Sabes, da igual. No respondas. Buenas noches, Deborah. Vuelve con Noah, no se vaya a preocupar. Si es que a él le preocupa algo.
Suspiro y me paso la mano por la cara.
-Darren, yo no quería herir tus sentimientos... no debería haberme separado.
-¿Qué? Ah, no estoy molesto porque te hayas separado.
-¿Y por qué lo estás?
-Porque, a pesar de que fui yo quién te salvó la vida, me haces el vacío. Pero no te lo estoy echando en cara. Olvida todo esto.
-Lo siento, yo... sé que me porté mal contigo.
-No sientas pena por mí. Siéntela por ti.- dice simplemente, y desaparece entre los árboles.
¿Que sienta pena por mí? No he entendido eso último. ¿A qué se refiere?
Siento un escalofrío recorriendo mi espalda y decido volver junto a Noah.
Pero hay un problema; creo que me he perdido.
Empiezo a ponerme nerviosa. El miedo y la ansiedad hacen que imagine cosas. Veo una sombra tras mí. Me giro todo lo rápido que puedo, y cuando lo hago, oigo un movimiento de ramas a mi izquierda. Alzo las manos, cierro los ojos y comienzo a recitar unas palabras.
Como si fuera un rayo de luz, una fuerza que sale de mis manos hace que los árboles y arbustos sean invisibles.
Sonrío para mí, y a lo lejos, veo el descampado donde solía estar el Instituto. Corro hacia allí, aún con las manos en alto, y noto que me tiemblan.
Cuando llego a la explanada, veo a Noah, que ahora está despierto, de pie, mirándome atónito, con el arma en alto, pero en seguida la baja.
-¡Deby!- exclama, y se acerca- ¿Estás bien? Estoy sintiendo una presencia demoníaca. Débil, pero la siento. ¿Has visto algo extraño?
-Nada.- digo, con una pequeña sonrisa.
-¿Cómo has hecho eso?- pregunta- ¿Lo has hecho tú? El rayo ese, que ha hecho que se viese a través de los árboles.
Asiento con la cabeza.
-¿Cómo?- sigue diciendo, notablemente interesado.
-Fácil, sólo es un simple hechizo.
Abre mucho los ojos, y me mira, asombrado.
-¿Qué pasa?
-Los nefilims no son capaces de hacer hechizos.- dice, mirándome fijamente.
Nota de la escritora:
Hola, ya sé que este capítulo es bastante más corto en comparación con los demás, pero no sé como seguir, y el capítulo 17 fue bastante largo... Bueno, publicaré lo más pronto posible.(:
Miro al suelo, y luego al cielo. Está despejado, pero no se ven demasiadas estrellas, a causa de las luces de Nueva York.
Noto una mirada sobre mí, y me giro. Darren me está mirando con una media sonrisa.
-Estás muy cambiada.- dice, sin más.
-Ya. Bueno, y tú.- respondo, evitando el contacto visual.
-¿Ah, sí? ¿En que aspectos?
-Bueno, eh... Estás más alto. El pelo te ha crecido.
-¿Lo tengo mal? Hace dos años que no voy a la peluquería.
Le miro de reojo.
-Lo tienes bien. A mi me gusta.- susurro. Por suerte, en la oscuridad, no puede ver que me he puesto roja como un tomate.
-¿Nada más?
-Tienes los ojos más claros. Y... estás más guapo.- digo, todo lo bajo que puedo, esperando que no me oiga. Pero su suave risa me indica que sí. Me alejo todo lo que puedo de él, y acabo en el suelo.
Darren deja soltar una carcajada y se levanta. Me tiende la mano, y yo se la cojo.
-Gracias.- murmuro, y me levanto.
Cuando alzo la vista, veo que todavía no le he soltado la mano, cosa que hago en seguida.
Apenas pasan milésimas de segundo, cuando noto como coloca su mano, cálida, sobre mi mejilla. Le miro a los ojos. Mi cerebro piensa en separarse de él pero... pero... ¿es de verdad eso lo que quiero? Siento como el corazón empieza a tomar un ritmo alarmante, al mismo tiempo que él se acerca a mí.
Cuando quiero darme cuenta, él junta sus labios con los míos, y yo no lo evito. Le devuelvo el beso, pero intento hacerlo sin demasiada emoción. Coloca su mano libre en mi cintura, y yo le pongo las manos en los hombros, y le separo suavemente.
-Darren, esto no está bien.- digo, intentando sonar seria, pero solo consigo que me tiemble la voz aún más.
-¿Y qué es lo que está bien, Deborah? En el día de hoy ya nadie hace las cosas que debe hacer.- responde, apartándose, evidentemente molesto-. Además, ¿no te gustaban los chicos malos?
Abro la boca, para responder, pero él me corta.
-Sabes, da igual. No respondas. Buenas noches, Deborah. Vuelve con Noah, no se vaya a preocupar. Si es que a él le preocupa algo.
Suspiro y me paso la mano por la cara.
-Darren, yo no quería herir tus sentimientos... no debería haberme separado.
-¿Qué? Ah, no estoy molesto porque te hayas separado.
-¿Y por qué lo estás?
-Porque, a pesar de que fui yo quién te salvó la vida, me haces el vacío. Pero no te lo estoy echando en cara. Olvida todo esto.
-Lo siento, yo... sé que me porté mal contigo.
-No sientas pena por mí. Siéntela por ti.- dice simplemente, y desaparece entre los árboles.
¿Que sienta pena por mí? No he entendido eso último. ¿A qué se refiere?
Siento un escalofrío recorriendo mi espalda y decido volver junto a Noah.
Pero hay un problema; creo que me he perdido.
Empiezo a ponerme nerviosa. El miedo y la ansiedad hacen que imagine cosas. Veo una sombra tras mí. Me giro todo lo rápido que puedo, y cuando lo hago, oigo un movimiento de ramas a mi izquierda. Alzo las manos, cierro los ojos y comienzo a recitar unas palabras.
Como si fuera un rayo de luz, una fuerza que sale de mis manos hace que los árboles y arbustos sean invisibles.
Sonrío para mí, y a lo lejos, veo el descampado donde solía estar el Instituto. Corro hacia allí, aún con las manos en alto, y noto que me tiemblan.
Cuando llego a la explanada, veo a Noah, que ahora está despierto, de pie, mirándome atónito, con el arma en alto, pero en seguida la baja.
-¡Deby!- exclama, y se acerca- ¿Estás bien? Estoy sintiendo una presencia demoníaca. Débil, pero la siento. ¿Has visto algo extraño?
-Nada.- digo, con una pequeña sonrisa.
-¿Cómo has hecho eso?- pregunta- ¿Lo has hecho tú? El rayo ese, que ha hecho que se viese a través de los árboles.
Asiento con la cabeza.
-¿Cómo?- sigue diciendo, notablemente interesado.
-Fácil, sólo es un simple hechizo.
Abre mucho los ojos, y me mira, asombrado.
-¿Qué pasa?
-Los nefilims no son capaces de hacer hechizos.- dice, mirándome fijamente.
Nota de la escritora:
Hola, ya sé que este capítulo es bastante más corto en comparación con los demás, pero no sé como seguir, y el capítulo 17 fue bastante largo... Bueno, publicaré lo más pronto posible.(:
Sip , jajajajajajaja :D
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