Cuando
abro los ojos, nos encontramos en el centro de la ciudad, en una
calle un tanto oscura y sucia.
-¿Qué
hacemos aquí...?- empiezo a preguntar, pero Dylan me tapa la boca
con la mano.
-No
digas nada...- susurra, y aparta la mano.
Entonces
oigo un golpe seco y me giro. Noah acaba de tumbar a un chico de pelo
verde.
-Uno.-
sonríe y se pone en guardia.
Así,
van llegando más y más. Los que más demonios matan son Darren y
Noah. Ya sé de donde sale su competitividad. Los dos son muy buenos
luchando.
Yo sólo
he matado a uno, pero me siento mal. Aunque él me quería matar a
mí. Entonces comprendo que esto no es un juego, y que me tengo que
defender. Así que así contribuyo más.
Cuando
dejan de aparecer más, escuchamos un llanto en la calle de al lado.
Darren corre hacia allí, y yo le sigo. Vemos a una figura echa un
ovillo en el suelo. El chico se acerca y se agacha. Le sube la manga
y le mira el brazo.
-¡Tiene
una mordida de demonio!- dice, escandalizado.
-¡No
grites!- digo, pero ya es tarde. Otro grupo de chicos anda hacia
nosotros, con paso decidido.
-Entretenles,
por favor.- dice Darren.
Asiento
con la cabeza y cojo la espada que tengo en la espalda. Me pongo en
guardia, y el primer demonio se acerca.
-Con
que una nefilim nueva, ¿eh? Os vamos a acabar exterminando.- dice,
en tono burlón.- Cada vez tenéis menos.
-Pero
eso no significa que seamos débiles.- digo, y le miro a los ojos,
que se están tornando a rojo.
-¿Seamos?
Vamos, tu y yo sabemos que ellos no te quieren. Sólo quieren tu
poder. Cuantos más, mejor, pero en cuanto mueras, les va a dar
igual. ¿No lo entiendes?
No sé
mucho sobre demonios, pero deben de ser muy listos, porque esas
palabras me afectan, y sé que bajo la guardia, porque el chico que
tengo en frente salta hacia mí para atacarme. Pero antes de que
pueda hacerlo, alguien le tira un cuchillo, y le derriba.
Miro
hacia mi izquierda, y veo a Dylan, sonriendo. Se acerca y le clava un
cuchillo a otro demonio en el pecho.
-Te he
dicho que no te iba a pasar nada. Soy un hombre de palabra.- dice
sonriendo.
Yo
sonrío y cuando hemos terminado con los demonios, miro hacia Darren.
Me acerco y me agacho a su lado. Veo que está cogiendo de la mano a
una chica pequeña, de unos quince años, con el pelo castaño
oscuro, y rizado. Parece que está dormida, pero de vez en cuando
abre sus ojos azules, así que está despierta. Darren está muy
concentrado, y todos sus zonks estás brillando. Debe de estar
transmitiéndole poder.
-¿Te
ayudo?- pregunto.
-No,
déjalo. Llama... llama a Noah.- dice, sin mirarme.
Asiento
con la cabeza y corro a buscarle.
-Noah.-
digo, cuando le encuentro. Cuando se gira, veo que tiene la camiseta
negra con una enorme mancha que la hace aún más oscura.
-¿Noah...?-
susurro, y le levanto la camiseta, dejando al aire una enorme raja en
su costado, que sangra muchísimo.- Dios....- susurro.
-Tranquila...
no es nada...- dice, con la poca voz que le queda.
-Noah...
Tranquilo, estoy aquí para ayudarte.- le cojo de la mano y le
sonrío, lo más tranquilizadora que puedo.- ¡Darren!- grito.
Pero en
vez de venir él, aparece Dylan.
-¿Qué
pasa?- pregunta.
-Han
atacado a Noah. Tiene una herida muy grande.- digo, acariciando el
pelo al chico, que está tumbado en el suelo, para que no se quede
dormido...
-Vale,
llévatele. Yo ayudo a Darren.- sale corriendo para ayudar a Darren.
-Vale...
mmm... vale...- me levanto, e intento levantarle a él también, pero
no puedo. Entonces pienso en que soy nefilim, y tengo zonks. Le cojo
de la mano, y me concentro lo más que puedo, ya que esta vez no
tengo que transportar a una sola persona, sino a dos.
Cuando
aparecemos en el Instituto, estamos en una habitación grande, pero
que parece más pequeña, ya que está pintada de negro. Supongo que
será la habitación de Noah. Le tumbo en su cama, y salgo corriendo
a buscar a Joseph.
-¡Necesito
ayuda!- digo, cuando entro de golpe en la biblioteca.
-Eh,
eh, tranquila, pequeño saltamontes.- dice, y levanta la vista del
libro.- ¿Qué pasa?
-Es
Noah. Está muy herido.
-Ah. En
ese caso, arréglalo.- responde, cortante, y vuelve al libro.
-¿Y
cómo lo hago?
-Por
todos los ángeles del cielo, tú sabrás. Ya me preocupo yo bastante
para tener que estar atento de mis poderes, como para ayudarte a ti.
Respiro
hondo, y salgo dando un portazo. No hay nadie más en el edificio,
así que vuelvo a la habitación de Noah, y me siento en el borde de
su cama. Me acerco a él, y le acaricio el pelo. Entonces abre los
ojos, y me mira.
-Hola...
¿qué haces aquí?- susurra.
-Ayudar
a un experto.- sonrío, y le acaricio la mejilla.- ¿Qué tal estás?
-Mejor...
Pero estoy cansado.
-Duérmete.
-Gracias...-
dice, y me coge de la mano. Al minuto, se queda dormido.
Cuando
me despierto, me veo con la cabeza apoyada en la mano y sentada
todavía en la cama de Noah. Me levanto y me estiro la ropa. Él
todavía está durmiendo.
Salgo
de la habitación y cuando bajo, veo que los demás están sentados
en una mesa, comiendo. Me acerco y me siento al lado de Dylan. Estoy
muy cansada...
-¿Qué
tal has dormido?- me pregunta Anna, sonriente.
-Fatal.
He dormido en una postura horrible...- apoyo la cabeza en la mano.-
¿Dónde está Darren?
-Está
con la chica esa, no sé como se llama. Ya está curada, pero se ha
quedado toda la noche con ella.- dice Dylan, encogiendose de
hombros.- Velar por alguien. Pf.
-Déjale,
a lo mejor está enamorado.- ríe Anna.
Yo
dibujo una sonrisa forzada, y me concentro en Jake.
-Oye,
Jake, tú no hablas mucho. ¿Verdad?
Él
levanta la cabeza, y luego niega. Me encojo de hombros, y me levanto.
-Me voy
a casa.- digo bostezando.- Hoy vuelve mi madre.
-Te
acompaño.- dice Dylan, y se levanta.
Sonrío,
y le espero.
Vamos
andando por las afueras, en silencio, pero no un silencio incómodo.
No decimos nada en todo en camino, y cuando llegamos a mi casa, nos
miramos.
-Bueno,
gracias por acompañarme.- sonrío y abro la puerta.
-Sé
que has pasado toda la noche velando a Noah. Te gusta, ¿verdad?-
dice, tristemente.
-¿Qué?
¡No!- digo, nerviosa, girándome.
-No me
hubiese molestado que te gustase Darren, o Jake, o tu amiguito el tal
Ethan, ¿pero Noah? No sabes como es, te va a hacer daño.
-Él no
es malo. Eso es lo que queréis creer. Tal vez los malos seáis
vosotros.- me giro bruscamente y entro en casa.- Adiós, Dylan.
Cierro
dando un portazo, y veo que tengo varios mensajes de mi madre.
Los leo
todos, y cuando termino, lo hago con los ojos muy abiertos.
Dice
que no va a poder volver. Que no la busque. Que no me preocupe.
También dice que me mude al Instituto. <<¿Entonces ya lo sabe
todo? ¿Por qué no me lo contó?>>
Abro la
puerta, preocupada, pero Dylan no está por ninguna parte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario