lunes, 2 de junio de 2014

Capítulo 12.

Cuando abro los ojos, nos encontramos en el centro de la ciudad, en una calle un tanto oscura y sucia.
-¿Qué hacemos aquí...?- empiezo a preguntar, pero Dylan me tapa la boca con la mano.
-No digas nada...- susurra, y aparta la mano.
Entonces oigo un golpe seco y me giro. Noah acaba de tumbar a un chico de pelo verde.
-Uno.- sonríe y se pone en guardia.
Así, van llegando más y más. Los que más demonios matan son Darren y Noah. Ya sé de donde sale su competitividad. Los dos son muy buenos luchando.
Yo sólo he matado a uno, pero me siento mal. Aunque él me quería matar a mí. Entonces comprendo que esto no es un juego, y que me tengo que defender. Así que así contribuyo más.
Cuando dejan de aparecer más, escuchamos un llanto en la calle de al lado. Darren corre hacia allí, y yo le sigo. Vemos a una figura echa un ovillo en el suelo. El chico se acerca y se agacha. Le sube la manga y le mira el brazo.
-¡Tiene una mordida de demonio!- dice, escandalizado.
-¡No grites!- digo, pero ya es tarde. Otro grupo de chicos anda hacia nosotros, con paso decidido.
-Entretenles, por favor.- dice Darren.
Asiento con la cabeza y cojo la espada que tengo en la espalda. Me pongo en guardia, y el primer demonio se acerca.
-Con que una nefilim nueva, ¿eh? Os vamos a acabar exterminando.- dice, en tono burlón.- Cada vez tenéis menos.
-Pero eso no significa que seamos débiles.- digo, y le miro a los ojos, que se están tornando a rojo.
-¿Seamos? Vamos, tu y yo sabemos que ellos no te quieren. Sólo quieren tu poder. Cuantos más, mejor, pero en cuanto mueras, les va a dar igual. ¿No lo entiendes?
No sé mucho sobre demonios, pero deben de ser muy listos, porque esas palabras me afectan, y sé que bajo la guardia, porque el chico que tengo en frente salta hacia mí para atacarme. Pero antes de que pueda hacerlo, alguien le tira un cuchillo, y le derriba.
Miro hacia mi izquierda, y veo a Dylan, sonriendo. Se acerca y le clava un cuchillo a otro demonio en el pecho.
-Te he dicho que no te iba a pasar nada. Soy un hombre de palabra.- dice sonriendo.
Yo sonrío y cuando hemos terminado con los demonios, miro hacia Darren. Me acerco y me agacho a su lado. Veo que está cogiendo de la mano a una chica pequeña, de unos quince años, con el pelo castaño oscuro, y rizado. Parece que está dormida, pero de vez en cuando abre sus ojos azules, así que está despierta. Darren está muy concentrado, y todos sus zonks estás brillando. Debe de estar transmitiéndole poder.
-¿Te ayudo?- pregunto.
-No, déjalo. Llama... llama a Noah.- dice, sin mirarme.
Asiento con la cabeza y corro a buscarle.
-Noah.- digo, cuando le encuentro. Cuando se gira, veo que tiene la camiseta negra con una enorme mancha que la hace aún más oscura.
-¿Noah...?- susurro, y le levanto la camiseta, dejando al aire una enorme raja en su costado, que sangra muchísimo.- Dios....- susurro.
-Tranquila... no es nada...- dice, con la poca voz que le queda.
-Noah... Tranquilo, estoy aquí para ayudarte.- le cojo de la mano y le sonrío, lo más tranquilizadora que puedo.- ¡Darren!- grito.
Pero en vez de venir él, aparece Dylan.
-¿Qué pasa?- pregunta.
-Han atacado a Noah. Tiene una herida muy grande.- digo, acariciando el pelo al chico, que está tumbado en el suelo, para que no se quede dormido...
-Vale, llévatele. Yo ayudo a Darren.- sale corriendo para ayudar a Darren.
-Vale... mmm... vale...- me levanto, e intento levantarle a él también, pero no puedo. Entonces pienso en que soy nefilim, y tengo zonks. Le cojo de la mano, y me concentro lo más que puedo, ya que esta vez no tengo que transportar a una sola persona, sino a dos.
Cuando aparecemos en el Instituto, estamos en una habitación grande, pero que parece más pequeña, ya que está pintada de negro. Supongo que será la habitación de Noah. Le tumbo en su cama, y salgo corriendo a buscar a Joseph.
-¡Necesito ayuda!- digo, cuando entro de golpe en la biblioteca.
-Eh, eh, tranquila, pequeño saltamontes.- dice, y levanta la vista del libro.- ¿Qué pasa?
-Es Noah. Está muy herido.
-Ah. En ese caso, arréglalo.- responde, cortante, y vuelve al libro.
-¿Y cómo lo hago?
-Por todos los ángeles del cielo, tú sabrás. Ya me preocupo yo bastante para tener que estar atento de mis poderes, como para ayudarte a ti.
Respiro hondo, y salgo dando un portazo. No hay nadie más en el edificio, así que vuelvo a la habitación de Noah, y me siento en el borde de su cama. Me acerco a él, y le acaricio el pelo. Entonces abre los ojos, y me mira.
-Hola... ¿qué haces aquí?- susurra.
-Ayudar a un experto.- sonrío, y le acaricio la mejilla.- ¿Qué tal estás?
-Mejor... Pero estoy cansado.
-Duérmete.
-Gracias...- dice, y me coge de la mano. Al minuto, se queda dormido.

Cuando me despierto, me veo con la cabeza apoyada en la mano y sentada todavía en la cama de Noah. Me levanto y me estiro la ropa. Él todavía está durmiendo.
Salgo de la habitación y cuando bajo, veo que los demás están sentados en una mesa, comiendo. Me acerco y me siento al lado de Dylan. Estoy muy cansada...
-¿Qué tal has dormido?- me pregunta Anna, sonriente.
-Fatal. He dormido en una postura horrible...- apoyo la cabeza en la mano.- ¿Dónde está Darren?
-Está con la chica esa, no sé como se llama. Ya está curada, pero se ha quedado toda la noche con ella.- dice Dylan, encogiendose de hombros.- Velar por alguien. Pf.
-Déjale, a lo mejor está enamorado.- ríe Anna.
Yo dibujo una sonrisa forzada, y me concentro en Jake.
-Oye, Jake, tú no hablas mucho. ¿Verdad?
Él levanta la cabeza, y luego niega. Me encojo de hombros, y me levanto.
-Me voy a casa.- digo bostezando.- Hoy vuelve mi madre.
-Te acompaño.- dice Dylan, y se levanta.
Sonrío, y le espero.
Vamos andando por las afueras, en silencio, pero no un silencio incómodo. No decimos nada en todo en camino, y cuando llegamos a mi casa, nos miramos.
-Bueno, gracias por acompañarme.- sonrío y abro la puerta.
-Sé que has pasado toda la noche velando a Noah. Te gusta, ¿verdad?- dice, tristemente.
-¿Qué? ¡No!- digo, nerviosa, girándome.
-No me hubiese molestado que te gustase Darren, o Jake, o tu amiguito el tal Ethan, ¿pero Noah? No sabes como es, te va a hacer daño.
-Él no es malo. Eso es lo que queréis creer. Tal vez los malos seáis vosotros.- me giro bruscamente y entro en casa.- Adiós, Dylan.
Cierro dando un portazo, y veo que tengo varios mensajes de mi madre.
Los leo todos, y cuando termino, lo hago con los ojos muy abiertos.
Dice que no va a poder volver. Que no la busque. Que no me preocupe. También dice que me mude al Instituto. <<¿Entonces ya lo sabe todo? ¿Por qué no me lo contó?>>

Abro la puerta, preocupada, pero Dylan no está por ninguna parte.


No hay comentarios:

Publicar un comentario