miércoles, 11 de junio de 2014

Capítulo 16.

DOS AÑOS MÁS TARDE.

Me recojo el último mechón y lo sujeto con una horquilla. Examino la coleta que acabo de hacer, satisfecha.
Me aparto del espejo y salgo de la habitación.
Voy caminando por los oscuros pasillos subterráneos. Todos me miran con respeto. Al fin y al cabo, me lo he ganado. No de la forma que quería hacerlo, pero ya está hecho, y no puedo cambiarlo.
Cuando llego hasta la habitación de Lucca, llamo a la puerta, decidida.
Esta se abre sola.
-Lucca.- digo, entrando.
Le veo sentado en su antiguo escritorio de caoba, escribiendo algo. Sé que no debo acercarme, porque debe de ser algo importante, teniendo en cuenta la furia con la que está garabatea sobre el papel.
Cuando han pasado unos minutos, se gira, con una sonrisa gélida.
-Abbigail.- dice, con su suave voz-. Que sorpresa.
Sin embargo, su rostro delata que le soy indiferente.
-Lucca, quiero volver. Tengo verles, aunque sea por un día. Llevo dos años aquí, encerrada.- pido, mostrándome lo más dura posible.
-No estás encerrada. Sales a las misiones.
-¿Esas misiones en las que tengo que matar a los míos? Además, todavía no me habéis dicho donde está mi madre.
-Ya hemos hablado esto cientos de veces. No eres como ellos. Te traicionaron.- comenta, levantándose, e ignorando el tema de mi madre.
-Me da igual.
-No debería darte igual.
Le miro a sus ojos negros como pozos, desafiante. Su expresión muestra serenidad.
-De todas formas, ahora tienes que ir a otra misión.- dice, dándose la vuelta.
-¿Cuántas llevo ya? Ni siquiera pertenezco a ningún rango alto. Y soy la que más nefilims mata.
-Si quieres volver, te tendremos que considerar como un demonio en condiciones. Todavía piensas que eres nefilim.
-No es verdad.- replico. <<Muy maduro>> pienso.
Él ríe y me toca el hombro.
-Tranquila. Los verás muy pronto.
No acabo de entender esa frase, pero no pregunto nada más.
Salgo de allí y vuelvo a mi habitación, preparada para exterminar más nefilims.

-A la de tres entramos.- susurra Noah.
Asiento con la cabeza y él empieza.
Uno... dos... tres.
Pega una patada a la puerta y esta se abre, chocando con la pared.
Miramos en la habitación, con las armas en alto, pero no hay nada.
Noah suelta una maldición.
-Otra vez nos hemos confundido.- digo.
-Lo sé...- se gira y mira el pasillo, frotándose la barbilla.
-Todo ese tiempo perdido inmovilizando a esos tíos...- resopla.
Río y me sitúo a su lado, observando el pasillo, donde hay muchos hombres atados, apoyados en la pared.
-Tranquilo. No desistas.
-No lo haré. Llevamos dos años buscando, pero no importa. No importa.
Me pongo frente a él y deposito un suave beso en sus labios. Sonríe y pasa su brazo izquierdo por mis hombros.
-Está bien. Vámonos.- sonrío.
Empezamos a caminar, de vuelta al Instituto. No estamos demasiado lejos, así que decidimos ir andando. De vez en cuando, miro a Noah de reojo, y no puedo reprimir una sonrisa. Está guapísimo. Cojo su mano y camino más cerca de él.
No tardamos demasiado en llegar; a la media hora ya estamos saliendo de la ciudad. Sin embargo, cuando llegamos a las afueras, al camino que conduce al Instituto, me quedo boquiabierta.
No hay nada. Literalmente. Ni la verja.
Observo el descampado, vacío, acostumbrada siempre a ver el viejo edificio. Me acerco, lentamente, y cruzo el punto en el que, esta misma mañana, estaba la verja. Camino sobre el territorio en el que se encontraba en Instituto, atónita. No está. Ni siquiera es invisible.
Me giro hacia Noah, que mira al frente, sin expresión en el rostro. Ni tristeza, ni miedo, ni alegría. Sin embargo, cuando le miro a los ojos, veo algo.
Venganza.
Observo como mueve los labios, susurrando algo, pero no llego a oírlo.
Al fin, consigo decir:
-¿Qué ha pasado?
Noah me mira, serio.
-Espero que no tuvieras nada importante allí dentro.- comenta, sin más. Luego se da la vuelta y empieza a andar hacia la ciudad de nuevo.
-¿Qué? ¡Claro que tenía algo ahí dentro! ¡Recuerdos!- exclamo.
-No vivas en el pasado.- dice sin mirarme.
-Noah.
Corro hacia él, y consigo cogerle del brazo.
-Noah.- repito-. Tenemos que averiguar que ha pasado. ¿Dónde están los demás? A lo mejor nos hemos confundido y no es este el...
-Vámonos. Volvamos a la ciudad.
-¡No! Tenemos que quedarnos a esperarles, a ver que pasa y...
-Que no.- dice, aún más serio-. Vámonos. No podemos pasarnos la vida aquí.
-Vete tú, si quieres, yo...
-Shh.- susurra, mirando hacia los lados.
-¡No tienes que man...!- empiezo a decir, indignada, pero Noah coloca su mano sobre mi boca, evitando que hable.
-Corre. Vete de aquí. Búscales en la ciudad.- susurra él, en mi oído.
Noto un leve movimiento en los arbustos de enfrente. A los quince segundos, estamos rodeados.
-En guardia, Deborah.- me dice Noah, juntando su espalda con la mía.
Examino a la gran cantidad de demonios que hay a nuestro alrededor.
Sólo demonios, ni un sólo engendro.
-Atacad.- oigo una fría voz, pero no puedo encontrar a su dueño.
El círculo se va haciendo más pequeño. Y más. Son veinte contra dos.
-Idiota.- dice Noah-. Deberías haber huido.
-¿Y dejarte solo con todo este lío? Me voy a quedar para molestar lo máximo que pueda.
-Y yo.- no le veo la cara, pero sé que sonríe.
Entonces el primer demonio lanza una estocada contra mi. Sin embargo, hago un rápido giro de muñeca, apartando su espada con mi cuchillo. Pronto, le derribo. Tal vez sean un enorme ejército, pero no son muy fuertes. Apenas tengo diecisiete años, y les venzo sin demasiado esfuerzo. Al fin y al cabo, más vale calidad antes que cantidad.
Veo que un demonio, me está acechando desde un árbol, arco en mano. En cuanto ve que le detecto, apunta y lanza una flecha contra mí. Me agacho, y consigo esquivarla. Tanteo en mi espalda, buscando algo que me pueda servir. Nada. Me agacho, cojo una daga que tenía en la bota, y la lanzo. Diana. El hombre cae del árbol, probablemente muerto.
Esta vez, me ataca una demonio. Con un grito, salta sobe mí. No me da tiempo a reaccionar, y cae encima mía, tirándome al suelo.
Apoya su afiladísimo cuchillo sobre mi cuello, y me inmoviliza las piernas y los brazos.
Cada vez va ejerciendo mayor presión sobre mi cuello. En cuanto me mueva un milímetro, me hará un corte, bastante profundo.
Empieza a manar un pequeño hilo de sangre, y con él, también crecen mis nervios.
La mujer dibuja una sonrisa torcida, enseñándome todos sus dientes, afilados. Yo la miro horrorizada.
Sin embargo, la sonrisa se la congela en los labios, y su cadáver cae sobre mí, aplastándome.
Alguien le pega una patada, y este rueda hacia la derecha. Cuando quedo libre, me levanto y miro a mi salvador.
Darren va completamente vestido de negro. Su cara ha cambiado muchísimo. Pero yo reconocería esa pequeña sonrisa de satisfacción en cualquier lugar.
Giro la cabeza, y sigo luchando. Ya sólo quedan cuatro demonios, que nos inmovilizan.
Estamos perdidos.
Una sombra aparece entre los arbustos. Una figura femenina, con una capucha negra.
-Soltadles.- ordena. Sí, es la misma voz que antes había mandado atacar. Los demonios se apartan, algo enfadados. Debe de ser un fastidio no poder matar a tu gran enemigo, cuando le tienes entre las manos. Pero siguen entre ella y nosotros, sin tocarnos.
-Vaya.- oigo susurrar a la mujer. Veo una sonrisa cansada en su rostro-. Me encantaría que me permitierais matarles a mí. Sería un honor.
Los demonios se apartan, dejando espacio para que ella pase.
Cuando se acerca, desenfunda una enorme espada que tiene colgada a la espalda. Coloca el filo entre sus ojos, que miran al frente, sin ninguna emoción, al igual que su voz.
Alza la espada ante mí, y yo cierro los ojos, y cojo de la mano a Noah, como puedo, esperando mi muerte. Pero no llega. ¿Por qué?
Cuando abro los ojos, veo que ella ha dirigido la espada hacia los demonios, y con un rápido giro de muñeca, mata a uno. Los otros tres la miran, atónitos. Pero no les da tiempo a replicar, porque rápidamente llega su fin. La mujer les mata, sin esfuerzo.
Luego se gira hacia nosotros. Su espada está cubierta de un oscuro líquido rojo. Sangre.
Luego, alza la espada, y la clava en la tierra, a unos milímetros de mi cuerpo. Luego, se aleja, y lanza dos pequeñas y mortales dagas, que quedan a poca distancia de los cuerpos de Noah y Darren.
Se vuelve a acercar, y limpia el filo de su espada con la mano. Luego se acerca a mí, y esparce sangre de demonio por mi cara, mi cuello y mis alrededores. Luego, hace lo mismo con Noah y Darren.
Se levanta, y susurra:
-No os mováis. O la próxima vez me tocará mataros.
Entonces se gira y sale corriendo.
En esta huida, consigo ver que un mechón pelirrojo sale de la capucha. Ella lo oculta rápidamente, y desaparece entre las sombras del anochecer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario