Me recojo el pelo en una coleta y me concentro en aparecer en el parque, pero detrás de unos matorrales. Tampoco quiero que la gente me vea aparecer de la nada. Cierro los ojos, y cuando los abro estoy tras unos matorrales. Sonrío y salgo.
-Hola.- digo a Ethan, que está sentado de espaldas a mí, y que se pega un susto.
-No me des esos sustos.- ríe.- ¿De donde vienes?
-Pues... cuando dos personas se quieren mucho...
-Eres tonta.- me corta, sonriendo. Yo me siento a su lado.
-¿Llevas mucho tiempo esperando?
-No, acabo de llegar.
-Guay.- respondo.- ¿Qué tal?
-Bien. Pero ahora mejor.- dice, guiñándome el ojo.
Yo suspiro, y hago una sonrisa forzada.
-Ethan...- respiro hondo.
-¿Sí?
Niego con la cabeza, y suena mi teléfono. Cuando miro la pantalla veo que es un número oculto, pero aún así lo cojo.
-¿Sí?
-¡Abbie!- exclama Darren al otro lado.
-¿Darren?
-Sí, soy yo. Abbie, tienes que venir al Instituto ya.
-¿Por qué? Ahora no puedo.
-Ven.- dice, y cuelga.
Miro a Ethan, que me mira con los ojos muy abiertos.
-¿Quién es Darren?- pregunta.
-Tengo que irme. ¿Nos vemos mañana en el instituto?
Él baja la vista y asiente con la cabeza.
-Hasta mañana.
Le doy un beso en mejilla, y me voy corriendo.
Cuando llego al Instituto, veo a un chico de pelo negro, con los ojos azules y lleno de piercings en el labio, en la oreja y en la ceja, con tatuajes, a parte de los zonks, vestido completamente de negro. Está apoyado en la puerta. Es alto, al igual que todos los chicos que hay aquí. O a lo mejor yo soy muy bajita. Cuando me fijo más, veo que está fumando. Suspiro y me acerco a la verja, pero veo que no puedo abrirla, así que doy varios golpes en las rejas. El chico está apoyado en la pared que hay a mi lado, mirándome.
-Así no vas a conseguir nada.- dice.
-¿Y tú quién eres?- digo, sin mirarle.
-¿Quién eres tú?
-Abbie Carrington... Nefilim principiante.- digo, bromeando.
-Yo soy Noah. Nefilim experto, supongo.
-Ah.- digo.- Darren me ha hablado de ti.
-Seguramente no bien.
-¿Cómo lo sabes?
-Hay competitividad.
Asiento con la cabeza, y sigo intentando abrir la puerta.
-Así no lo vas a conseguir.- dice, se pone detrás de mí, pasa sus brazos por mi cintura y abre la verja. Yo me aparto.
-¿Qué haces?- digo, entrando en el jardín.
-Ayudar a una novata.- responde, y da una calada a su cigarrillo, soltando muchísimo humo.
-Creo que ya eres mayor para saber que fumar está mal.- digo tosiendo.
-Y yo creo que eres pequeña para andar por ahí matando demonios.- responde, indiferente.
Decido pasar de él y sigo andando por el camino, hasta llegar a la puerta. Cuando alzo la mano para llamar, se abre la puerta.
-Ah, eres tú.- dice Gina.- Pasa.
Por detrás veo a una chica que corre hacia mí, sonriente, y se para frente a mí.
-¡Hola! Me llamo Anna. Soy la hermana de Darren.- dice, y me abraza.- Me encanta tener a gente nueva aquí.
Sonrío.
-Darren me ha llamado, ¿que pasa?
-Ven conmigo.- dice Anna.
-Mejor.- resopla Gina, y se tumba en un sofá.
Sigo a Anna por las escaleras, hasta llegar al último piso. Abre una puerta bastante grande, y me hace un gesto para que no diga nada.
En el interior de la sala, hay una pared llena de armas. Desde pequeñas navajas, hasta espadas más largas que mi brazo, pasando por todo tipo de pistolas (algunas con forma bastante extraña) y arcos. En las otras dos paredes hay dianas, muñecos de práctica, sacos de boxeo... Y en el centro hay una colchoneta, donde veo a Darren, manejando una espada, luchando contra un muñeco de trapo.
Cuando el muñeco queda en el suelo, él levanta la vista. Se nota que está cansado. Cierra los ojos y sonríe.
-Por fin has llegado.- dice respirando muy hondo.
Anna me empuja suavemente para que vaya hacia allí. Yo ando hacia él, y luego escucho una puerta cerrándose. Me giro, y veo que Anna se ha ido.
-Sí, por fin he llegado. Nadie me abría, y me ha tenido que ayudar Noah...- suspiro.
-Ah, ya le han conocido. ¿Qué tal?
Le miro, como diciendo "¿en serio preguntas?".
-Ya sabía que a ti tampoco te caería bien.- ríe.- Bueno, te he traído aquí para que entrenes. Con armas. Para matar demonios.
-Pero... ya tengo la magia...
-No todo se consigue con la magia.
-Gina dijo que...
-No le hagas caso a Gina. Sólo los brujos lo consiguen todo con magia. Y menos mal que no nos parecemos a ellos.- dice, cortándome.- Yo sé usar todas estas armas, y probablemente sea el mejor luchador en buena forma de todo el Instituto. Esto nos permite seguir vivos.
Vamos a la pared y Darren empieza a nombrar todas las armas. Hay arcos con flechas de madera para los vampiros, dagas de plata para los hombres lobo, espadas con poder angelical para los demonios...
-¿Cual te gusta?- oigo a Darren decir, pero me he quedado adormilada apoyada en la pared. Ya habrá terminado de nombrarlas.
-Eh...
-Vale, vamos a probar con los cuchillos.- resopla, y elige un cuchillo tan largo como mi brazo, pero que sin embargo no pesa nada.
Tras varios fallos, consigo poder manejarlo, y no se me da tan mal.
Cojo otras armas. Se me dan mejor las espadas, los cuchillos y las dagas, porque no tengo puntería. De todas formas, Darren se empeña en que aprenda a apuntar. Cuando estoy tan cansada que no me puedo levantar, el chico dice:
-Bien, ya nos podemos ir.- me tiende la mano para que me levante.
-¿Ir a dónde?- digo, y me levanto con su ayuda.
-A matar demonios.- sonríe.
Salimos de la sala de entrenamiento y bajamos al vestíbulo, donde están Anna, Gina, Dylan y otro chico esperando. Es de media estatura, rubio, de ojos claros.
Este último se nos queda mirando, con los ojos muy abiertos.
Todos van vestidos de negro. Anna se acerca y me lleva a una habitación.
-No puedes ir vestida con tu ropa de humana. Ponte eso. ¿Vale?- señala un conjunto que hay sobre la cama.
Asiento con la cabeza y Anna se va. Miro la ropa. Son unos pantalones negros, estrechos, unas botas que me llegan hasta las pantorrillas negras, una chaqueta de cuero y una blusa negra, obviamente. Me cambio y me miro al espejo. Abro mucho los ojos cuando veo mi reflejo. Bueno, tampoco me queda tan mal. Me resalta los ojos verdes. Sonrío y me suelto el pelo. De todas formas, no voy a un pase de modelos, voy a matar demonios, tal y como ha dicho Darren.
Salgo y me pongo detrás de Anna. Dylan me mira y sonríe.
-Por fin no vas con tu modelito de humana.- ríe.- Estás genial.- sonríe.
-¡Claro que lo está! Yo lo he elegido.- ríe Anna.
-¿Podemos centrarnos?- dice Darren, interrumpiendo. Pulsa un botón que hay en una mesa, y la pared que hay al lado gira, dejando ver un montón de armas, como las de arriba.
Todos menos el chico rubio de los ojos claros y yo, se acercan y empiezan a coger armas y a guardárselas en las botas, en las mangas, se las colocan en la espalda...
-Bueno, al menos no soy la única nueva. Tú debes de ser Jake. ¿Verdad?- digo, y le miro.
-Sí. ¿Y tú eres...?- dice, mirándome.
-Abbie. Encantada.- sonrío. Él hace lo mismo, y ya no volvemos a decir nada.
Dylan se acerca, colocándose un cuchillo larguísimo a la espalda.
-Bueno, ¿no vais a coger nada?- pregunta.
Asiento, y me acerco a la pared. Sigo las instrucciones de Dylan, y me escondo un cuchillo en cada bota, unas cuantas dagas dentro de la chaqueta, y él mismo me coloca una espada no exageradamente grande en la espalda.
-Dylan, ¿qué va a pasar si lo hago mal?- pregunto, mientras él me ajusta la correa de la vaina de la espada en la espalda.
-Tranquila, no te va a salir mal. No te va a pasar nada. Voy a estar ahí para ayudarte...- susurra en mi oído.
Cierro los ojos y me separo.
En el último momento entra Noah, el chico "alternativo" de la entrada de antes. Nos miramos un segundo, yo a él con odio y él a mi con indiferencia.
-¿Por qué has llegado tan tarde?- dice Darren, acercándose a él.
-Tenía cosas más importantes que hacer.
Darren se acerca más a él, y le dice algo, tan bajo que no lo oigo, pero por su cara sé que no es nada bueno. Luego empuja a Noah, no muy fuerte, y ambos se miran con competitividad.
-Venga, vámonos.- dice Gina, abriendo la puerta.
Todos salimos y vamos andando por el camino. Yo me quedo sola atrás, o eso creo, porque después siento la presencia de Noah tras mí
-¿No vas con ellos?- pregunto.
Él no me responde, sólo anda a mi lado en silencio.
-¿Eres uno de esos chicos alternativos que pasan de todo y son unos malotes? ¿Por qué vienes conmigo?- sigo diciendo
-Voy contigo porque así puedo convencerte de que no soy como ellos creen. Eres nueva, a lo mejor te puedo lavar la mente.- por su tono sé que lo ha dicho bromeando.
-Y si no eres como ellos creen... ¿cómo eres?
-Diferente.- dice simplemente.
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