Mi madre me envió un mensaje diciendo que se había ido de viaje de negocios, así que dejé de preocuparme por ella.
Suelo ver a Dylan todos los días, pero no nos decimos nada. Simplemente nos miramos a los ojos por accidente, pero apartamos la mirada. Supongo que el orgullo nos puede a los dos. Sigo teniendo mucha curiosidad sobre mi "cualidad", pero le dije que no quería saberlo, así que me tengo que aguantar.
Sin embargo, esta tarde, estando sentada en la parada de autobús, esperando para ir al centro comercial, no lo aguanto más. Tengo que saber más sobre aquella pelea que vi.
No puedo hablar con Dylan, y no la debo de caer muy bien a Stephanie, porque me echó de su casa.
-Hola.- dice una voz femenina tras mí.
Me doy la vuelta, y miro sorprendida a la amiga de Dylan, a la que el hombre alzó sin tocarla. Lleva el largo pelo castaño oscuro recogido en una coleta, y me mira con sus ojos azules, esperando respuesta. Desde luego, a su lado soy horrible.
-Hola.
Ella se sienta a mi lado.
-¿Conoces a Dylan?- decimos a la vez, y luego nos miramos.
-Tú primero.- dice.
-Sí. Bueno, discutimos hace semanas, pero somos... eh... éramos amigos. ¿Y tú?
-Sí. Abbie, estoy aquí para resolver tus preguntas. Me llamo Gina.
-¿Tú también puedes...?
-Claro, me vistes pelear junto a Bra... Dylan. ¿Verdad?- pregunta.
-Verdad.- respondo.- ¿Cómo sabes mi nombre?
Ella ríe.
-Sé mucho sobre ti. Dylan no para de hablar sobre ti.
Noto como me pongo roja.
-¿Tú de qué le conoces? ¿Es tu novio?
-No, es sólo un amigo.- ríe.
-Ups.
-Vamos a hablar. Sé que lo necesitas.
-¿Cómo lo sabes?
-Esto me ayuda.- se levanta la manga de su camisa de cuadros azul, dejando al descubierto su brazo. Tiene varios tatuajes... pero cuando me fijo son como esas líneas que me salen a mi.- Se llaman zonks. Son símbolos que te pueden servir para muchas cosas. Depende de tu intensidad de poder, pueden ser de una forma u otra. Si estás pensando en leer pensamientos, que es lo que yo quería, el zonk se activa y el poder en el que pensabas surge. ¿Entiendes?
-Sí, pero... ¿por qué a mi me pasa eso? ¿Le pasa a todo el mundo?
-No, claro que no. Tu madre no te contó nada...
-¿Ah?
-Digamos, que tanto tú, como yo, como Dylan... no somos humanos. Somos ángeles caídos. Nefilims, en términos modernos.
-Pe...pero... ¿mi madre lo sabe?
-Claro, ella también lo es.
-¿Ella es un ángel caído también? ¿O mi padre lo era?
-Tu padre se suicidó cuando lo supo.
Abro mucho los ojos.
-Pero... mi padre murió en el bosque... no creo que se suicidara...
-Todavía no sé por qué lo hizo, pero sé que lo hizo. Lo siento.- dice, y me acaricia el brazo.
-Pues si no lo sabes tú...- suspiro, y miro al suelo.- Yo menos.
-Tiene algo que ver con todo este lío. Por lo que Dylan me ha contado, haces cosas especiales.
-Si te refieres a que puedo hacer cosas sobre naturales que nadie más puede hacer, sí, eso es raro. Supongo que tú también lo haces.
Ella ríe y asiente.
-Abbie, quiero llevarte a un sitio. Si me dejas.
-¿A dónde?
-¿Confías en mí?- dice, evitando mi pregunta.
-Bueno, al igual que Dylan, me transmites confianza.
-¡Pues vamos!- sonríe, me coge de la mano, y cuando abro los ojos me encuentro en la entrada de un gran edificio que está a las afueras de Nueva York.
-¿Qué es esto?- pregunto, soltando su mano.
Ella no me hace caso, pone un dedo sobre la cerradura, y uno de zonks se ilumina. La puerta se abre y entramos. Andamos por un camino, donde a los lados hay un jardín. Miro hacia el enorme edificio. Es muy bonito, pero parece triste. Eso al ojo de un humano. Para mí... tiene un brillo que es inolvidable.
-Hay varios zonks en funcionamiento. Es normal que veas el brillo.- me interrumpe Gina.- Lo siento, ya cancelo el poder de leer la mente.- dice sonriendo, y se pasa la mano sobre uno de sus símbolos, que pierde el brillo.
Cuando llegamos a la puerta, Gina saca de su bota una especie de bolígrafo, al que le pulsa un botón y una luz sale de él. Lo pone en la cerradura, y la puerta se abre con un chirrido.
Entramos y miro con curiosidad el interior. El vestíbulo es enorme. Tiene un estilo antiguo, pero se pueden ver algunos aparatos y elementos modernos. Hay dos escaleras que suben hacia el piso de arriba. En éste, puedo ver que hay muchas puertas, y una de ellas (la que esta enfrente de la entrada) es más grande, y está decorada. Miro hacia el techo, que es de cristal.
-Guau.- sólo puedo decir.
-Además tenemos ala este y ala oeste.- dice Gina, tras mí.
-¿Qué es este sitio?- pregunto.
-Este sitio es el Instituto de Nefilims o Ángeles Caídos. Aquí vivimos y estudiamos como usar nuestros poderes y a luchar contra demonios.- dice alguien que sale de una puerta.
Es un chico, bastante alto, castaño oscuro, y los ojos igual, oscuros. Le echaría unos diecisiete años. Lleva una camiseta de manga corta, así que se puede ver que tiene muchísimos zonks.
-Hola. Soy Darren.- dice, y se acerca sonriendo.
-Yo Abbie.- sonrío.
-Menos mal que has llegado. ¿Y el estúpido de tu mejor amigo?- dice Gina. Parece que al llegar aquí se ha vuelto más borde.
-Pues no sé. Estará con la... bruja.
Ambos resoplan.
-¿Quieres que te enseñe esto?- me pregunta Darren.
Yo asiento con la cabeza y él hace lo mismo.
Empieza a andar hacia las escaleras, y yo le sigo.
-Me has dicho que esto es un instituto. ¿Hay clases o algo así?- pregunto.
-Antes sí, pero ahora cada vez hay menos nefilims, así que ahora estudiamos por nuestra cuenta.
-Pero eso es más difícil. ¿Cómo lo hacéis sin la ayuda de un profesor?
-En serio, Abbie, somos ángeles caídos, pero ángeles. Tenemos los símbolos que nos sirven para todo. ¿Crees que necesitamos ayuda?- dice, riendo.
-Viéndolo por ese lado, no.- respondo, avergonzada.- Has dicho que cada vez hay menos nefilims. ¿Por qué?
-Supongo que ya sabes la historia de los ángeles.- yo asiento.- Nos expulsaron del cielo por rebelarnos. La gran mayoría de los ángeles caídos eran malos. A esos les conocemos como demonios. El término "ángel caído" engloba todos los ángeles expulsados de cielo, pero sin embargo había un grupo de estos ángeles que querían regresar, que esos somos nosotros, y como no queríamos ser como los demonios, utilizamos el término "nefilim". Bueno, nos dedicamos a salvar al mundo de los demonios más o menos todos los días. Casi todos los nefilims esperan que nos dejen regresar, pero yo llevo en esto desde los cinco años, en los que mis padres me abandonaron. Y en estos trece, casi catorce años, no he visto ni un solo milagro. No han ayudado a ninguno de nosotros.- alza la vista y mira al techo a través del cristal.- ¡Ni una sola ayudita! ¿Que pasaría si nos rebelásemos también, eh? ¿Quién mataría a los demonios?- dice, gritando al cristal y abriendo los brazos.- ¡Los nefilims no existiremos siempre!- baja la vista y me mira.- Sin embargo, no voy a dejar de cazar demonios, porque me encanta matar a esos... bichos.- me guiña el ojo.
Yo me quedo mirándole, y luego miro al techo. Bueno, a través de él se ve el cielo. ¿Estaría... retándoles?
-Ah, y respondiendo a tu pregunta.- dice, después de una eternidad- Algunos nefilims se pasan al "lado oscuro" y se unen a los demonios. No sé por qué. Otros mueren en el combate. No sólo existen demonios y ángeles. Hay engendros, vampiros, licántropos, brujos, y bueno, todo lo que te puedas imaginar. No soy un gran fan de estas cosas.
-¿Todas esas criaturas están contra... nosotros?- pregunto, abriendo los ojos.
-Con algunas, en concreto, tenemos alianzas.
Asiento con la cabeza y Darren me sigue enseñando en edificio, sin volver a alterarse. Por lo que me está contando, hay siente nefilims en el instituto.
Están Gina, Dylan y él, obviamente. También está Joseph, que es el más mayor, y está un poco ido ya. Luego está Jake, que es un chico de mi edad, que también acaba de llegar. Anna es la hermana de Darren, y tiene diesisiete. Por último está Noah. Darren le describe como "un chico creído, guaperas y que va de misterioso". Supongo que no puedo decir nada hasta que no le conozca.
Darren y yo vamos a ver a Joseph, que está en una grandísima biblioteca, leyendo en el escritorio central. Cuando nos acercamos, parece no inmutarse, pero al fin dice algo.
-Ya sabía que vendríais.
-Puede ver el futuro.- me susurra Darren.- Es un zonk que nunca hemos conseguido usar, sólo él.
-Ah..- susurro.
Joseph levanta la vista de su libro y me mira.
-Hola.- digo, nerviosa.
-Hola, Abbie.- dice él, y vuelve a mirar al libro.
Darren y yo le miramos, esperando, pero pasa una eternidad y él no dice nada.
-Joseph.- interrumpe Darren.
-¿Sí?
-Es una nefilim. ¿Por qué no dices nada?
-Si es una nefilim, que se quede. ¿Que quieres que diga?- responde el hombre.
Darren me mira y se encoge de hombros.
-Vamos a buscarte una habitación.- dice, me coge de la mano y sale de allí, arrastrándome.
-Pero Darren, yo tengo una casa, y una vida. ¿Como me voy a quedar aquí?- digo, y consigo soltarme.
Él abre la boca para responder, cuando se abre la puerta de entrada. Nos asomamos por la barandilla, y vemos que es una figura vestida de negro completamente.
-¿Quién es?- pregunto.
-Pues vamos a verlo.- dice él, y baja las escaleras corriendo. Yo le sigo.
Cuando veo quién es, el corazón se me para durante un segundo, de la felicidad que siento. Hace mucho que no hablamos, y quiero hacerlo ya.
-Hola.- dice Dylan, mientra limpia su espada con su sudadera, que está manchada de un líquido negro, probablemente sangre de alguna de esas criaturas. La verdad, ya no me sorprende.
-Hola.- dice Darren.- Gina ha traído a tu amiga.
Entonces Dylan se fija en mí, y sé que sonríe durante una milésima de segundo, pero luego vuelve ponerse serio.
-Mejor os dejo solos.- Darren nos mira, sonríe, y luego se esfuma.
-Hola.- digo, tímidamente.
-Hola...- dice él.
-Dylan, lo siento mucho. No debería haberte dicho nada de lo que te dije, sé que te traté muy mal cuando tú solo querías ayudarme. Lo siento...- añado, rápidamente.
-Tranquila. Está todo olvidado, supongo. Ya sabes todo, ¿verdad?
Yo asiento con la cabeza.
-Darren es un bocazas. ¿Ya sabes cual va a ser tu habitación? ¿Conoces a todos? Bueno, sólo somos siete pero...
-Dylan, no me puedo quedar.- le corto.- Tengo que volver a casa.
-¿Q..qué?- dice.- Acabas de llegar...
-Pero tengo una vida, aparte de esto.
-¿Y te gusta?
-Nunca he dicho que me guste. Tengo que volver.- repito.
-Pero... Abbie, nosotros... necesitamos tus poderes. Te necesitamos. Te necesito...- susurra.
-Lo siento.- digo, me muerdo el labio y abro la puerta (con el picaporte, porque yo no tengo esos aparatos)- Me pasaré por aquí, algún día. Adiós.
Salgo por la puerta y luego, por la verja. Me miro las manos y cierro los puños. Pienso con todas mis fuerzas en volver a casa, y cuando abro los ojos, me encuentro en mi habitación.
-Qué guay.- susurro para mí misma.
-Pero... mi padre murió en el bosque... no creo que se suicidara...
-Todavía no sé por qué lo hizo, pero sé que lo hizo. Lo siento.- dice, y me acaricia el brazo.
-Pues si no lo sabes tú...- suspiro, y miro al suelo.- Yo menos.
-Tiene algo que ver con todo este lío. Por lo que Dylan me ha contado, haces cosas especiales.
-Si te refieres a que puedo hacer cosas sobre naturales que nadie más puede hacer, sí, eso es raro. Supongo que tú también lo haces.
Ella ríe y asiente.
-Abbie, quiero llevarte a un sitio. Si me dejas.
-¿A dónde?
-¿Confías en mí?- dice, evitando mi pregunta.
-Bueno, al igual que Dylan, me transmites confianza.
-¡Pues vamos!- sonríe, me coge de la mano, y cuando abro los ojos me encuentro en la entrada de un gran edificio que está a las afueras de Nueva York.
-¿Qué es esto?- pregunto, soltando su mano.
Ella no me hace caso, pone un dedo sobre la cerradura, y uno de zonks se ilumina. La puerta se abre y entramos. Andamos por un camino, donde a los lados hay un jardín. Miro hacia el enorme edificio. Es muy bonito, pero parece triste. Eso al ojo de un humano. Para mí... tiene un brillo que es inolvidable.
-Hay varios zonks en funcionamiento. Es normal que veas el brillo.- me interrumpe Gina.- Lo siento, ya cancelo el poder de leer la mente.- dice sonriendo, y se pasa la mano sobre uno de sus símbolos, que pierde el brillo.
Cuando llegamos a la puerta, Gina saca de su bota una especie de bolígrafo, al que le pulsa un botón y una luz sale de él. Lo pone en la cerradura, y la puerta se abre con un chirrido.
Entramos y miro con curiosidad el interior. El vestíbulo es enorme. Tiene un estilo antiguo, pero se pueden ver algunos aparatos y elementos modernos. Hay dos escaleras que suben hacia el piso de arriba. En éste, puedo ver que hay muchas puertas, y una de ellas (la que esta enfrente de la entrada) es más grande, y está decorada. Miro hacia el techo, que es de cristal.
-Guau.- sólo puedo decir.
-Además tenemos ala este y ala oeste.- dice Gina, tras mí.
-¿Qué es este sitio?- pregunto.
-Este sitio es el Instituto de Nefilims o Ángeles Caídos. Aquí vivimos y estudiamos como usar nuestros poderes y a luchar contra demonios.- dice alguien que sale de una puerta.
Es un chico, bastante alto, castaño oscuro, y los ojos igual, oscuros. Le echaría unos diecisiete años. Lleva una camiseta de manga corta, así que se puede ver que tiene muchísimos zonks.
-Hola. Soy Darren.- dice, y se acerca sonriendo.
-Yo Abbie.- sonrío.
-Menos mal que has llegado. ¿Y el estúpido de tu mejor amigo?- dice Gina. Parece que al llegar aquí se ha vuelto más borde.
-Pues no sé. Estará con la... bruja.
Ambos resoplan.
-¿Quieres que te enseñe esto?- me pregunta Darren.
Yo asiento con la cabeza y él hace lo mismo.
Empieza a andar hacia las escaleras, y yo le sigo.
-Me has dicho que esto es un instituto. ¿Hay clases o algo así?- pregunto.
-Antes sí, pero ahora cada vez hay menos nefilims, así que ahora estudiamos por nuestra cuenta.
-Pero eso es más difícil. ¿Cómo lo hacéis sin la ayuda de un profesor?
-En serio, Abbie, somos ángeles caídos, pero ángeles. Tenemos los símbolos que nos sirven para todo. ¿Crees que necesitamos ayuda?- dice, riendo.
-Viéndolo por ese lado, no.- respondo, avergonzada.- Has dicho que cada vez hay menos nefilims. ¿Por qué?
-Supongo que ya sabes la historia de los ángeles.- yo asiento.- Nos expulsaron del cielo por rebelarnos. La gran mayoría de los ángeles caídos eran malos. A esos les conocemos como demonios. El término "ángel caído" engloba todos los ángeles expulsados de cielo, pero sin embargo había un grupo de estos ángeles que querían regresar, que esos somos nosotros, y como no queríamos ser como los demonios, utilizamos el término "nefilim". Bueno, nos dedicamos a salvar al mundo de los demonios más o menos todos los días. Casi todos los nefilims esperan que nos dejen regresar, pero yo llevo en esto desde los cinco años, en los que mis padres me abandonaron. Y en estos trece, casi catorce años, no he visto ni un solo milagro. No han ayudado a ninguno de nosotros.- alza la vista y mira al techo a través del cristal.- ¡Ni una sola ayudita! ¿Que pasaría si nos rebelásemos también, eh? ¿Quién mataría a los demonios?- dice, gritando al cristal y abriendo los brazos.- ¡Los nefilims no existiremos siempre!- baja la vista y me mira.- Sin embargo, no voy a dejar de cazar demonios, porque me encanta matar a esos... bichos.- me guiña el ojo.
Yo me quedo mirándole, y luego miro al techo. Bueno, a través de él se ve el cielo. ¿Estaría... retándoles?
-Ah, y respondiendo a tu pregunta.- dice, después de una eternidad- Algunos nefilims se pasan al "lado oscuro" y se unen a los demonios. No sé por qué. Otros mueren en el combate. No sólo existen demonios y ángeles. Hay engendros, vampiros, licántropos, brujos, y bueno, todo lo que te puedas imaginar. No soy un gran fan de estas cosas.
-¿Todas esas criaturas están contra... nosotros?- pregunto, abriendo los ojos.
-Con algunas, en concreto, tenemos alianzas.
Asiento con la cabeza y Darren me sigue enseñando en edificio, sin volver a alterarse. Por lo que me está contando, hay siente nefilims en el instituto.
Están Gina, Dylan y él, obviamente. También está Joseph, que es el más mayor, y está un poco ido ya. Luego está Jake, que es un chico de mi edad, que también acaba de llegar. Anna es la hermana de Darren, y tiene diesisiete. Por último está Noah. Darren le describe como "un chico creído, guaperas y que va de misterioso". Supongo que no puedo decir nada hasta que no le conozca.
Darren y yo vamos a ver a Joseph, que está en una grandísima biblioteca, leyendo en el escritorio central. Cuando nos acercamos, parece no inmutarse, pero al fin dice algo.
-Ya sabía que vendríais.
-Puede ver el futuro.- me susurra Darren.- Es un zonk que nunca hemos conseguido usar, sólo él.
-Ah..- susurro.
Joseph levanta la vista de su libro y me mira.
-Hola.- digo, nerviosa.
-Hola, Abbie.- dice él, y vuelve a mirar al libro.
Darren y yo le miramos, esperando, pero pasa una eternidad y él no dice nada.
-Joseph.- interrumpe Darren.
-¿Sí?
-Es una nefilim. ¿Por qué no dices nada?
-Si es una nefilim, que se quede. ¿Que quieres que diga?- responde el hombre.
Darren me mira y se encoge de hombros.
-Vamos a buscarte una habitación.- dice, me coge de la mano y sale de allí, arrastrándome.
-Pero Darren, yo tengo una casa, y una vida. ¿Como me voy a quedar aquí?- digo, y consigo soltarme.
Él abre la boca para responder, cuando se abre la puerta de entrada. Nos asomamos por la barandilla, y vemos que es una figura vestida de negro completamente.
-¿Quién es?- pregunto.
-Pues vamos a verlo.- dice él, y baja las escaleras corriendo. Yo le sigo.
Cuando veo quién es, el corazón se me para durante un segundo, de la felicidad que siento. Hace mucho que no hablamos, y quiero hacerlo ya.
-Hola.- dice Dylan, mientra limpia su espada con su sudadera, que está manchada de un líquido negro, probablemente sangre de alguna de esas criaturas. La verdad, ya no me sorprende.
-Hola.- dice Darren.- Gina ha traído a tu amiga.
Entonces Dylan se fija en mí, y sé que sonríe durante una milésima de segundo, pero luego vuelve ponerse serio.
-Mejor os dejo solos.- Darren nos mira, sonríe, y luego se esfuma.
-Hola.- digo, tímidamente.
-Hola...- dice él.
-Dylan, lo siento mucho. No debería haberte dicho nada de lo que te dije, sé que te traté muy mal cuando tú solo querías ayudarme. Lo siento...- añado, rápidamente.
-Tranquila. Está todo olvidado, supongo. Ya sabes todo, ¿verdad?
Yo asiento con la cabeza.
-Darren es un bocazas. ¿Ya sabes cual va a ser tu habitación? ¿Conoces a todos? Bueno, sólo somos siete pero...
-Dylan, no me puedo quedar.- le corto.- Tengo que volver a casa.
-¿Q..qué?- dice.- Acabas de llegar...
-Pero tengo una vida, aparte de esto.
-¿Y te gusta?
-Nunca he dicho que me guste. Tengo que volver.- repito.
-Pero... Abbie, nosotros... necesitamos tus poderes. Te necesitamos. Te necesito...- susurra.
-Lo siento.- digo, me muerdo el labio y abro la puerta (con el picaporte, porque yo no tengo esos aparatos)- Me pasaré por aquí, algún día. Adiós.
Salgo por la puerta y luego, por la verja. Me miro las manos y cierro los puños. Pienso con todas mis fuerzas en volver a casa, y cuando abro los ojos, me encuentro en mi habitación.
-Qué guay.- susurro para mí misma.
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