miércoles, 28 de mayo de 2014

Capítulo 8.

Cuando abro los ojos, veo a Dylan sobre mí. Ruedo, asustada, hacia la derecha.
-¿Qué haces?- grito.
-¿Qué haces tú? ¿Eres tonta?- responde alterado, en el mismo tono.- ¿Cómo te atreves a abrir... eso aquí?
Se levanta de golpe y corre hacia el agujero. Acerca las manos a él sin llegar a tocarlo. Comienza a recitar unas palabras en un idioma que desconozco, pero que, sin embargo, me suena.
El agujero va cerrándose poco a poco. Cuando ya no queda nada de él, Dylan se gira hacia mí.
-¿Cómo has hecho eso?- pregunta suavemente.
-Yo... no lo sé...- me miro las manos, pero ya no hay ni rastro de las líneas abstractas que había antes.
-¿Y por qué lo haces aquí? ¿Acaso no te advirtió tu madre de lo que te podía haber pasado?- pregunta, volviéndose a alterar.
-Oye, no me grites, ¿quieres? ¿Por qué has entrado en mi casa? Voy a llamar a la policía y les voy a contar todo.
-La policía no siempre puede ayudar, y de esto no se puede enterar nadie. Ven conmigo.
-No pienso irme de aquí hasta que no me expliques lo que ha pasado.- respondo, y me siento en el sofá.
-Abbie, no me obligues a hacerlo a la fuerza.
-Prueba.- le tiento.
-Está bien.
Se acerca a mi y me coge de la mano, pero no intenta levantarme. Simplemente me la coge y desaparecemos del salón de mi casa.

Cuando vuelvo a abrir los ojos, todavía siento en contacto de la mano de Dylan con la mía. Rápidamente la suelto.
-¿Dónde estamos?- pregunto, mirando a mi alrededor.
Me veo en una de las sucias calles de los barrios pobres de Nueva York. Miro hacia el horizonte, donde veo los altos edificios.
-¿Cómo has cruzado la ciudad en tan poco tiempo?
-Pronto lo sabrás. Ven.
Empieza a subir las escaleras de una de las viejas casas que hay.
-¿Quién vive ahí?- pregunto.
-¿Quieres dejar de preguntar de una vez? Hablas mucho.- dice, llamando a la puerta.- ¡Stephanie! Stephanie soy yo. Ábreme.
Respiro hondo y me pongo a su lado. Oigo varios cerrojos desde dentro abriéndose.
Cuando, finalmente, la puerta se abre, veo tras ella a una mujer bastante mayor, con el pelo blanco y bajita.
-¿Quién es ella?- pregunta, mirándome
-Es Abbie.- responde él.
-Está bien.- Stephanie se aparta de la puerta, y Dylan pasa. Yo le sigo.
La casa es de espacios reducidos. Hay cortinas de colores colgadas por toda la habitación. Una vieja estantería que está enfrente de la puerta, soporta muchos libros, y, en otro estante, hay varios botes con sustancias de colores.
-¿Por qué me has traído aquí?- pregunto a Dylan.
-Ella te va a ayudar.- responde, y me indica que me siente en una silla. Yo hago caso.
La mujer se sienta enfrente de mí y me sonríe.
-Muy bien, querida. Debes de ser especial. Dylan no suele traer muchas chicas.
-Stephanie.- replica él, molesto.
La mujer me mira las manos y se pone seria.
-Oh, sí. Claro que eres especial... Dylan, ¿que ha pasado?
-Abrió un lightwigg en su casa. La saqué a tiempo.
-¿Miraste sus manos?
-Sí. Vi varias alegorías, pero eran distintas. Nunca las había visto en mis clases.
-Pero ya no las tiene.- responde ella.
-Bueno, ya vale. ¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué me has traído aquí, Dylan?- interrumpo.
-Ella te puede ayudar, Abbie.- repite.
-¿Cómo lo sabes?
-Es una bruja.
Noto como una carcajada sale de mi boca.
-Vale, yo me voy de aquí.- digo, riendo.- Estáis locos.- me levanto y cojo mi chaqueta.
-No te vayas...- dice él.
-¿Cómo que no me vaya? Osea, quieres que seamos amigos, luego desapareces, y ahora esto. Adiós.- abro todos los pestillos de la puerta y me dispongo a abrirla, pero una fuerza hace que la cierre.
Cuando me giro, veo a Dylan con las manos extendidas hacia mí, y con las mismas líneas abstractas en las palmas que yo.
Apoyo la espalda en la puerta y me siento en el suelo.
-¿Qué está pasando?- pregunto, susurrando.
Dylan se acerca a mi y me alza la cabeza.
-¿Me crees ya? Podemos ayudarte.
Asiento con la cabeza, y él me ofrece la mano. Yo la acepto y él me ayuda a levantarme.
Cuando nuestras manos se juntan, siento un calambre, y después una energía muy agradable, pero cuando me la suelta, se lleva la energía con él.
Me vuelvo a sentar en la silla, enfrente de Stephanie.
-Dame la mano.- dice.
Yo pongo una mano con la palma hacia arriba en la mesa. Ella me la coge y pasa su mano sobre la mía.
Esas líneas aparecen de nuevo, pero no tienen el brillo azul de antes.
-¿Por qué nos salen estas cosas?- pregunto, miro a Stephanie, y luego a Dylan.
-Se llaman alegorías. Son... acumulaciones de magia...
La mujer iba a terminar la frase, cuando suena un ruido en la puerta.
Ambos se giran hacia ella, luego se miran entre ellos.
-Vete.- me dice la bruja, mirándome.
-¿Qué? ¿Qué pasa?
-Vete.- repite, y abre la puerta de atrás.
Miro a Dylan, que se acerca a mi y me dice susurrando:
-Mañana hablamos en el instituto.
Asiento y salgo de allí.
Cuando estoy en la calle, oigo gritos dentro de la casa. Distingo la voz de Stephanie, y después de Dylan.
Mi parte altruista me dice que entre a ayudarles, pero yo también tengo parte egoísta, y es el instinto.
Salgo corriendo y me alejo lo que más puedo de allí. Cuando me quiero dar cuenta, estoy en una zona de la ciudad que desconozco.
No hay mucha gente, pero al fin consigo encontrar un taxi que me lleva de vuelta a casa.
Mi madre no ha vuelto.

A la mañana siguiente, me despierto con el despertador y me ducho. Me visto y bajo las escaleras. Mi madre no está, pero lo normal es que ya se haya ido y que hubiese llegado por la noche y yo no la hubiese visto, ya que me dormí pronto. Anoche estaba asustada.
Todos los recuerdos vuelven a mi mente. Cierro los ojos y respiro hondo. No paro de recordarme a mí misma que es solo un sueño, pero sé que no es verdad.
Cuando reviso los mensaje del móvil, veo que Ethan se ha ofrecido a venir a buscarme para ir juntos al instituto.
Me parece genial, ya que tengo que hablar con alguien sobre esto (alguien “normal”, no Dylan) y lo que menos necesito ahora es estar sola.
Cuando pasan veinte minutos, suena el timbre y me acerco a abrir.
-Hola.- digo con una sonrisa tímida.
-Buenos días. Ayer te mandé varios mensajes, pero no respondiste.
-Los he visto esta mañana...
-¿Qué te pasó?- pregunta.
-Pues... bueno, estaba con un amigo...
A Ethan se le borra la sonrisa, y me mira seriamente.
-Bueno... ¿nos vamos?- digo, cogiendo la mochila.
-Claro, vámonos. ¿Quién es ese amigo tuyo?- empieza a andar.
-Bueno, es un chico nuevo del instituto, no creo que le conozcas.
Asiente con la cabeza, y seguimos andando en silencio.
-¿Qué te parece si quedamos esta tarde?- pregunta.
-Me parece genial. ¿A que hora, y dónde?
-Te paso a buscar a tu casa a las cinco y media. ¿Vale?
-Vale.
Cuando llegamos al instituto, Ethan me sonríe y se va a su clase. Llego a la mía y me siento en el sitio de siempre, atrás del todo.
-Buenos días.
Levanto la vista, y veo a Dylan sentándose, pero antes de que lo haga, le cojo de la mano y le acerco a mi mesa.
-Explícame lo de ayer.- le susurro.
-Aquí y ahora no.- responde, mirando a su alrededor.
-Oh, claro que me lo vas a explicar aquí y ahora. ¿Qué me pasa, por qué hago eso? Dijiste que ella me ayudaría, pero me echó. ¿Por qué lo hizo?
-Sólo una pregunta.- dice, simplemente, sombrío.
Esas tres palabras me hacen volver a días atrás, en el baile. Sí, el chico extraño, él me lo dijo. Entonces... ¿Dylan es...? No, no puede ser. No lo recuerdo bien, supongo que el golpe fue muy fuerte. Pero el chico del baile me transmitió la sensación que me transmite Dylan.
-Tú.- digo.
-Luego te lo explico. Todo lo que pueda. Lo siento.
-Más te vale.
Cuando suena el timbre del recreo, Dylan me espera apoyado en la puerta. Llego hasta él y empezamos a andar.
Salimos y nos sentamos en el césped.
-Empieza.- digo seriamente.
-Bien...- Dylan mira hacia un grupo de chicos.- Lo siento, ahora no puedo...- dice en tono de culpa, sin mirarme.
-Venga ya.- respondo, y me levanto enfadada. Él hace lo mismo.
-Lo siento...- dice, y me abraza.
-¿Qué hac...?
-No hagas nada raro. No abras agujeros ni nada de eso. ¿Me oyes?- susurra, escondiendo los labios entre mi pelo.- No preguntes.- se separa y me mira serio.
-Vale...- digo.
Él asiente con la cabeza enérgicamente y se va andando hacia el grupo de chicos al que miraba.
Se miran entre ellos, y el que parece el líder del grupo asiente con la cabeza. Dylan hace lo mismo, y todos se van, hasta que ya no puedo verles, porque les oculta un edificio.

Voy caminando hacia allí, y me escondo tras un muro, pero llego a ver lo que está ocurriendo.

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