miércoles, 28 de mayo de 2014

Capítulo 9.

Dylan y el líder del grupo se miran fijamente, se encuentran uno frente a otro. Los demás parecen respetar el espacio de ambos, porque están todos alejados.
-Espero que seas bueno.- dice el chico.
-Oh, tranquilo, lo soy.- responde Dylan.
Entonces veo que mete la mano derecha en la manga izquierda de su sudadera, y saca algo muy brillante, y tan largo como mi brazo.
Es un cuchillo.
Abro mucho los ojos, y me dispongo a irme, pero el chico ríe sarcasticamente y coge otro cuchillo que tenía oculto en una de sus botas, y otro de la otra.
Dylan sonríe y es el que ataca primero. Da un golpe seco en la tripa del chico, y este cae al suelo. Mi amigo pone el pie encima del pecho de él.
-¿No me digas que es tan fácil?
-Todavía no hemos terminado.- responde.
El chico le coge del pie y le tira al suelo. Apoya uno de sus cuchillos en el pecho de Dylan, y mira a una de las chicas que hay tras él. Ésta corre hacia ellos, y sujeta la frente de Dylan, echando su cabeza hacia atrás. El chico de los dos cuchillos acerca el filo del arma libre al cuello de Dylan, y lo mueve suavemente, llegando a dejarle sólo unos raspuños.
-No me esperaba esto de ti, Bran. ¿En serio te has vuelto tan débil? Yo me esperaba algo más... interesante.
-No me llames Bran.- dice Dylan, furioso, e intenta darle una patada, pero el chico le tiene sujeto. Al fin consigue volver a mostrarse tranquilo.- Vamos, Lucca, tú y tus... bichos... nunca sabréis lo que podemos llegar a hacer.
¿Podemos? ¿Él y quién más?
En cuanto Dylan dice podemos, una figura sale de la nada. Una figura femenina.
-Aquí estoy.- dice ella, y con un chasquido de dedos, algo en su mano se ilumina, y aparece una espada con unos símbolos en la hoja.
Dylan aprovecha que Lucca está mirando a la chica que acaba de llegar para pegarle una patada en la tripa, y éste se aparta.
El chico se levanta del suelo y se acerca a la recién llegada.
-Ya empezaba a dudar de que fueras a venir a ayudarme.- dice con una sonrisa, y se ponen espalda contra espalda.
-Vamos, ¿acaso te he dejado alguna vez?
-No.- ríe él.
Lucca está sentado en el suelo, con una mano en la tripa, y con la otra señala a la chica y a Dylan.
La gente de su grupo empieza a incorporarse. Son unos quince, pero van llegando más. ¿De dónde salen?
Primero uno, luego otro, y luego otro. Se van acercando a los dos chicos, que les derriban, no sin esfuerzo.
Cada vez hay más, y empiezo a dudar de que Dylan y su amiguita consigan derribarlos. Entonces uno del gran grupo inmoviliza a la chica, y con una mano, y sin tocarle, levanta a Dylan por el cuello. Es como si una fuerza que controla fácilmente con las manos le levantase, y creo que es así.
Me tapo la boca con las manos para reprimir un grito. Luego separo las manos de mi cara y las miro. Ya sé que Dylan me dijo que no hiciera nada raro, pero supongo que quitaría esa norma si es para ayudarle a él.
Me concentro en el poder y cierro los ojos. Siento que van apareciendo las líneas de mis manos, cuando una voz me interrumpe.
-¿Abbie? ¿Qué haces?
Me sobresalto y, del susto, empujo un cubo de basura de metal, haciendo más ruido del que debería.
Todos los de pelea dejan de hacer lo que hacían y me miran. El hombre que sujetaba a Dylan y a la chica les suelta.
Yo me quedo mirándoles con los ojos muy abiertos.
-Sólo por esta vez, Bran. Por ella.- me mira, y todos los del grupo de van por donde han llegado.
Dylan (o Bran) se me queda mirando, y luego mira a su compañera. Corre a ayudarla, ya que está sentada en el suelo, con la mano en la cabeza. Cuando el hombre la soltó debió darse un golpe.
-¿Qué estás mirando?- dice otra vez la voz detrás de mí.- ¿Hola?
Dylan coloca su dedo indice sobre sus labios, indicándome que me calle, y luego un gesto diciéndome que me vaya, y él se esfuma con su amiga, literalmente.
Entonces me giro y le saludo.
-¿Has visto eso?- digo, y sueno preocupada.
-¿Visto el qué?- pregunta Ethan.
-Pues eso. Toda... la pelea...- digo, y por la cara que pone él, sé que debo estar pálida.
-¿Qué pelea? Ahí no hay nadie.
-Ya, claro, ahora no, ya se han ido. Pero antes sí, y cuando has llegado estaban.
-¿Te encuentras bien?- dice, y me coge del brazo suavemente.
-Sí, si me encuentro bien. ¿No lo has visto?
-No.
-¿Qué?
-Vamos, ya va a sonar la campana. A lo mejor las matemáticas te aclaran la mente...- dice, de broma, pero yo no me río.
-¿Estás insinuando que miento?- digo, seria.
-No, no, estoy insinuando que... no sé, te lo has podido imaginar.
Decido morderme la lengua, para seguir las órdenes de Dylan.

Al fin se terminan las clases, y Dylan no ha ido a ninguna. Cuando salgo de clase, veo que Ethan me está esperando. No coincidimos en ninguna clase, porque él es un año mayor.
Volvemos a casa juntos, y cuando llegamos a mi casa, nos paramos en la puerta.
-Bueno, entonces nos vemos dentro de un par de horas.- sonríe.
-Hasta dentro de un par de horas.
-Descansa.
-Ethan, estoy bien.- resoplo.
-Eso espero.- dice, y se va.
Entro en casa, saludo, pero mi madre no está. Hace casi dos días que no la veo. ¿Es esto lo que pasa cuando empiezas a “tener” amigos? Bueno, la dejo un mensaje de que esta tarde me voy con un amigo, pero no la llega. Me encojo de hombros y preparo la comida.
Me siento a comer mientras escucho un poco de música. Cuando termino subo a mi habitación, me ducho y me visto. Me peino un poco, para estar más o menos presentable. Me miro al espejo y me sonrío.
Bueno, ahora no hay nadie para impedírmelo.
Abro las palmas de las manos y me concentro todo lo que puedo en ellas. Las dirijo hacia una pared que tengo con algunos pósters. Un rayo de luz sale de mis palmas y choca contra un espejito. El choque hace que el rayo rebote , y me da de lleno en el pecho. Pienso en que me va a hacer daño, pero sin embargo, me siento con ganas de hacer... algo atrevido, un acto valiente.
Como si fuese por un impulso, me acerco a la ventana y la abro. Saco una pierna, luego la otra, hasta quedar sentada en la repisa. Sólo entonces me paro a pensarlo, en que es un acto suicida. Abro mucho los ojos y vuelvo a entrar.
¿Qué acababa de pasar?
Es entonces cuando el timbre suena abajo. Me peino un poco y bajo. Abro la puerta y sonrío a Ethan.
-Buenas.- digo.
-Hola.- dice, sonriendo.- ¿Nos vamos?
-Sí, claro.- cojo las llaves y cierro la puerta.- ¿A dónde vamos?
-Bueno, no había pensado en nada especial. Tal vez al parque, no sé.
-Vale, tengo que despejarme la mente.

Por suerte, el chico no me ha oído y sigue andando.
Llegamos al parque y nos sentamos en un banco. Charlamos tranquilamente, hasta que alguien pone su mano en mi hombro. Me giro, y cuando veo la sonrisa de Dylan me estremezco.
-Siento molestar.- dice.
-¿Quién eres?- pregunta Ethan, pero nadie responde a su pregunta.
-Abbie, tenemos que hablar.
-¿Ahora?- digo yo.
-Ahora. ¿Interrumpo algo muy importante?
-Enseguida vuelvo, Ethan.- me levanto y empiezo a andar junto a Dylan.- Eres un asesino.- digo.
-¿Asesino? ¿Yo?- dice, riendo.
-Has matado a varios chicos. Lo he visto.- me giro y le miro.
-Ellos me querían matar a mi. No lo entiendes.
-Pero no te han matado. ¿Por qué estoy hablando contigo?
-Porque quieres hablar conmigo, y lo sabes.- dice, y se para.
Miro al chico durante un rato. Un mechón de su pelo rubio le cae por la cara, pero se lo aparta. Entonces le miro a sus ojos castaños, y luego miro a nuestros pies. Me saca, al menos, una cabeza. Las gafas que llevaba el día del baile han desaparecido. 
Dylan es el típico chico que quieren todas las chicas, pero sin embargo no me quito de la cabeza la forma de la que ha matado a esos chicos.
-Sé quién soy. Y no quiero hablar contigo.- digo, bruscamente, y empiezo a andar hacia Ethan de nuevo.
-No sabes... lo que eres. Y lo que supones para... nosotros.
Le miro, sorprendida.
-Déjame en paz.
-Muy bien, pues vuelve con tu novio.- dice, evidentemente molesto.
-No es mi novio.
Me siento junto a Ethan, y le hago un gesto a Dylan para que se vaya. Sin embargo, antes de que se dé la vuelta y se aleje, mira a Ethan fijamente.
-Tú verás. Yo te dejo en paz, cuando encuentres los problemas, no espero que acudas a mí.
-¿Quién es? ¿Me vas a responder?
-Es Dylan. Bueno, espero no tener que hablar más con él.
-Es raro.
-Es como yo.- no sé porqué, pero ese comentario me molesta.- ¿Yo también lo soy?- le miro a los ojos seriamente.
-Bueno... si me miras así... eres diferente. Eres una mente independiente.
-Te perdono la vida.- digo bromeando, y me siento a su lado, tal vez demasiando cerca.
Antes de que Ethan se acerque y me bese, veo que Dylan está apoyado en un árbol, negando con la cabeza, y luego desaparece.

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