jueves, 3 de julio de 2014

Capítulo 19.

Me apoyo en la pared que hay frente de la puerta que da a la sala de entrenamiento, esperando a que esta se abra. Pero llevo aquí esperando ya veinte minutos, y no pasa nada. Resoplo, y me siento en el suelo. ¿Que estarán haciendo?
Decido llamar suavemente a la puerta, para no hacer demasiado ruido, pero nadie me abre.
-Me rindo.- digo para mí misma.
Empiezo a andar por el pasillo hasta llegar al vestíbulo, que es como el punto central del edificio. Allí es donde se produce el encuentro entre demonios, donde están las cajas que mantienen a salvo las pertenencias de éstos, los archivos de todos... y de las misiones. Que es lo que me interesa.
Camino entre todos los demonios; no sólo los hay con forma humana, sino también con forma animal, o simplemente deformes. Otros son mezclas.
Me acerco a la enorme pared que está llena de cajones. Sé que ahí está el archivo  que estoy buscando. 
Primero, miro en los cajones de más abajo, y descubro que están ordenados alfabéticamente. Pienso durante unos segundos, y al final decido subir las escaleras. Sí, tiene que estar en algún lado.
El archivo de mi madre.
Estoy segura de que ellos la tienen, y quiero saber dónde y cómo la están tratando. Porque si está en malas manos... bueno, no dudaré en provocar una rebelión. Si puedo, tampoco soy muy revolucionaria.
Arrugo la nariz y sigo buscando. 
-¿Qué haces aquí?- oigo una voz detrás, y me giro.
Lucca me está mirando, con una media sonrisa. Va vestido como un humano, con una camisa de cuadros negra y blanca y unos vaqueros; cosa algo rara, ya que estoy acostumbrada a verle con túnica.
-Nada. Buscaba... mi expediente.- miento.
-Vas mal.- ríe- Va por orden alfabético, y tú nombre es Abbigail, lo cual está en la A. Y tú estás en la N- entonces se acerca a mí, y me susurra al oído-. Además, te conozco lo suficiente como para saber que mientes.
Me estremezco y me separo.
-¿Qué buscabas?- pregunta, esta vez con una sonrisa completa. Suspiro y bajo la vista.
-Quería ver si hay alguna misión o expediente de mi madre.
Lucca se pasa la mano por la cara y borra la sonrisa.
-Escucha, Abbigail, no debes saber eso.
Noto como se me humedecen los ojos, asiento con la cabeza y empiezo a bajar las escaleras.
-Sin embargo...- añade él-. Puedo ayudarte.
Alzo la vista y me giro hacia él. Le abrazo, pero en seguida me separo, y le miro a los ojos.
-Pero... no debes hacerlo. Lo considerarían rebelión. Lo leí en la biblioteca y...
-Da igual.- me interrumpe-. Todos somos un poco rebeldes. La vida es mejor si rompemos las reglas. ¿O es que nunca lo has hecho?
Niego con la cabeza, y Lucca suspira con una sonrisa.
-Sígueme. Estabas buscando bien.
Se acerca a los cajones y busca en el apartado de la N.
-Mmm... Aquí.- murmura, hasta que abre un cajón.- Natalie. El apartado de tu madre.
Me acerco más y miro por encima de su hombro. Veo lo que pone en la portada. <<Natalie Carrington>>.
Le arrebato la carpeta a Lucca de las manos, que la estaba sacando.
-Paciencia, pequeño saltamontes-. dice.
Estoy apunto de abrirlo, cuando oímos la notificación de la enorme pantalla que hay, que significa que uno de los superiores va a mandar un mensaje. 
-Será mejor que te vayas-. susurra él.
-¿Qué? ¡Tengo que leerlo!
-Llévatelo. 
Entonces desabrocha mi chaqueta y esconde la carpeta bajo ella. Vuelve a abrocharla y se separa de mí.
-Vete a tu habitación.- me ordena.
Asiento y salgo corriendo, intentando ser lo más discreta posible.
En mi huida, me choco con Bran, quién me pregunta que por qué tengo tanta prisa.
-Corre, ven conmigo.- le cojo de la mano y sigo corriendo.
-¿A dónde vamos?- pregunta, sofocado, tras varios pasillos recorridos.
-A mi habitación.
Llego a la puerta de esta y saco la llave. La abro y entro, esperando a que él entre.
-Vaya.- murmura-. Qué... cuántos libros.
-Lo sé.- digo, cerrando la puerta tras él-. Bueno, estudio bastante. Ya que dejé el instituto... bueno, tendré que retomarlo.
-¿Qué pensarán tus amigos?
-Yo no tenía amigos.- me encojo de hombros.
-Ups.
Río y me siento en la cama. Bran se sienta a mi lado. 
Me abro la chaqueta, y veo por el rabillo que él alza las cejas y se sonroja. Suelto una carcajada para mí misma y saco la carpeta. La dejo sobre la cama y vuelvo a cerrar la cremallera.
Me tumbo boca abajo, para estar más cómoda.
-Natalie Carrington... esa es...- empieza a decir Bran.
-Mi madre.- corto, con una sonrisa triste.
Abro la carpeta, con manos temblorosas, y espero encontrarme toda su historia. Pero no está.
Sólo hay dos fichas; una con sus datos, y la otra con... la misión.
Comienzo a leer, y cuando acabo, miro a Bran.
-¿Pasa algo?- pregunta.
-Espero que quieras acompañarme a la búsqueda de mi madre.- digo yo, con una sonrisa.

-...no son capaces de hacer hechizos...
Abro los ojos bruscamente. Todo ha sido un sueño. Todo. Suspiro, aliviada.
Miro a la derecha, y a la izquierda, pero estoy sola. Me levanto de un salto, cojo mis armas y empiezo a andar en busca de los chicos. Ya empiezan a verse los primeros rayos de sol de la mañana. Deben de ser las seis.
Voy caminando, pensando en mi sueño. Todavía no puedo olvidarlo... Entonces noto un suave movimiento en los arbustos, pero es suficiente para ponerme alerta. Ya tengo la espada en alto, cuando veo a Noah saliendo de éstos. Suspiro, aliviada de que sea él, y bajo el arma.
-Noah-. suspiro, y le rodeo el cuello con los brazos. Siento cómo él me abraza.
-Lo siento. Había salido a buscar a Darren. Lleva toda la noche fuera, ¿sabes?
Abro mucho los ojos. ¿Toda la noche fuera...? Niego con la cabeza. Prefiero hablar con el propio Darren.
Miro a Noah, que me observa detenidamente.
-Bueno... yo... voy a buscarle...- digo, incómoda.
Él asiente, con rostro inexpresivo, y salgo corriendo. Intento llegar hasta el lugar donde nos encontramos anoche Darren y yo, pero no lo encuentro.
-¿Darren?- digo, susurrando.
Pero no obtengo respuesta.
-¡Darren!-repito, subiendo el tono de voz.
Oigo un susurro a mis espaldas, y no dudo en girarme.
-¿Darren, eres tú? ¿Noah?
Vuelvo a escuchar el susurro, y esta segunda vez me fijo en que dice cosas incoherentes. Aunque...
Alzo las manos hacia el lugar de donde proviene la voz, o más bien, el siseo, dispuesta a atacar.
Cuando estoy empezando a unir hilos y las palabras van adquiriendo sentido, otra voz me interrumpe.
-¿Qué estás haciendo?
Me giro de golpe y veo a Darren limpiando el filo de su espada con la manga de la camisa, un líquido azul oscuro, casi negro.
-Nada. ¿Qué es eso?
-Ah, no es nada. Oye, respecto a lo de anoche... yo...- empieza a decir.
-Entonces no fue un sueño.- susurro- Darren, tranquilo. Ese beso no significó nada, ya está olvidado. No va a afectar a nada.- digo con una sonrisa.
-El caso es que yo si quería que afectase a algo.- responde, apartando la mirada.
Darren se gira bruscamente.
-Dile a Noah que se vaya preparando. Tengo una ligera idea sobre cómo podemos recuperar el edificio.
Me acerco a él, y me dispongo a acariciarle el hombro, pero mi mano se para a unos milímetros de su hombro. Asiento con la cabeza y corro hacia el descampado.
-Noah, nos vamos. Darren dice que cree saber cómo recuperar el Instituto.