sábado, 31 de mayo de 2014

Capítulo 10.

Han pasado varias semanas desde la tarde del parque. Aquella misma tarde, Ethan me dijo que me quería mucho. La verdad es que no tenía mucha experiencia con chicos, así que le dije que yo también. No quería herir sus sentimientos.
Mi madre me envió un mensaje diciendo que se había ido de viaje de negocios, así que dejé de preocuparme por ella.
Suelo ver a Dylan todos los días, pero no nos decimos nada. Simplemente nos miramos a los ojos por accidente, pero apartamos la mirada. Supongo que el orgullo nos puede a los dos. Sigo teniendo mucha curiosidad sobre mi "cualidad", pero le dije que no quería saberlo, así que me tengo que aguantar.
Sin embargo, esta tarde, estando sentada en la parada de autobús, esperando para ir al centro comercial, no lo aguanto más. Tengo que saber más sobre aquella pelea que vi.
No puedo hablar con Dylan, y no la debo de caer muy bien a Stephanie, porque me echó de su casa.
-Hola.- dice una voz femenina tras mí.
Me doy la vuelta, y miro sorprendida a la amiga de Dylan, a la que el hombre alzó sin tocarla. Lleva el largo pelo castaño oscuro recogido en una coleta, y me mira con sus ojos azules, esperando respuesta. Desde luego, a su lado soy horrible.
-Hola.
Ella se sienta a mi lado.
-¿Conoces a Dylan?- decimos a la vez, y luego nos miramos.
-Tú primero.- dice.
-Sí. Bueno, discutimos hace semanas, pero somos... eh... éramos amigos. ¿Y tú?
-Sí. Abbie, estoy aquí para resolver tus preguntas. Me llamo Gina.
-¿Tú también puedes...?
-Claro, me vistes pelear junto a Bra... Dylan. ¿Verdad?- pregunta.
-Verdad.- respondo.- ¿Cómo sabes mi nombre?
Ella ríe.
-Sé mucho sobre ti. Dylan no para de hablar sobre ti.
Noto como me pongo roja.
-¿Tú de qué le conoces? ¿Es tu novio?
-No, es sólo un amigo.- ríe.
-Ups.
-Vamos a hablar. Sé que lo necesitas.
-¿Cómo lo sabes?
-Esto me ayuda.- se levanta la manga de su camisa de cuadros azul, dejando al descubierto su brazo. Tiene varios tatuajes... pero cuando me fijo son como esas líneas que me salen a mi.- Se llaman zonks. Son símbolos que te pueden servir para muchas cosas. Depende de tu intensidad de poder, pueden ser de una forma u otra. Si estás pensando en leer pensamientos, que es lo que yo quería, el zonk se activa y el poder en el que pensabas surge. ¿Entiendes?
-Sí, pero... ¿por qué a mi me pasa eso? ¿Le pasa a todo el mundo?
-No, claro que no. Tu madre no te contó nada...
-¿Ah?
-Digamos, que tanto tú, como yo, como Dylan... no somos humanos. Somos ángeles caídos. Nefilims, en términos modernos.
-Pe...pero... ¿mi madre lo sabe?
-Claro, ella también lo es.
-¿Ella es un ángel caído también? ¿O mi padre lo era?
-Tu padre se suicidó cuando lo supo.
Abro mucho los ojos.
-Pero... mi padre murió en el bosque... no creo que se suicidara...
-Todavía no sé por qué lo hizo, pero sé que lo hizo. Lo siento.- dice, y me acaricia el brazo.
-Pues si no lo sabes tú...- suspiro, y miro al suelo.- Yo menos.
-Tiene algo que ver con todo este lío. Por lo que Dylan me ha contado, haces cosas especiales.
-Si te refieres a que puedo hacer cosas sobre naturales que nadie más puede hacer, sí, eso es raro. Supongo que tú también lo haces.
Ella ríe y asiente.
-Abbie, quiero llevarte a un sitio. Si me dejas.
-¿A dónde?
-¿Confías en mí?- dice, evitando mi pregunta.
-Bueno, al igual que Dylan, me transmites confianza.
-¡Pues vamos!- sonríe, me coge de la mano, y cuando abro los ojos me encuentro en la entrada de un gran edificio que está a las afueras de Nueva York.
-¿Qué es esto?- pregunto, soltando su mano.
Ella no me hace caso, pone un dedo sobre la cerradura, y uno de zonks se ilumina. La puerta se abre y entramos. Andamos por un camino, donde a los lados hay un jardín. Miro hacia el enorme edificio. Es muy bonito, pero parece triste. Eso al ojo de un humano. Para mí... tiene un brillo que es inolvidable.
-Hay varios zonks en funcionamiento. Es normal que veas el brillo.- me interrumpe Gina.- Lo siento, ya cancelo el poder de leer la mente.- dice sonriendo, y se pasa la mano sobre uno de sus símbolos, que pierde el brillo.
Cuando llegamos a la puerta, Gina saca de su bota una especie de bolígrafo, al que le pulsa un botón y una luz sale de él. Lo pone en la cerradura, y la puerta se abre con un chirrido.
Entramos y miro con curiosidad el interior. El vestíbulo es enorme. Tiene un estilo antiguo, pero se pueden ver algunos aparatos y elementos modernos. Hay dos escaleras que suben hacia el piso de arriba. En éste, puedo ver que hay muchas puertas, y una de ellas (la que esta enfrente de la entrada) es más grande, y está decorada. Miro hacia el techo, que es de cristal.
-Guau.- sólo puedo decir.
-Además tenemos ala este y ala oeste.- dice Gina, tras mí.
-¿Qué es este sitio?- pregunto.
-Este sitio es el Instituto de Nefilims o Ángeles Caídos. Aquí vivimos y estudiamos como usar nuestros poderes y a luchar contra demonios.- dice alguien que sale de una puerta.
Es un chico, bastante alto, castaño oscuro, y los ojos igual, oscuros. Le echaría unos diecisiete años. Lleva una camiseta de manga corta, así que se puede ver que tiene muchísimos zonks.
-Hola. Soy Darren.- dice, y se acerca sonriendo.
-Yo Abbie.- sonrío.
-Menos mal que has llegado. ¿Y el estúpido de tu mejor amigo?- dice Gina. Parece que al llegar aquí se ha vuelto más borde.
-Pues no sé. Estará con la... bruja.
Ambos resoplan.
-¿Quieres que te enseñe esto?- me pregunta Darren.
Yo asiento con la cabeza y él hace lo mismo.
Empieza a andar hacia las escaleras, y yo le sigo.
-Me has dicho que esto es un instituto. ¿Hay clases o algo así?- pregunto.
-Antes sí, pero ahora cada vez hay menos nefilims, así que ahora estudiamos por nuestra cuenta.
-Pero eso es más difícil. ¿Cómo lo hacéis sin la ayuda de un profesor?
-En serio, Abbie, somos ángeles caídos, pero ángeles. Tenemos los símbolos que nos sirven para todo. ¿Crees que necesitamos ayuda?- dice, riendo.
-Viéndolo por ese lado, no.- respondo, avergonzada.- Has dicho que cada vez hay menos nefilims. ¿Por qué?
-Supongo que ya sabes la historia de los ángeles.- yo asiento.- Nos expulsaron del cielo por rebelarnos. La gran mayoría de los ángeles caídos eran malos. A esos les conocemos como demonios. El término "ángel caído" engloba todos los ángeles expulsados de cielo, pero sin embargo había un grupo de estos ángeles que querían regresar, que esos somos nosotros, y como no queríamos ser como los demonios, utilizamos el término "nefilim". Bueno, nos dedicamos a salvar al mundo de los demonios más o menos todos los días. Casi todos los nefilims esperan que nos dejen regresar, pero yo llevo en esto desde los cinco años, en los que mis padres me abandonaron. Y en estos trece, casi catorce años, no he visto ni un solo milagro. No han ayudado a ninguno de nosotros.- alza la vista y mira al techo a través del cristal.- ¡Ni una sola ayudita! ¿Que pasaría si nos rebelásemos también, eh? ¿Quién mataría a los demonios?- dice, gritando al cristal y abriendo los brazos.- ¡Los nefilims no existiremos siempre!- baja la vista y me mira.- Sin embargo, no voy a dejar de cazar demonios, porque me encanta matar a esos... bichos.- me guiña el ojo.
Yo me quedo mirándole, y luego miro al techo. Bueno, a través de él se ve el cielo. ¿Estaría... retándoles?
-Ah, y respondiendo a tu pregunta.- dice, después de una eternidad- Algunos nefilims se pasan al "lado oscuro" y se unen a los demonios. No sé por qué. Otros mueren en el combate. No sólo existen demonios y ángeles. Hay engendros, vampiros, licántropos, brujos, y bueno, todo lo que te puedas imaginar. No soy un gran fan de estas cosas.
-¿Todas esas criaturas están contra... nosotros?- pregunto, abriendo los ojos.
-Con algunas, en concreto, tenemos alianzas.
Asiento con la cabeza y Darren me sigue enseñando en edificio, sin volver a alterarse. Por lo que me está contando, hay siente nefilims en el instituto.
Están Gina, Dylan y él, obviamente. También está Joseph, que es el más mayor, y está un poco ido ya. Luego está Jake, que es un chico de mi edad, que también acaba de llegar. Anna es la hermana de Darren, y tiene diesisiete. Por último está Noah. Darren le describe como "un chico creído, guaperas y que va de misterioso". Supongo que no puedo decir nada hasta que no le conozca.
Darren  y yo vamos a ver a Joseph, que está en una grandísima biblioteca, leyendo en el escritorio central. Cuando nos acercamos, parece no inmutarse, pero al fin dice algo.
-Ya sabía que vendríais.
-Puede ver el futuro.- me susurra Darren.- Es un zonk que nunca hemos conseguido usar, sólo él.
-Ah..- susurro.
Joseph levanta la vista de su libro y me mira.
-Hola.- digo, nerviosa.
-Hola, Abbie.- dice él, y vuelve a mirar al libro.
Darren y yo le miramos, esperando, pero pasa una eternidad y él no dice nada.
-Joseph.- interrumpe Darren.
-¿Sí?
-Es una nefilim. ¿Por qué no dices nada?
-Si es una nefilim, que se quede. ¿Que quieres que diga?- responde el hombre.
Darren me mira y se encoge de hombros.
-Vamos a buscarte una habitación.- dice, me coge de la mano y sale de allí, arrastrándome.
-Pero Darren, yo tengo una casa, y una vida. ¿Como me voy a quedar aquí?- digo, y consigo soltarme.
Él abre la boca para responder, cuando se abre la puerta de entrada. Nos asomamos por la barandilla, y vemos que es una figura vestida de negro completamente.
-¿Quién es?- pregunto.
-Pues vamos a verlo.- dice él, y baja las escaleras corriendo. Yo le sigo.
Cuando veo quién es, el corazón se me para durante un segundo, de la felicidad que siento. Hace mucho que no hablamos, y quiero hacerlo ya.
-Hola.- dice Dylan, mientra limpia su espada con su sudadera, que está manchada de un líquido negro, probablemente sangre de alguna de esas criaturas. La verdad, ya no me sorprende.
-Hola.- dice Darren.- Gina ha traído a tu amiga.
Entonces Dylan se fija en mí, y sé que sonríe durante una milésima de segundo, pero luego vuelve ponerse serio.
-Mejor os dejo solos.- Darren nos mira, sonríe, y luego se esfuma.
-Hola.- digo, tímidamente.
-Hola...- dice él.
-Dylan, lo siento mucho. No debería haberte dicho nada de lo que te dije, sé que te traté muy mal cuando tú solo querías ayudarme. Lo siento...- añado, rápidamente.
-Tranquila. Está todo olvidado, supongo. Ya sabes todo, ¿verdad?
Yo asiento con la cabeza.
-Darren es un bocazas. ¿Ya sabes cual va a ser tu habitación? ¿Conoces a todos? Bueno, sólo somos siete pero...
-Dylan, no me puedo quedar.- le corto.- Tengo que volver a casa.
-¿Q..qué?- dice.- Acabas de llegar...
-Pero tengo una vida, aparte de esto.
-¿Y te gusta?
-Nunca he dicho que me guste. Tengo que volver.- repito.
-Pero... Abbie, nosotros... necesitamos tus poderes. Te necesitamos. Te necesito...- susurra.
-Lo siento.- digo, me muerdo el labio y abro la puerta (con el picaporte, porque yo no tengo esos aparatos)- Me pasaré por aquí, algún día. Adiós.
Salgo por la puerta y luego, por la verja. Me miro las manos y cierro los puños. Pienso con todas mis fuerzas en volver a casa, y cuando abro los ojos, me encuentro en mi habitación.
-Qué guay.- susurro para mí misma.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Capítulo 9.

Dylan y el líder del grupo se miran fijamente, se encuentran uno frente a otro. Los demás parecen respetar el espacio de ambos, porque están todos alejados.
-Espero que seas bueno.- dice el chico.
-Oh, tranquilo, lo soy.- responde Dylan.
Entonces veo que mete la mano derecha en la manga izquierda de su sudadera, y saca algo muy brillante, y tan largo como mi brazo.
Es un cuchillo.
Abro mucho los ojos, y me dispongo a irme, pero el chico ríe sarcasticamente y coge otro cuchillo que tenía oculto en una de sus botas, y otro de la otra.
Dylan sonríe y es el que ataca primero. Da un golpe seco en la tripa del chico, y este cae al suelo. Mi amigo pone el pie encima del pecho de él.
-¿No me digas que es tan fácil?
-Todavía no hemos terminado.- responde.
El chico le coge del pie y le tira al suelo. Apoya uno de sus cuchillos en el pecho de Dylan, y mira a una de las chicas que hay tras él. Ésta corre hacia ellos, y sujeta la frente de Dylan, echando su cabeza hacia atrás. El chico de los dos cuchillos acerca el filo del arma libre al cuello de Dylan, y lo mueve suavemente, llegando a dejarle sólo unos raspuños.
-No me esperaba esto de ti, Bran. ¿En serio te has vuelto tan débil? Yo me esperaba algo más... interesante.
-No me llames Bran.- dice Dylan, furioso, e intenta darle una patada, pero el chico le tiene sujeto. Al fin consigue volver a mostrarse tranquilo.- Vamos, Lucca, tú y tus... bichos... nunca sabréis lo que podemos llegar a hacer.
¿Podemos? ¿Él y quién más?
En cuanto Dylan dice podemos, una figura sale de la nada. Una figura femenina.
-Aquí estoy.- dice ella, y con un chasquido de dedos, algo en su mano se ilumina, y aparece una espada con unos símbolos en la hoja.
Dylan aprovecha que Lucca está mirando a la chica que acaba de llegar para pegarle una patada en la tripa, y éste se aparta.
El chico se levanta del suelo y se acerca a la recién llegada.
-Ya empezaba a dudar de que fueras a venir a ayudarme.- dice con una sonrisa, y se ponen espalda contra espalda.
-Vamos, ¿acaso te he dejado alguna vez?
-No.- ríe él.
Lucca está sentado en el suelo, con una mano en la tripa, y con la otra señala a la chica y a Dylan.
La gente de su grupo empieza a incorporarse. Son unos quince, pero van llegando más. ¿De dónde salen?
Primero uno, luego otro, y luego otro. Se van acercando a los dos chicos, que les derriban, no sin esfuerzo.
Cada vez hay más, y empiezo a dudar de que Dylan y su amiguita consigan derribarlos. Entonces uno del gran grupo inmoviliza a la chica, y con una mano, y sin tocarle, levanta a Dylan por el cuello. Es como si una fuerza que controla fácilmente con las manos le levantase, y creo que es así.
Me tapo la boca con las manos para reprimir un grito. Luego separo las manos de mi cara y las miro. Ya sé que Dylan me dijo que no hiciera nada raro, pero supongo que quitaría esa norma si es para ayudarle a él.
Me concentro en el poder y cierro los ojos. Siento que van apareciendo las líneas de mis manos, cuando una voz me interrumpe.
-¿Abbie? ¿Qué haces?
Me sobresalto y, del susto, empujo un cubo de basura de metal, haciendo más ruido del que debería.
Todos los de pelea dejan de hacer lo que hacían y me miran. El hombre que sujetaba a Dylan y a la chica les suelta.
Yo me quedo mirándoles con los ojos muy abiertos.
-Sólo por esta vez, Bran. Por ella.- me mira, y todos los del grupo de van por donde han llegado.
Dylan (o Bran) se me queda mirando, y luego mira a su compañera. Corre a ayudarla, ya que está sentada en el suelo, con la mano en la cabeza. Cuando el hombre la soltó debió darse un golpe.
-¿Qué estás mirando?- dice otra vez la voz detrás de mí.- ¿Hola?
Dylan coloca su dedo indice sobre sus labios, indicándome que me calle, y luego un gesto diciéndome que me vaya, y él se esfuma con su amiga, literalmente.
Entonces me giro y le saludo.
-¿Has visto eso?- digo, y sueno preocupada.
-¿Visto el qué?- pregunta Ethan.
-Pues eso. Toda... la pelea...- digo, y por la cara que pone él, sé que debo estar pálida.
-¿Qué pelea? Ahí no hay nadie.
-Ya, claro, ahora no, ya se han ido. Pero antes sí, y cuando has llegado estaban.
-¿Te encuentras bien?- dice, y me coge del brazo suavemente.
-Sí, si me encuentro bien. ¿No lo has visto?
-No.
-¿Qué?
-Vamos, ya va a sonar la campana. A lo mejor las matemáticas te aclaran la mente...- dice, de broma, pero yo no me río.
-¿Estás insinuando que miento?- digo, seria.
-No, no, estoy insinuando que... no sé, te lo has podido imaginar.
Decido morderme la lengua, para seguir las órdenes de Dylan.

Al fin se terminan las clases, y Dylan no ha ido a ninguna. Cuando salgo de clase, veo que Ethan me está esperando. No coincidimos en ninguna clase, porque él es un año mayor.
Volvemos a casa juntos, y cuando llegamos a mi casa, nos paramos en la puerta.
-Bueno, entonces nos vemos dentro de un par de horas.- sonríe.
-Hasta dentro de un par de horas.
-Descansa.
-Ethan, estoy bien.- resoplo.
-Eso espero.- dice, y se va.
Entro en casa, saludo, pero mi madre no está. Hace casi dos días que no la veo. ¿Es esto lo que pasa cuando empiezas a “tener” amigos? Bueno, la dejo un mensaje de que esta tarde me voy con un amigo, pero no la llega. Me encojo de hombros y preparo la comida.
Me siento a comer mientras escucho un poco de música. Cuando termino subo a mi habitación, me ducho y me visto. Me peino un poco, para estar más o menos presentable. Me miro al espejo y me sonrío.
Bueno, ahora no hay nadie para impedírmelo.
Abro las palmas de las manos y me concentro todo lo que puedo en ellas. Las dirijo hacia una pared que tengo con algunos pósters. Un rayo de luz sale de mis palmas y choca contra un espejito. El choque hace que el rayo rebote , y me da de lleno en el pecho. Pienso en que me va a hacer daño, pero sin embargo, me siento con ganas de hacer... algo atrevido, un acto valiente.
Como si fuese por un impulso, me acerco a la ventana y la abro. Saco una pierna, luego la otra, hasta quedar sentada en la repisa. Sólo entonces me paro a pensarlo, en que es un acto suicida. Abro mucho los ojos y vuelvo a entrar.
¿Qué acababa de pasar?
Es entonces cuando el timbre suena abajo. Me peino un poco y bajo. Abro la puerta y sonrío a Ethan.
-Buenas.- digo.
-Hola.- dice, sonriendo.- ¿Nos vamos?
-Sí, claro.- cojo las llaves y cierro la puerta.- ¿A dónde vamos?
-Bueno, no había pensado en nada especial. Tal vez al parque, no sé.
-Vale, tengo que despejarme la mente.

Por suerte, el chico no me ha oído y sigue andando.
Llegamos al parque y nos sentamos en un banco. Charlamos tranquilamente, hasta que alguien pone su mano en mi hombro. Me giro, y cuando veo la sonrisa de Dylan me estremezco.
-Siento molestar.- dice.
-¿Quién eres?- pregunta Ethan, pero nadie responde a su pregunta.
-Abbie, tenemos que hablar.
-¿Ahora?- digo yo.
-Ahora. ¿Interrumpo algo muy importante?
-Enseguida vuelvo, Ethan.- me levanto y empiezo a andar junto a Dylan.- Eres un asesino.- digo.
-¿Asesino? ¿Yo?- dice, riendo.
-Has matado a varios chicos. Lo he visto.- me giro y le miro.
-Ellos me querían matar a mi. No lo entiendes.
-Pero no te han matado. ¿Por qué estoy hablando contigo?
-Porque quieres hablar conmigo, y lo sabes.- dice, y se para.
Miro al chico durante un rato. Un mechón de su pelo rubio le cae por la cara, pero se lo aparta. Entonces le miro a sus ojos castaños, y luego miro a nuestros pies. Me saca, al menos, una cabeza. Las gafas que llevaba el día del baile han desaparecido. 
Dylan es el típico chico que quieren todas las chicas, pero sin embargo no me quito de la cabeza la forma de la que ha matado a esos chicos.
-Sé quién soy. Y no quiero hablar contigo.- digo, bruscamente, y empiezo a andar hacia Ethan de nuevo.
-No sabes... lo que eres. Y lo que supones para... nosotros.
Le miro, sorprendida.
-Déjame en paz.
-Muy bien, pues vuelve con tu novio.- dice, evidentemente molesto.
-No es mi novio.
Me siento junto a Ethan, y le hago un gesto a Dylan para que se vaya. Sin embargo, antes de que se dé la vuelta y se aleje, mira a Ethan fijamente.
-Tú verás. Yo te dejo en paz, cuando encuentres los problemas, no espero que acudas a mí.
-¿Quién es? ¿Me vas a responder?
-Es Dylan. Bueno, espero no tener que hablar más con él.
-Es raro.
-Es como yo.- no sé porqué, pero ese comentario me molesta.- ¿Yo también lo soy?- le miro a los ojos seriamente.
-Bueno... si me miras así... eres diferente. Eres una mente independiente.
-Te perdono la vida.- digo bromeando, y me siento a su lado, tal vez demasiando cerca.
Antes de que Ethan se acerque y me bese, veo que Dylan está apoyado en un árbol, negando con la cabeza, y luego desaparece.

Capítulo 8.

Cuando abro los ojos, veo a Dylan sobre mí. Ruedo, asustada, hacia la derecha.
-¿Qué haces?- grito.
-¿Qué haces tú? ¿Eres tonta?- responde alterado, en el mismo tono.- ¿Cómo te atreves a abrir... eso aquí?
Se levanta de golpe y corre hacia el agujero. Acerca las manos a él sin llegar a tocarlo. Comienza a recitar unas palabras en un idioma que desconozco, pero que, sin embargo, me suena.
El agujero va cerrándose poco a poco. Cuando ya no queda nada de él, Dylan se gira hacia mí.
-¿Cómo has hecho eso?- pregunta suavemente.
-Yo... no lo sé...- me miro las manos, pero ya no hay ni rastro de las líneas abstractas que había antes.
-¿Y por qué lo haces aquí? ¿Acaso no te advirtió tu madre de lo que te podía haber pasado?- pregunta, volviéndose a alterar.
-Oye, no me grites, ¿quieres? ¿Por qué has entrado en mi casa? Voy a llamar a la policía y les voy a contar todo.
-La policía no siempre puede ayudar, y de esto no se puede enterar nadie. Ven conmigo.
-No pienso irme de aquí hasta que no me expliques lo que ha pasado.- respondo, y me siento en el sofá.
-Abbie, no me obligues a hacerlo a la fuerza.
-Prueba.- le tiento.
-Está bien.
Se acerca a mi y me coge de la mano, pero no intenta levantarme. Simplemente me la coge y desaparecemos del salón de mi casa.

Cuando vuelvo a abrir los ojos, todavía siento en contacto de la mano de Dylan con la mía. Rápidamente la suelto.
-¿Dónde estamos?- pregunto, mirando a mi alrededor.
Me veo en una de las sucias calles de los barrios pobres de Nueva York. Miro hacia el horizonte, donde veo los altos edificios.
-¿Cómo has cruzado la ciudad en tan poco tiempo?
-Pronto lo sabrás. Ven.
Empieza a subir las escaleras de una de las viejas casas que hay.
-¿Quién vive ahí?- pregunto.
-¿Quieres dejar de preguntar de una vez? Hablas mucho.- dice, llamando a la puerta.- ¡Stephanie! Stephanie soy yo. Ábreme.
Respiro hondo y me pongo a su lado. Oigo varios cerrojos desde dentro abriéndose.
Cuando, finalmente, la puerta se abre, veo tras ella a una mujer bastante mayor, con el pelo blanco y bajita.
-¿Quién es ella?- pregunta, mirándome
-Es Abbie.- responde él.
-Está bien.- Stephanie se aparta de la puerta, y Dylan pasa. Yo le sigo.
La casa es de espacios reducidos. Hay cortinas de colores colgadas por toda la habitación. Una vieja estantería que está enfrente de la puerta, soporta muchos libros, y, en otro estante, hay varios botes con sustancias de colores.
-¿Por qué me has traído aquí?- pregunto a Dylan.
-Ella te va a ayudar.- responde, y me indica que me siente en una silla. Yo hago caso.
La mujer se sienta enfrente de mí y me sonríe.
-Muy bien, querida. Debes de ser especial. Dylan no suele traer muchas chicas.
-Stephanie.- replica él, molesto.
La mujer me mira las manos y se pone seria.
-Oh, sí. Claro que eres especial... Dylan, ¿que ha pasado?
-Abrió un lightwigg en su casa. La saqué a tiempo.
-¿Miraste sus manos?
-Sí. Vi varias alegorías, pero eran distintas. Nunca las había visto en mis clases.
-Pero ya no las tiene.- responde ella.
-Bueno, ya vale. ¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué me has traído aquí, Dylan?- interrumpo.
-Ella te puede ayudar, Abbie.- repite.
-¿Cómo lo sabes?
-Es una bruja.
Noto como una carcajada sale de mi boca.
-Vale, yo me voy de aquí.- digo, riendo.- Estáis locos.- me levanto y cojo mi chaqueta.
-No te vayas...- dice él.
-¿Cómo que no me vaya? Osea, quieres que seamos amigos, luego desapareces, y ahora esto. Adiós.- abro todos los pestillos de la puerta y me dispongo a abrirla, pero una fuerza hace que la cierre.
Cuando me giro, veo a Dylan con las manos extendidas hacia mí, y con las mismas líneas abstractas en las palmas que yo.
Apoyo la espalda en la puerta y me siento en el suelo.
-¿Qué está pasando?- pregunto, susurrando.
Dylan se acerca a mi y me alza la cabeza.
-¿Me crees ya? Podemos ayudarte.
Asiento con la cabeza, y él me ofrece la mano. Yo la acepto y él me ayuda a levantarme.
Cuando nuestras manos se juntan, siento un calambre, y después una energía muy agradable, pero cuando me la suelta, se lleva la energía con él.
Me vuelvo a sentar en la silla, enfrente de Stephanie.
-Dame la mano.- dice.
Yo pongo una mano con la palma hacia arriba en la mesa. Ella me la coge y pasa su mano sobre la mía.
Esas líneas aparecen de nuevo, pero no tienen el brillo azul de antes.
-¿Por qué nos salen estas cosas?- pregunto, miro a Stephanie, y luego a Dylan.
-Se llaman alegorías. Son... acumulaciones de magia...
La mujer iba a terminar la frase, cuando suena un ruido en la puerta.
Ambos se giran hacia ella, luego se miran entre ellos.
-Vete.- me dice la bruja, mirándome.
-¿Qué? ¿Qué pasa?
-Vete.- repite, y abre la puerta de atrás.
Miro a Dylan, que se acerca a mi y me dice susurrando:
-Mañana hablamos en el instituto.
Asiento y salgo de allí.
Cuando estoy en la calle, oigo gritos dentro de la casa. Distingo la voz de Stephanie, y después de Dylan.
Mi parte altruista me dice que entre a ayudarles, pero yo también tengo parte egoísta, y es el instinto.
Salgo corriendo y me alejo lo que más puedo de allí. Cuando me quiero dar cuenta, estoy en una zona de la ciudad que desconozco.
No hay mucha gente, pero al fin consigo encontrar un taxi que me lleva de vuelta a casa.
Mi madre no ha vuelto.

A la mañana siguiente, me despierto con el despertador y me ducho. Me visto y bajo las escaleras. Mi madre no está, pero lo normal es que ya se haya ido y que hubiese llegado por la noche y yo no la hubiese visto, ya que me dormí pronto. Anoche estaba asustada.
Todos los recuerdos vuelven a mi mente. Cierro los ojos y respiro hondo. No paro de recordarme a mí misma que es solo un sueño, pero sé que no es verdad.
Cuando reviso los mensaje del móvil, veo que Ethan se ha ofrecido a venir a buscarme para ir juntos al instituto.
Me parece genial, ya que tengo que hablar con alguien sobre esto (alguien “normal”, no Dylan) y lo que menos necesito ahora es estar sola.
Cuando pasan veinte minutos, suena el timbre y me acerco a abrir.
-Hola.- digo con una sonrisa tímida.
-Buenos días. Ayer te mandé varios mensajes, pero no respondiste.
-Los he visto esta mañana...
-¿Qué te pasó?- pregunta.
-Pues... bueno, estaba con un amigo...
A Ethan se le borra la sonrisa, y me mira seriamente.
-Bueno... ¿nos vamos?- digo, cogiendo la mochila.
-Claro, vámonos. ¿Quién es ese amigo tuyo?- empieza a andar.
-Bueno, es un chico nuevo del instituto, no creo que le conozcas.
Asiente con la cabeza, y seguimos andando en silencio.
-¿Qué te parece si quedamos esta tarde?- pregunta.
-Me parece genial. ¿A que hora, y dónde?
-Te paso a buscar a tu casa a las cinco y media. ¿Vale?
-Vale.
Cuando llegamos al instituto, Ethan me sonríe y se va a su clase. Llego a la mía y me siento en el sitio de siempre, atrás del todo.
-Buenos días.
Levanto la vista, y veo a Dylan sentándose, pero antes de que lo haga, le cojo de la mano y le acerco a mi mesa.
-Explícame lo de ayer.- le susurro.
-Aquí y ahora no.- responde, mirando a su alrededor.
-Oh, claro que me lo vas a explicar aquí y ahora. ¿Qué me pasa, por qué hago eso? Dijiste que ella me ayudaría, pero me echó. ¿Por qué lo hizo?
-Sólo una pregunta.- dice, simplemente, sombrío.
Esas tres palabras me hacen volver a días atrás, en el baile. Sí, el chico extraño, él me lo dijo. Entonces... ¿Dylan es...? No, no puede ser. No lo recuerdo bien, supongo que el golpe fue muy fuerte. Pero el chico del baile me transmitió la sensación que me transmite Dylan.
-Tú.- digo.
-Luego te lo explico. Todo lo que pueda. Lo siento.
-Más te vale.
Cuando suena el timbre del recreo, Dylan me espera apoyado en la puerta. Llego hasta él y empezamos a andar.
Salimos y nos sentamos en el césped.
-Empieza.- digo seriamente.
-Bien...- Dylan mira hacia un grupo de chicos.- Lo siento, ahora no puedo...- dice en tono de culpa, sin mirarme.
-Venga ya.- respondo, y me levanto enfadada. Él hace lo mismo.
-Lo siento...- dice, y me abraza.
-¿Qué hac...?
-No hagas nada raro. No abras agujeros ni nada de eso. ¿Me oyes?- susurra, escondiendo los labios entre mi pelo.- No preguntes.- se separa y me mira serio.
-Vale...- digo.
Él asiente con la cabeza enérgicamente y se va andando hacia el grupo de chicos al que miraba.
Se miran entre ellos, y el que parece el líder del grupo asiente con la cabeza. Dylan hace lo mismo, y todos se van, hasta que ya no puedo verles, porque les oculta un edificio.

Voy caminando hacia allí, y me escondo tras un muro, pero llego a ver lo que está ocurriendo.

domingo, 18 de mayo de 2014

Capítulo 7.

Narra Abbie
Desde luego, el hecho de que lleve una escayola en el brazo izquierdo, a la gente no le da compasión. Todavía está reciente la broma del sábado.
Entro en clase y me siento en el sitio de siempre. Delante de mí, hay un chico nuevo. Está mirando hacia el papel que tiene en la mesa mientras garabatea sobre éste.
Me vuelvo a recostar en la mesa, apoyando la espalda en la pared y abro el libro de la asignatura. Apoyo en mis piernas mi libro de lectura y empiezo a leer.
El profesor no debe de fijarse en mi, ya que no me regaña por no estar haciendo caso. No importa, mejor.
Cuando suena la campana de salida, recojo los libros y salgo la última. Voy leyendo el libro, pero cuando voy por el pasillo, un chico me lo quita y le arranca una página.
Detrás de él veo un grupo de más populares. Entre ellos está Ethan.
Niega la cabeza, como disculpándose, pero yo miro hacia otro lado y me agacho a recoger el libro y la página, pero sale volando.
Miro como se va, y, sigo andando hacia la cafetería. Me siento en una mesa sola y sigo leyendo.
-Creo que esto es tuyo.- un chico me está ofreciendo la página de mi libro, sonriente.
-Gracias...- susurro, y la cojo.- ¿Nos conocemos?
Él se sienta enfrente mía y niega.
-¿Cómo te llamas?- sonríe.
-Abbie.- alzo la mirada y le observo.
Me transmite una sensación.
Nos quedamos callados durante un rato.
-¿Y tú?- pregunto al fin.
Él se queda pensando.
-Dylan.
-Encantada.
Él sonríe y se revuelve su negro pelo.
-Igualmente.
-Eres nuevo, ¿verdad?
-Sí, hoy es mi primer día. Esto no está mal.
-Yo llevo aquí muchos años. Podría enseñarte el instituto, personas populares con las que puedes ir...
-Espera.- corta.- ¿Por qué tengo que ir con personas populares? ¿No puedo ir contigo? ¿Te caigo mal?
-¿Qué? Ah... no pensaba que quisieras venir conmigo. Y bueno, no te conozco... no me caes ni bien ni mal. No me caes, porque no sé como eres.
-¿Entonces no somos amigos?
Me encojo de hombros y niego con la cabeza.
-Vale. Pues vamos a conocernos.
-¿Qué?
-Tengo diecisiete años. Me gusta leer, la guitarra, la ciencia ficción y... bueno, poco más. Mi color favorito es el negro. Vivo por aquí cerca... ¿Qué hay de ti?
-Bueno... tengo dieciséis años, me gusta leer, pasar desapercibida y... no sé, ¿los reality shows? Mi color favorito es el azul. No te voy a decir dónde vivo, por que tú no me lo has dicho, y todavía no me transmites confianza.
Bueno, sí lo hacía. Pero no se lo iba a decir, obviamente.
-¿Me ofendo, o qué hago?- ríe.
-Nada, no hagas nada.- sonrío.
-Deberíamos conocernos más a fondo.- dice.
-¿Por?
-Quiero ser tu amigo.
-Madre mía. ¿Te ha mandado alguien, y estás esperando a que me gire para echarme encima un cubo de pintura o alguna mierda de esas?
-No. Pero es buena idea. La usaré.
-Vale.- me levanto y voy andando hacia mi taquilla, para recoger las cosas e irme a casa.
Dylan me sigue.
-¿Qué haces? Pareces un pedófilo o algo así. Das miedo.
Él ríe y se pone la capucha.
-Oh sí, cariño, te raptaré y te encerraré en un cuarto oscuro.- dice, poniendo la voz grave.
Sonrío y salgo del instituto.
-Oye, ¿no quieres que te acompañe a ningún sitio?
-No hace falta, de verdad.- respondo.
-Bueno, pues te acompaño igualmente.- viene corriendo hasta que se pone junto a mí.- Cuéntame algo.- dice, poniendo cara de cachorrito abandonado.
-¿Qué te cuento? No creo que te interese mi vida...
-Sí, sí me interesa... Pareces interesante.- Ethan me había dicho lo mismo.- Dime, ¿tienes alguna cualidad... o rareza?
-Me das miedo. Bueno, a veces veo o hago cosas raras. Si a eso te refieres...
-No exactamente, ¿pero que cosas?
-Veo cosas raras... o las hago yo. No me entiendes.
-Sí, te entiendo perfectamente.
-¿Qué opinas? No me crees, ¿verdad?
-Te creo.- responde, con una sonrisa.
-¿No te parezco una loca? Por ver cosas raras, yo que sé... ¿monstruos?
-Yo los veo a menudo. Ambos estamos locos, entonces.- ríe.- Ya tenemos otra cosa en común.
-Eso parece.
Sigo andando en silencio. Él tampoco dice nada.
Cuando pasa una eternidad, pregunta al fin:
-¿Podrías enseñarme lo que haces?
Me giro y le miro. Bueno, repito que me transmite confianza.
-Está bien, ven conmigo.
Cambio de dirección y entro en una calle oscura y vacía. Dylan se pone a mi lado.
-Observa.- respiro hondo y empiezo.
Miro fijamente hacia la pared y me concentro en ella. Ladrillos, ladrillos...
Ya empiezo a sentirlo. Es como una energía que me llena. Cierro los ojos y la disfruto.
-Ya casi está, vamos...- susurro.
Abro los ojos y veo la pequeña espiral luminosa que está empezando a aparecer en la pared, pero caigo agotada y me siento en el suelo.
-De verdad que puedo hacerlo mejor...
-No, está bien. Está bien...- dice Dylan, y toca la pared.
-¿Qué? ¿Sabes que es?- digo, esperanzada.- No encuentro a nadie que me crea o que lo entienda y...
-No tengo ni idea de que es.- responde, seriamente.- Eres rara.
Empiezo a sentirme mal y a arrepentirme de habérselo enseñado. Me levanto y empiezo a andar hacia casa.

Después de aquella tarde, no volví a ver a Dylan en días. Bueno, han pasado dos semanas y no ha aparecido por clase, ni le he visto en ningún sitio. La vida en el instituto volvía a ser como antes, no hablaba con nadie, respondía en clase cuando me preguntaba, sin levantar la mano, se reían de mi (menos de lo normal).
Veía a Ethan de vez en cuando y él me miraba, pero yo le evitaba.
Me siento en clase, y, como no hay más sitios, se sienta a mi lado
-Hola.- dice.
-Hola.
-¿Qué tal estás?- pregunta.
-Mejor que nunca.- digo, sarcásticamente.
-Me alegro.
Al cabo de diez minutos, él vuelve a hablar.
-Siento lo del otro día. ¿Me perdonas?
-Te perdoné desde un principio.
-¿Y por qué dejaste de hablarme?
-¿Yo? ¿Acaso te acercaste a mi en algún momento?
-No. Lo siento.- responde, mirando al suelo.
-Lo siento yo. Tampoco me acerqué yo a darte las gracias por estar en el hospital...- me miro el brazo, ya sin escayola, y le acaricio la mano derecha.
Él sonríe y no vuelve a decir nada más en toda la clase.
Cuando salimos, (sí, viene conmigo), vamos hacia el campus y nos sentamos en el césped.
-¿Cómo va tu brazo?- pregunta.
-Va genial.- respondo.- No me duele a penas. Gracias por avisarme cuando venía el coche...
-No hay de qué.- sonríe y me coge de la mano.

Cuando vuelvo a casa, no veo a mi madre. Está trabajando. Tiro la mochila hacia un lado y me siento en el sofá, mirando hacia ninguna parte.
Tengo una sensación rara. Me duele la cabeza, pero no de la forma que te suele doler siempre. Es como si... no sé, alguien me llamara.
Me miro las manos, con la cara inexpresiva. Me han salido unos símbolos extraños. A veces, me pinto las manos en clase, cuando me aburro. Pero estas líneas brillan.
Me levanto y veo que las manos me tiemblan. Las alejo de mi y las dirijo hacia la pared. 
Un rayo de luz sale de ellas, y esa presión que sentía en la cabeza va desapareciendo.
El rayo choca con la pared y un agujero negro va apareciendo allí. 
Cuando noto que la energía se me acaba, aparto las manos y observo el agujero, aterrorizada.
Acerco la mano hacia él. Me quedan unos milímetros para tocarlo, cuando alguien me empuja y me aleja de él.

sábado, 17 de mayo de 2014

Capítulo 6.

Narra Abbie
Me quedo helada mientras miro el mensaje.
Esas palabras no dejan de retumbar en mi cabeza: “estás muerta, estás muerta, estás...”
Respiro hondo. No sé por qué me ha entrado miedo. Será una broma pesada de cualquiera. Sí, es eso. Todos me odian.
Pienso eso para que la idea se me quede en la cabeza. Sin embargo, no me quito de encima esa sensación de pánico que tengo, de realismo.
Miro la pantalla de nuevo. Las letras van desapareciendo una por una, hasta que queda un fondo negro.
Respiro hondo y me pongo la mano en la frente. Me estoy mareando.
Poco después, llega Ethan y se sienta a mi lado.
-Abbie... siento lo de antes. No... no prentendía ponerme borde...
Sacudo la cabeza y fuerzo una sonrisa, para no preocuparle.
-Tranquilo, está bien. No pasa nada.
Él sonríe y me coge de la mano por debajo de la mesa.
Llega la hora de votar por el rey y la reina. Decido votar por Hayley y su novio.
Cuando Miss Grey, la secretaria del director y encargada de los votos, pasa por la mesa de cada estudiante, ellos me miran y sonríen. Busco la mirada de Ethan, pero éste está atento a su móvil.
Cuando anuncian a los ganadores, Jackie y su novio suben al escenario y saludan a todos. Parecen la típica pareja ideal.
-Gracias, gracias por votarnos.- dice Jackie.- Es un honor. Pero está claro que Bill y yo no hubiésemos ganado sin el apoyo de nuestros grandes amigos, Abbie Carrington y Ethan West. ¡Por favor, subid a disfrutar de la fama que os habéis ganado!
Ethan me mira a mí, y yo le miro a él. ¿Por qué dicen que somos sus amigos? Probablemente, Jackie sea mi enemiga.
Ethan me aprieta suavemente la mano y le veo con intenciones de levantarse. Sin embargo, yo me quedo sentada y le miro, negando con la cabeza.
-Ethan, no, por favor, no...- susurro.
-Vamos, Abbie. A ver que dicen.
Resoplo y me levanto. Caminamos entre la gente que nos mira, él con paso decidido, y yo con la mirada baja. No me gustaba que me mirasen. Parecía que me atravesaban con sus ojos y veían todos mis secretos.
Cuando llegamos hasta el escenario, subo las escaleras, ya más decidida. Pero cuando voy a pasar por delante de Jackie, esta me pone la zancadilla discretamente.
Caigo haciendo el máximo ruido posible. Pego un pequeño grito ahogado y tiro el teclado y el micrófono que hay. El teclado cae sobre una de las azules lonas que hay rodeando el escenario, que hace que ésta se caiga, dejando ver todo el gimnasio. La tela hace caer algunas bombillas, y una gran luna de aluminio que hay colgada.
Levanto la vista del suelo y miro todo lo que he provocado. Son apenas unos segundos de paz, cuando empiezan las insoportables risas. 
Estoy empezando a ponerme muy nerviosa. Me miro las manos y cierro los ojos. Sí, sí. Lo siento. Esa extraña energía llega a mi.
Todas las luces del gimnasio empiezan a parpadear, pero nadie presta atención. Miro mi móvil, que sigue encima de la mesa, y veo que ha aparecido otro mensaje, pero no llego a leerlo,
Me tapo la cara con las manos y me levanto torpemente. Salgo corriendo lo antes que puedo de aquel lugar, y después me siento en un banco que hay cerca de la entrada.
A los varios minutos, noto una mano en mi hombro. Me limpió las lágrimas.
-¿Qué quieres? Ethan, ya sabía que querías volver a reírte de mí. Déjame en paz.
Él no hace caso y se sienta a mi lado.
-No tenía nada que ver, Abbie. Yo no tenía ni idea.
-Ya...
-En serio.- dice él. Me coge de la cara y suavemente me la gira para que le mire.- ¿Crees que te haría eso?
-¿Por qué no ibas a hacerlo?
-Por... porque... te quiero.- susurra él.
-¿Ah? ¿Desde... cuando?
-Desde que te conocí.
Pienso en años atrás, cuando nos conocimos. Bueno, éramos mejores amigos, pero eso ya pasó.
-¿Me lo dices ahora?- pregunto, me levanto y empiezo a cruzar la calle.
-ABBIE, ¡NO!- le oigo gritando.
Pero cuando me giro ya es tarde, al coche que viene hacia mí no le da tiempo a parar.


Me despierto, todavía cansada, en el hospital.
Cuando abro los ojos, veo una sombra que sale de la habitación.
Niego con la cabeza. Todavía me está afectando el golpe.
No hay nadie en la habitación, pero al rato, entra mi madre, con cara de preocupación y de no haber dormido nada.
-¡Cariño!- dice, y corre a abrazarme.
-Hola, mamá.
-¿Qué tal estás? Has dormido un día entero, pero ya estás recuperada, y solo es un hueso del brazo roto...
-Estoy muy bien, gracias.- corto, sonriendo.
Después de que mi madre me pregunte mil cosas, al fin llega una pregunta que no tiene que ver con mi salud.
-¿Qué tal el baile? Quitando el accidente, claro.
Me quedo callada mirando al suelo, y al fin respondo.
-Bien.- miento.
No quería preocupar a mi madre con los rollos de que si se ríen de mí, que si me han pegado...
-¿En serio? Eso es genial.
-Lo sé. ¿Ha... ha venido alguien a verme...?
-Ese chico, Ethan, ha estado aquí toda la noche. Luego se tuvo que ir.
-¿Nada más?
-Bueno, su hermanastra también ha estado, pero en la sala de espera y solo un par de horas... no me gusta esa chica.- resopla.- Ah, también vino un chico, pero no sé quien es. Entró durante unos cinco minutos y después se fue. Era raro.

Alzo las cejas y empiezo a pensar. ¿Quién podía ser?


viernes, 16 de mayo de 2014

Importante. Bueno, más o menos.

He decidido cambiar el título de la novela.
No es que no me guste, que sí, pero es que no encaja con la clase de novela que voy a escribir.
Cambiaré el título cuando se me ocurra uno nuevo y bueno (soy un desastre para títulos y nombres de personajes). Espero que sea pronto porque entro en el blog y me parece raro ver ese título, y me digo que que estoy haciendo...
También he decidido intentar hacer los capítulos más largos, pero claro, lo mismo tardo más en subir capítulo. Bueno, puedo intentar subir pronto.

martes, 13 de mayo de 2014

Capítulo 5.

Narra Abbie
-Hola.- dice con una voz preciosa.
Yo pego un grito ahogado.
-¿Como has...?- empiezo a preguntar, pero el me corta y pone su dedo sobre mis labios.
-Shh.- lo aparta.
-¿Como has hecho eso? No había nadie a mi alrededor y en un segundo apareces tú. ¿Como lo has hecho?
Pasa una eternidad, en la que el chico misterioso se ocupa de mirar al suelo con una sonrisa.
-Te he hecho una pregunta. ¿Me vas a responder?
-Te responderé cuando te conozca mejor. Sabes, es mejor no responder a las preguntas de un extraño.
-Pero... ¡eres tú el que aparece de la nada!- digo, nerviosa.
Él ríe.
-Eres tú la que habla con un completo desconocido. Podría ser un violador de niñitas pelirrojas. Podría hacerte esto...- me coge de la mano, me levanta y me coge en brazos, de modo que no me pueda mover. Noto sus trabajados músculos debajo del elegante traje que lleva, de modo que con un brazo me levanta fácilmente, y con la mano libre me tapa la boca.- Y todo esto por hablar conmigo.- dice, mirándome a los ojos y sonriendo. Me miraba de una forma vagamente familiar desde detrás de sus enormes gafas, una mirada que parecía que podía descubrir todos tus secretos. O como si ya los conociera.
Finalmente, me suelta suavemente y se vuelve a sentar. Yo me siento a su lado.
-Después de lo que acabo de hacer, ¿te sigues sentando a mi lado?
-¿Vas a responder a mi pregunta?
-No, al menos que tú me respondas una a mi.
-¿Cual?
-Eh, si te respondo al “¿cual?” ya te estaría respondiendo algo.
-Hazme la pregunta.- digo, perdiendo los nervios.
Él parece pensarlo durante una eternidad, cuando al fin pregunta:
-¿Has venido con alguien? Al baile, digo.
-Sí.
Él ríe y se tapa la cara, haciéndose el frustrado.
-¡Mierda, que forma de perder mi valiosa pregunta!
No puedo evitar soltar risita.
-¿Para que lo querías saber?
-¿Quieres usar esa pregunta como tu Valiosa Pregunta?
-No la verdad, es que no.
-Vamos, pregúntame.- dice, sin perder la sonrisa.
Yo pienso durante un rato, pero al final la ignorancia me puede.
-¿Como has hecho eso?
Él se levanta, y yo también, quedando a su altura. El chico coge una flor de la planta que hay al lado y me la ofrece. Bajo la vista un momento para observarla, y escucho su voz en mi oído.
-Un mago nunca revela sus secretos.- dice susurrando a mis espaldas, con una suave risa irónica.
Cuando me giro, veo que el chico se está alejando ya. Yo le sigo.
-¿Cómo te llamas? ¿Voy a... volver a verte alguna vez? ¿Por qué te has quedado a medias con la respuesta?- pregunto.
-Paciencia, pequeña. Son más preguntas de las que debes hacer. En cuando a la última... bueno, nunca prometimos que la Valiosa Pregunta tuviese respuesta, ¿verdad...- me mira intensamente a los ojos.-...Abbie Carrington?
Él sigue andando y yo me quedo mirándolo hasta que le pierdo.
¿Qué acaba de pasar?


Narra Ethan
Abbie está tardando mucho. No sé si debería preocuparme.
Me despido de todos los chicos y salgo de allí. Busco a Abbie por los alrededores.
No la veo. Estoy empezando a asustarme. ¿Y si...?
Ya estaba empezando a marcar su número, cuando la veo empujando los ladrillos que hay en la pared de la derecha
-¿Abbie? ¿Qué haces ahí?
-Tiene que haber una puerta o algo...- dice, murmurando para sí misma. No se ha dado cuenta de que estoy aquí.
La vuelvo a llamar, y como veo que no me escucha, la abrazo por detrás suavemente. Ella se gira bruscamente.
-Ah, hola... lo siento, se me ha pasado lo de entrar en la fiesta...
-Bueno... no importa. ¿Qué has hecho todo este tiempo fuera?, ¿qué haces ahora?
-Pues verás...- veo que abre la boca y se queda pensando, pero después la cierra y vuelve a hablar, nerviosa.- Yo... bueno, es una historia larga de contar. Ahora mejor no...
Suspiro y sonrío.
-¿Vamos dentro?
Ella me coge de la mano y sube las escaleras. Yo la sigo.
Cuando entramos, hay más gente que antes. Veo que Abbie resopla y se pone de puntillas, como buscando a alguien.
-¿A quién buscas?
-Ah, bueno, no creo que le conozcas.
La miro como pidiendo más información, pero lo ignora y sigue buscando, frustrada.
-Abbie.
-¿Sí?- ella se gira hacia mí y me mira.
-¿Qué pasa?

Narra Abbie
Suspiro y se lo cuento todo, o casi todo. No añado que sentía que ese chico... me atraía de una forma muy rara, como si ya le conociera, ni la sensación que siento cuando estoy con todas estas personas.
-Pero... ¿te ha hecho algo?- pregunta, preocupado.
-No, no. Más bien me ha tratado como si fuésemos amigos.
-Le acabas de conocer. Ni siquiera conoces su nombre.- dice. Parece molesto, o algo.
-Eh, que no he dicho que lo seamos.
-Vale.- se gira y anda hacia la mesa.
-¿Por qué te pones así?- pregunto, siguiéndole.
Ethan cierra los ojos y niega con la cabeza.
-¡Hola, pareja!- dice una alegre voz a nuestras espaldas.
-Hayley.- sonrío, y me giro.
-¿Qué tal os va la fiesta?
-Perfecta.- dice Ethan entre dientes.
-Bien. No estoy acostumbrada a tanta gente.
-Ya te acostumbrarás. Si empiezas a salir con Ethan, vas a ir a muchas fiestas, ya que él es muy popular. Ya verás.- dice ella, sonriente.
Yo les miro a los dos y hago una sonrisa forzada.
¿Quién ha dicho que quiera salir con él? A ver, me gusta, pero como amigo...
-Hayley, ¿vienes un momento?- Ethan se levanta y se alejan.
Me quedo sola y empiezo a hacer ritmos con el pie, aburrida. Miro fijamente mi móvil, que está encima de la mesa. Me concentro en su pantalla.
A los segundos, aparece un mensaje en la pantalla.

“Estás muerta”.


Capítulo 4.

Narra Abbie
Ya son las siete menos cinco. Creo que nunca en mi vida he estado tan nerviosa.
Me miro al espejo varias veces, me coloco el vestido y sonrío. Bueno, tampoco está tan mal.
Ethan es puntual. Me despido de mi madre y abro la puerta de casa.
Veo a un chico apoyado en un coche que está aparcado enfrente. Es el chico más guapo que he visto en mi vida.
Él se acerca y me ofrece la mano. Yo la acepto.
-Gracias por invitarme, Ethan. Estás muy sexy.- río.
-Y tú estás... uau.- sonríe y me besa la mejilla.
Entramos en el coche y él empieza a conducir.
-Bueno... ¿quienes crees que serán los reyes del baile este año?
-Apostaría por Jackie y su estúpido novio.- responde.
-Pensaba que era tu amigo.
-Siempre hemos sido competitivos.- ríe.- Pero nunca amigos.
Sonrío y, una vez llegamos al instituto, él me ayuda a bajar, cogiéndome de la mano, y se queda quieto.
-Espera.
-¿Por qué...?
Antes de que pueda terminar la frase, Ethan me pone la mano en la mejilla y junta sus labios con los míos.
Pienso en separarme, pero en vez de eso, cierro los ojos y le cojo la mano que tiene libre.
Cuando nos separamos, sonreímos, pero rápidamente bajamos la mirada y seguimos andando.
Cuando estamos llegando a la puerta, me paro y él se gira hacia mi.
-¿Pasa algo?- me pregunta con una sonrisa.
-No sé si debería entrar... ¿Y si se ríen de mi? Ethan...
-Tranquila.- me mira a los ojos.
-Bueno... vale...

Narra Ethan
No puedo creer lo preciosa que está. La miro de reojo todo el rato, pero no se da cuenta.
Cuando entramos en el gimnasio, todo el mundo se nos queda mirando.
Supongo que les parecerá raro que uno de los chicos más populares vaya con la más... eso...
Sin embargo, cuando vamos pasando entre la gente, la acaricio la mano y paso el brazo por sus hombros.
A medida que vamos acercando, noto a Abbie tensa. Se acerca más a mi y me abraza.
Nos sentamos en nuestra mesa.
-¿Te gusta la fiesta?- la pregunto.
-Sí...- por como mira hacia todos lados, sé que está incómoda.
-¿Te encuentras bien, Abbie?
-Sí, sí. Estoy bien... no me acostumbro a tanta gente...
-Tranquila, ya te acostumbrarás. ¿Quieres que salgamos?
Ella abre la boca para responder, pero entonces, noto que alguien me pone la mano en el hombro, y me giro para ver quién es.
-Logan.- sonrío y le choco el puño.- Abbie, él es Logan, mi amigo. Ella es Abbie, mi... compañera de baile.
-Encantado, Abbie.- la sonríe, y luego me vuelve a mirar.- Tío, están todos juntos. ¿Vienes a saludar?
-Pues... iba a acompañar a Abbie a fuera...- respondo.
-No no, tranquilo. Ve con él. Voy a estar bien. Te espero fuera.- sonríe un poco, se levanta, me besa la mejilla y sale de allí.
-Tío, hoy te has superado. ¿Por qué vas con ella? Ya sufre bastante con el acoso que sufre para que vengas tú...
-La quiero, tío.

Narra Abbie
La fiesta me gustaba, claro que me gustaba. Y me gustaba estar con Ethan, era mi amigo. Pero una parte de mi me decía que me alejase de la fiesta.
No. No puedo dejarle solo...
Me siento en una de las escaleras y hundo la cara entre las manos. Es un dolor que nunca había sentido...
En este momento, oigo un sonido en los matorrales de mi izquierda. Me giro rápidamente y no veo nada.
Sin embargo, cuando me vuelvo a girar hacia la derecha, veo que un chico me observa sonriente.



(En seguida publico el capítulo 5, lo tengo a medias. Supongo que estará hoy.)


domingo, 11 de mayo de 2014

Capítulo 3.

Narra Ethan
Cuando Hayley llega a casa, la saludo y sonrío.
-¿Qué tal os ha ido?
-Nos ha ido bien. Es muy maja... un poco sosa...- responde.
-Hayley, eres la mejor hermana que alguien podría tener...- río y la abrazo.- Gracias, gracias, gracias...
-De nada... Al final me va a caer bien...
Nos sentamos en el sofá y empezamos a jugar al Call Of Duty.
-Oye, ¿la preguntaste si...?- pregunto de repente.
-Sí, se lo pregunté. Me dijo que no... lo siento...
-Ah, bueno... no importa...
Sí importaba. Había estado por Abbie Carrington desde segundo. Éramos muy amigos... luego ella empezó a distanciarse y yo me empecé a juntar con los más populares. Llevo esperando este baile años.
Cuando mi madre se casó con el padre de Hayley vi un poco de esperanza. Ella se juntó con las populares (al igual que yo), pero siempre había querido ser buena persona. La propuse que me ayudase a convencer a Abbie de que viniese conmigo, ella sabía que a sus amigas no las iba a gustar pero acabó por aceptar...
De todas formas, confío en que cuando Abbie y yo acabemos juntos (espero), Hayley siga siendo su amiga.
Suspiro y sigo jugando.

-Al día siguiente-
Me despierto lentamente y bostezo. No me puedo creer que al fin sea el día.
Me levanto corriendo y desayuno.
-Buenos días, princesa.- digo cuando Hayley entra en la cocina.
-Buenos días, princeso.- ríe.
-¿Has quedado con Luke?- pregunto.
-A las siete me recoge. Es el mejor novio del mundo.
-Eso dirá Abbie cuando empecemos a salir.- la guiño el ojo.
-Ethan... ¿estás seguro de lo que haces? ¿Y si después deja de gustarte? Es una chica sensible, estoy segura. No puedes romperla el corazón así como así.
-Hayley, ella me gusta.- digo todo lo serio que puedo.
-Tú sabes lo que haces.

Narra Jackie
Ya estábamos las chicas y yo preparándonos. Ellas no podían dejar de hablar del baile, pero yo no dejaba de pensar en mi venganza con Abbie. Esa chica casi consigue que me expulsen.
-Por cierto, ¿dónde está Hayley?- pregunto.
-Hayley no podía venir, se las arreglaba sola.- dice Mia.
-Qué raro...- digo para mis adentros.
Cerré los ojos y dejé que la peluquera me siguiese haciendo el peinado.
Sabía que Hayley estaba con Abbie Carrington, era obvio. Pero si seguía con ella, mi venganza acabaría afectándola a ella.
Y esa venganza ya estaba en pie.

Narra Abbie
Cuando Hayley llama a la puerta, me levanto corriendo y me dispongo a abrir, pero antes me giro hacia mi madre.
-Por favor, mamá, no nos interrumpas.
-Cariño, esa niña te ha hecho daño... ¿seguro que quieres seguir con esto?
-¿No ves que es mi oportunidad de hacer amigos?- digo, y abro la puerta.
Hayley me sonríe. Lleva una bolsa bastante grande.
-¡Buenas tardes!- dice.
-Hola.- sonrío.- Pasa.
Me aparto y la dejo pasar. Ella solo sonríe.
Mi madre sale de la cocina.
-Oh, usted debe ser la señora Carrington.- dice Hayley.
-Exacto. Y tú la amiga de Abbie, ¿verdad? La que se metía con ella en primaria... y parte de secundaria.- responde mi madre, con una sonrisa forzada.
-Mamá.- digo yo, con los ojos muy abiertos.
-Lo siento mucho. No... no tenía razón... me disculpé con Abbie ya, pero debo de hacerlo con usted. No debe ser fácil para los padres de una chica que su hija sufra acoso...- dice bajando la mirada.
-Para la madre. Su padre murió.- cortó.
Hayley se gira hacia mi, y luego mira a mi madre.
-Lo siento mucho... no debe de... bueno, mejor me callo. No vaya a estropearlo más...
-¿Nos vamos ya?- digo, claramente nerviosa.
-Sí, claro. Encantada, señora.
-Igualmente.- veo que mi madre aguanta las lágrimas, pero ahora no puedo consolarla.
Hago que no lo he visto y empiezo a subir escaleras.

Narra Hayley
-No sabía que tu padre estaba muerto...- digo, siguiéndola.
-Bueno, hay muchas cosas sobre mí que no sabes.
-Suerte que ahora tenemos horas para hablar, ¿verdad?
-Supongo.- resopla.
Entramos en su habitación. Tiene estanterías por todos lados llenas de libros, libros en el suelo, en la mesa, en la cama.
-Siento este desorden...- dice, y empieza a recogerlos.
-A mi también me encantan los libros, tranquila. Aunque dudo que tanto.- río.
Ella ríe y, cuando termina de dejarlos sobre una estantería, se sienta en la cama.
-Bueno, primero nos vestimos, luego maquillaje, pelo y uñas. ¿Te parece?
-Me voy a arreglar más hoy que en toda mi vida junta.- ríe.
Sonrío y la digo que entre a vestirse.
Cuando sale, sonrío. Es normal que a mi hermano le guste, está preciosa.
Sin embargo, no se lo digo. Tampoco quiero hacer demasiadas confianzas con ella, si luego la voy a romper el corazón, como le dije a Ethan.
Entro yo y me cambio.
No tardamos demasiado en terminar de maquillarnos.
Una vez hemos terminado con el maquillaje, nos peinamos. A Abbie se le da bastante bien, así que quedan así:



Ya hemos terminado. Miro a Abbie.
-Estás genial.
-No puedo decir menos de ti.- sonríe.- ¿Vas con tu novio?
-Sí. Me recoje en la esquina de allí...- señalo por la ventana.- Así que me voy ya.- sonrío.- Luego nos vemos.






Capítulo 2.

Narra Abbie
-Hola mamá.
Entro en la cocina y la abrazo.
-Hola, cariño. ¿Qué tal estás?
-Estoy mejor, gracias.
-Siéntate, la comida ya está.- dice, poniendo la misma sonrisa cansada de siempre.
Me siento y ella se sienta enfrente. Cuando empiezo a comer, ella me mira fijamente y empiezo a incomodarme.
-Mamá, ¿pasa algo?
-Abbie, no puedo verte así.
-Tranquila, mami. No es nada, ¿está bien? No te preocupes. Estoy bien.
-¿Segura? Cariño, sabes que no me cuesta nada cambiarte de instituto y...
-Mamá, no.- respondo, seria.- No. Me gusta este instituto.- miento.
-Pero... la gente no te trata bien...
-No todos. Hoy... he estado hablando con una chica. Y...- miro al suelo- Me han invitado al baile.
-¿Qué? ¡Eso es genial, Abbie! No me puedo creer que mi pequeña ya...
-No voy a ir.
-¿Por qué?- pregunta ella, evidentemente sorprendida.
-Es una broma. Solo se van a reír. Ya no tengo hambre.
Cojo el plato, lo dejo en la encimera y subo a mi habitación.

-A la mañana siguiente-
-Buenos días mamá.- digo una vez que entro en la cocina.
-Buenos días amor.- sonríe y me besa la mejilla.- ¿Que tal has dormido?
-Bien, gracias.
Termino de desayunar y mi madre me lleva en coche al instituto. Una vez entro, me encuentro a Ethan.
-Hola, Abbie.
-Me halaga que no me hayas olvidado.- digo, sarcástica.
-Pff, ¿cómo te iba a olvidar?
Ambos sonreímos.
-¿Te lo has pensado ya?
-La verdad es que no.- respondo.- Ethan, no tienes que por qué ir conmigo. Sería ridículo. Incluso saldría en los periódicos: “Ethan West entra de la mano con la patética Abbie Carrington...”
Él sonríe.
-¿Patética? A mi me pareces guay.
Le miro a los ojos.
-Bueno... es que no tengo nada preparado y...
-¡Sin excusas! Mi hermanastra, Hayley, te puede ayudar.
-¿Seguro que va a querer? Estará mejor con sus amigas.- suspiro.
Entonces Ethan me alza la barbilla y me mira a los ojos.
-Por favor...
Siento que él se va acercando.
-Vale, vale, vale. Iré.- digo, separándome rápidamente.
Él sonríe y me besa la mejilla.
-Nos vemos mañana. Te recojo a las siete y media. Adiós, Abbie Carrington. Busca a Hayley.
Miro como se va y me toco donde me ha besado.
Cuando encuentro a Hayley, la veo sentada hablando con Ethan. Decido sentarme en la mesa que hay al lado.
Cuando el chico se da cuenta de que estoy aquí, le da un golpe a ella en el brazo y me señala con la cabeza. Ella asiente, se levanta y se sienta a mi lado.
-Hola.
-Hola.- la respondo, cerrando el libro.
-Ethan me ha contado que vas al baile con él. Es genial.
-Sí.
-También me ha dicho que no tienes nada preparado. Había pensado en ayudarte.- sonríe.
-Ah, no hace falta...
-Shh. ¿Ya volvemos a esto? Para que haya amistad tienes que aceptar mi ayuda.- dijo ella, cortándome.- ¿Vale?
-Vale...
-Entonces, esta tarde vamos a ir a comprar un vestido.
-Bueno... vale.
Ella sonríe.
-¿No estás emocionada? La música, la pista de baile, las luces, todas las parejas, pero en especial, la vuestra...- suspira y se enrolla en el dedo uno de sus mechones rubios.
-Sí... supongo.- miento.
Pasa un rato en silencio, cuando pregunta:
-¿Te gusta mi hermano?
Esa pregunta me ha cogido por sorpresa.
-No, no, no. Claro que no... tampoco digo que esté mal, eh. Pero no me gusta...
-Okay. Bueno, esta tarde a las cinco, quedamos en el North Cross.
-Vale, allí te veo.- sonrío.
Se levanta sonriendo y vuelve con Ethan, que me sonríe también.
Suspiro. ¿Acabo de hacer dos amigos?

Narra Hayley
Termino de maquillarme, cojo el coche y me dirijo hacia el Noth Cross. Cuando llego, veo a Abbie sentada en un banco.
Aparco el coche y me siento a su lado.
-Buenas tardes.- digo.
-Hola. ¿A dónde vamos a ir?
Yo solo me levanto y empiezo a andar.
-¿Ah?- dice ella.
-Vamos, sígueme.
Cuando llegamos a la tienda que quería, entro y ella va detrás.
-Elige el que quieras.- la miro y extiendo los brazos, sonriendo.
Ella ríe y empieza a mirar.
Yo cojo uno y entro a probármelo.
Cuando salgo, me queda así.


-¿Te gusta?- le pregunto a Abbie.
-Sí, es... precioso...- dice, asombrada.
Yo río, me vuelvo a cambiar y lo dejo en la caja.
-¿A ti te gusta alguno?
Ella me mira y niega.
-Vamos, te ayudo.
Seguimos buscando, y al final encontramos uno rosa, que la queda genial.

-Ese color llama la atención. Queda bien por que como eres pelirroja...
-Gracias.
Compramos los vestidos y salimos.
-Yo debería irme a casa ya.- dice.
-Vale. Mañana, si quieres, podemos quedar unas horas antes para arreglarnos.
-¿Va en serio? ¿No quieres ir con tus amigas?- dice, alzando la ceja.

-Voy contigo, y tú eres mi amiga. Eso cuenta, ¿no?


Leer.

Hola. 
Sólo quería decir que, cuando termine un capítulo, voy a ir poniendo una foto. Va a ser de un personaje, o de un lugar, o de una acción. No voy a decir ni quién es ni que es.

sábado, 10 de mayo de 2014

Capítulo 1.

-Estoy segura de que tienes algo más que esto.
Me volvió a empujar y me hice un ovillo en el suelo.
-No... no tengo más dinero que ese...- dije con la poca voz que me quedaba.
Ella me pegó otra patada y después oí un portazo y un grito, pero estaba demasiado cansada como para abrir los ojos.

Cuando me despierto me veo en mi habitación, tumbada en mi cama. Llevo puesta la ropa de esta mañana.
No oigo a mi madre, así que supongo que se habrá ido a trabajar. Me levanto y me miro al espejo.
Tengo la cara hinchada, y llena de moratones. Me levanto un poco la camiseta y me miro el abdomen. Lo tengo lleno de moratones. No es muy raro verme así, la gente se mete conmigo a menudo.
Me voy al baño y me doy una ducha rápida. Me visto y miro la hora. Todavía hay clases. No sé si debería volver, pero cojo la mochila y voy caminando hacia el instituto.
Cuando llego, todos se ríen de mí cuando paso a su lado. Bajo la cabeza y me suelto el pelo para que no se me vea la cara.
-Eh, pelirroja. ¿Necesitas que te salve un profesor? Está claro que no sabes valerte de ti misma.
Eran Jackie Sway y sus amigas. Las que siempre se metían conmigo.
Yo no digo nada y sigo andando con la mirada baja.

Narra Hayley
Una vez nos alejamos de a Abbie me giro y miro a Jackie.
-Eso no hacía falta. Ya te has metido con ella suficiente, ¿no? Déjala en paz.
Todas las del grupo se giran y me miran.
-Vamos, Hayley. Es Abbie Carrington. Tú sabes como es, odiosa. No sé como puedes decir eso.
Suspiro y bajo la mirada.
Entramos en la cafetería y nos sentamos en la mesa de siempre. Las chicas no paran de hablar del baile del sábado. Yo miro de lejos a Abbie, que está sentada en una mesa sola, leyendo.
Miro a las demás y me levanto. Nadie me hace caso, así que cojo mi comida y me siento al lado de Abbie.
-Hola.- digo sonriendo.
Ella levanta la vista durante un segundo y después vuelve a mirar el libro.
-¿Qué tal?
Parece que pasa una eternidad, cuando por fin responde.
-¿Tú que crees? ¿No me has visto la cara?
-Oye, siento lo que ha pasado. Ya sabes como son.- señalo al grupo y sonrío.
Ella esboza una pequeña sonrisa y vuelve al libro.
-¿Vas a ir al baile? Las chicas están obsesionadas.- digo.
-¿Ah?
-¿No lo sabes? El sábado hay un baile.
-No lo sabía, no.
-¿Vas a ir?
-No. Nadie quiere ir conmigo, y no voy a ir sola. Ya os reís mucho de mí como para eso.
-Mira, Abbie, estoy intentando ayudarte. Quiero ser tu amiga, pero para que haya amistad me tienes que escuchar, ¿vale?
-Vale.
-Siento todo lo que ha pasado desde... ¿sexto?
-Empecé a ser la marginada en cuarto.
-Ah... que rápido pasa el tiempo, ¿eh?
-No para mi.
-Bueno, me tengo que ir. Seguro que alguien te pide ir al baile.- sonrío, la acaricio el brazo y me voy.

Narra Abbie
No sé porque esa chica me ha ofrecido su ayuda. Seguro que es una broma. Solo quieren reírse de mi.
Suena el timbre y me toca la hora libre. Subo a la biblioteca y cojo unos cuantos libros. Me siento en una mesa vacía y empiezo a leer.
Al rato oigo una voz que me interrumpe de mi lectura.
-Hola, Abbie Carrington.
Levanto la vista y veo a Ethan West. Es uno de los chicos más populares del instituto.
-Hola...
-Sabes quien soy, ¿verdad?
-Estaré marginada pero no soy tonta.
Él ríe.
-Eres divertida.- sonríe y se sienta enfrente.
-Todo lo que puedo ser...
-¿No te preguntas por qué te estoy molestando?
-Supongo que será una de vuestras bromas de mal gusto.
-No. Me preguntaba si vendrías al baile conmigo, la verdad.
Me quedo mirándole.
-No tiene gracia.
-Claro que no. ¿Qué me dices?
-Odio vuestras bromas.
Me levanto, recojo los libros y salgo de la biblioteca.
-Abbie.
Ethan me sigue.
-Va en serio.
Me giro y le miro.
-¿Crees que te mentiría en esto?
-¿Por qué razón quieres ir conmigo?
-Me pareces una chica interesante.- dice él sonriendo.
Me quedo pensándolo un segundo.
-Tengo que pensarlo.
-Sería un placer que Abbie Carrington me hiciera esperar.- sonríe y se va.
Miro como se aleja y sonrío un poco.