jueves, 4 de septiembre de 2014

(no es un capítulo)

Sólo quería decir que estoy subiendo una novela a wattpad, y a partir de ahora si escribo algo lo subiré por ahí. Por si no lo sabe alguien, explico qué es wattpad. Es una aplicación para leer tanto libros publicados en editoriales de todo tipo como historias inventadas por los usuarios. Tengo una cuenta desde enero o así, y llevaba desde principios de año queriendo subir una historia a wattpad, pero no sé, me parecía más sencillo esto del blog (no sabía utilizar la aplicación para subir nada).
Esta la voy a acabar por el blog, pero ya quedan pocos capítulos, calculo que alrededor de cinco, pero con el ritmo que llevo de un capítulo por década (exagerando), durará más (tiempo, no capítulos, no sé si entendéis).
He estado de vacaciones (SIN WIFI D:) así que por eso no he subido, además de que tengo un "bloqueo de escritor" con esta historia (pero la voy a acabar).
Para el que quiera leer la historia de wattpad dejo por aquí el enlace a mi perfil. Nada más.

Capítulo 20.

Noah se gira, y me mira, con las cejas en alto.
-¿De verdad ha tenido un plan ese incomprendido?- pregunta, con una falsa sorpresa en sus ojos y una mal disimulada sonrisa en los labios.
-Sí.-respondo, bajando la mirada, algo incómoda.
-Bueno, este incomprendido ha tenido un plan. Es más bien una teoría. Llevo pensándola hace horas, pero pensé que reaccionarías así, y, para eso, prefiero no compartir mis ideas incomprendidas con imbéciles como tú.- interrumpe la voz de Darren. Me giro, sobresaltada. Acaba de llegar por nuestra derecha.
-Tal vez seas tú el imbécil.- añade Noah, mirando a Darren con una ira en sus fríos ojos que yo nunca había visto.
-Discutir contigo es como hacerlo con la pared.- dice Darren, indiferente. Se da la vuelta y empieza a caminar por donde ha llegado.
Noah, fuera de sí, agarra el mango de la espada que lleva colgada en la espalda, y se acerca a Darren. Le coge por el hombro, le gira hacia él, haciendo que le mire a los ojos. Apoya el filo de su espada en su cuello. Un hilillo de sangre baja por el cuello de Darren, y este, cierra los ojos fuertemente, intentando canalizar el dolor.
-Escucha, idiota, espero que suavices tu sarcástico humor, porque me hace tanta gracia como los demonios.
Darren suelta una risita irónica.
-Vaya, Noah, parece que ya has olvidado tu pasado, ¿no? ¡Es alucinante como has pasado de adorar a los demonios, a odiarlos!- exclama, y, sin perder la calma, le empuja, aprovechando que Noah me ha mirado, con algo que parece desesperación en sus ojos. Darren aprovecha esas milésimas de segundo para alejarse de él y darle la espalda de nuevo. Yo miro a Noah y luego a Darren. ¿Noah, adorando a los demonios? ¿De qué hablaba Darren? El moreno parece haberse tomado muy mal el comentario de Darren. Se acerca a él, de nuevo, pero esta vez no se entretiene en agarrarle. Hunde el filo de su espada en el hombro del chico.
Suelto un grito de horror, a la vez de que Darren cae al suelo, con un gemido de dolor. Corro hacia él. Se agarra el hombro, que sangra mucho, con la mano derecha. Ni siquiera me giro para ver la reacción de Noah, ni para mirarle con reproche. Aparto la mano de Darren de su hombro. Retiro la manga, para ver la herida, y lo que veo no me gusta nada.
Tiene una herida, bastante profunda. Puedo ver el hueso sin dificultad. La camiseta, verde oscura, tiene una enorme mancha rojiza por toda la manga. No parece infectada. Doy gracias de que Noah limpia y desinfecta su espada cada mañana.
A pesar de que la herida parece bastante grave, no comento nada sobre ella. Me tiemblan un poco las manos cuando las acerco a la piel de Darren.
Lo noto, y parece que el chico también. Es como una corriente de energía, y, después, una onda, que hace que los mechones de mi pelo se revuelvan un tanto. Aparto las manos, temblorosa, y lo que veo me deja estupefacta. Noah mira la escena por encima de mi hombro, y parece tener la misma reacción.
La herida está prácticamente cicatrizada. Me alejo de Darren, asustada. Miro a Noah. Él está sorprendido, pero, sin duda, se distingue en sus ojos una nota de miedo. Me giro hacia Darren, que se ha levantado y se mira el hombro, como puede.
Doy unos pasos hacia atrás.
-Qué... ¿cómo lo has hecho?- pregunta, alzando la vista hacia mí.
-Yo...
-Tú.- murmuró Noah.- Eres una bruja.
Cuando escucho esas tres palabras, me ofendo, pero enseguida soy consciente de lo que me ha dicho Noah. A veces se me olvida que, en este mundo, todo puede ser en sentido literal.
-¿Qué? ¡No!
-Por supuesto.- afirma Noah, con un tono de amargura.- ¿Por qué no me lo dijiste antes? Deborah, no iba a asustarme, pero ahora...
-¡Yo no lo sabía!- exclamo, indignada.- Además, ¿por qué te molesta tanto? Como si fuese raro, con las cosas que pasan aquí...
-Oh, no es porque le extrañe.- comentó Darren, entrando en la conversación.- Es sólo que los nefilims y los hechiceros se odian a muerte. Una continua guerra...
Separo los labios, y miro a Noah, y luego a Darren. Ya sabía que era capaz de hacer cosas "diferentes", pero no esperara que mi pareja (aunque no sabría si he de llamarle así) reaccionase de esta forma. ¡Es totalmente injusto!
-Pero... ¿cómo no lo he sabido?
-Aquí entra mi teoría de la desaparición del Instituto. Probablemente, Joseph lo sabía. Yo lo suponía desde hace siglos.- añade, haciéndose el interesante.- Joseph intentaba ocultártelo, pero los hechiceros, probablemente Jade, la peor de ellos, maquinaban contra nosotros para que te enterases y te largaras de nuestro lado, uniéndote a ellos. Tienen una mente muy avanzada, los malditos.- dice entre dientes.- Habrán hecho uno de sus conjuros para que el Instituto desaparezca.
Dice todo esto con una tranquilidad impropia de él. Noah parece fuera de sí.
-Entonces, vamos a matar a esa maldita Jade.- sentencio, haciendo que los dos se giren hacia mí, extrañados. Dibujo una media sonrisa en mi cara, pero eso no sirve para que dejen de mirarme así.
-De verdad, a veces pienso que eres muy rara.- añadió Darren, frunciendo los labios.
Me encojo de hombros.
-Entonces, ¿nos vamos?- pregunta Noah.

Alguien llama a mi puerta. Debe de ser Bran. Ayer decidimos quedar a esta hora, él vendría a ayudarme.
Me levanto, con la mochila ya colgada en el hombro, y abro. Bran me dedica una sonrisa desde fuera.
-Hola, ¿qué tal?- pregunta.
-Bastante bien.- respondo, con una pequeña sonrisa. Salgo y cierro la puerta detrás de mi.
Empezamos a andar. Pasamos por el Vestíbulo, por las Salas de Entrenamientos, el Centro de Control, y, finalmente paramos en el comedor. Casi siempre está vacío, y a estas horas de la noche, no se ve ni un alma. Sé que en las cocinas hay un conducto de ventilación que da al exterior. No nos dejan salir sin el permiso de nuestros superiores, así que tendremos que salir por allí.
Cruzamos el comedor en silencio, sin mirarnos. Llegamos hasta las cocinas, y abro la puerta lentamente. Hay una luz, así que Bran y yo andamos sigilosamente.
Nos acercamos al punto de luz. Era sólo una lámpara. No vemos a nadie, así que me acerco hasta la rendija que tapa el conducto y, con ayuda de la punta de la espada de Bran, consigo forzar el candado.
El conducto es de metal; está oxidado y bastante sucio. Veo corretear a un ratón a lo lejos, y, con desagrado, decido no volver a comer comida del comedor.
-Ya está.- anuncio, y Bran se acerca. Entro por el agujero y empiezo a arrastrarme por el frío metal, con cuidado de no hacer demasiado ruido. Bran me sigue.
Andamos por el túnel durante tres cuartos de hora, y, cuando veo la luz de la luna filtrarse por las rendijas que hay en la trampilla del final, sonrío, cansada.
Me acerco y saco una daga que tenia escondida en el cinturón. Con esfuerzo, consigo abrirla. La empujo y saco la cabeza. Veo un claro, y más allá las copas de unos enormes árboles. De un salto, aterrizo en el suelo. Hay una caída de dos metros aproximadamente, y me hago daño en la pierna que he apoyado primero.
-¡Ten cuidado! Hay una caída bastante alta...- digo, agarrándome la rodilla. No presiono mucho, por miedo a hacerme más daño.
Bran cae con más sutileza que yo. Mira a su alrededor, y luego me ve a mi.
-¿Estás bien?- pregunta, preocupado.
-He caído mal...- murmuro.
Se acerca a mi y se agacha. Me levanta  el pantalón hasta por encima de la rodilla. Mi pierna está doblada en un ángulo extraño. Veo la preocupación reflejada en sus ojos.
-Creo que te la has roto...- susurra, casi sin aliento.
-Y yo creo que ya lo sabía.- digo, sin abrir los ojos.- ¡Coloca el hueso!
Sigo con los ojos cerrados, pero sé que Bran ha puesto una expresión de horror.
-¿Qué? ¡No puedo!- exclama.
-¡Por Dios, Bran! Has matado demonios sin piedad, ¿y no puedes colocar un hueso?
Con manos temblorosas, extiende los brazos hasta mi pierna. Pone una mano en el muslo y otra en la espinilla, y cierro los ojos fuertemente.
Entonces coloca el hueso. Suelto un alarido de dolor, pero el dolor se pasa un poco. Bran lo ha hecho bien.
-Gra...cias...- digo.
-De nada.- responde una voz, segura de sí misma. No es Bran. Abro los ojos, y veo a Lucca arrodillado junto a mí, separando las manos de mi pierna. Bran está sentado en el suelo un par de metros más allá.
-Lucca... yo... nosotros...- empiezo a decir, mirándole, mientras me ayuda a levantarme.
-Ya sé que hacéis aquí.- dijo, con su misteriosa sonrisa.
-¿Cómo te has enterado?- pregunto.
-Suponía que harías esta estupidez. ¿Te encuentras mejor?
Asiento con la cabeza. Cojeo un poco, pero consigo llegar hasta Bran. Se levanta, y me apoyo en él.
-Volvamos.- murmuro, y nos acercamos a Lucca para volver al edificio.
-¿Qué? ¡Vaya, que rápido desistes!- exclama el chico de pelo negro, con un tono burlón.
-¿Qué estás diciendo?- dice Bran.
-Creía que ibais a ir a buscar a la señora Carrington.
-Claro, pero está prohibido salir sin avisar, ¿o es que no nos lo vas a impedir?- digo yo, extrañada.
-¡Por supuesto que no! De hecho, pensaba acompañaros.
Bran y yo nos miramos, con sorpresa. Pensaba que Lucca seguiría las normas.
-¿Esto tiene truco?- pregunto al fin, desconfiada.
Lucca niega con la cabeza. Las primeras luces de la mañana empiezan a hacer que sus ojos, con los que nos mira divertido, brillen.
-Venga, vámonos.- dice. Empieza a andar hacia el bosque.
Lucca nos saca unos cuantos metros de distancia.
-¿Por qué crees que lo hace?- pregunto.
-Sólo hay tres opciones; o lo hace por diversión, o lo hace para tendernos una trampa o lo hace porque le importas.- responde Bran, mirándole.
Me encojo de hombros y continuamos andando, dejando atrás el enorme edificio negro.