jueves, 4 de septiembre de 2014

(no es un capítulo)

Sólo quería decir que estoy subiendo una novela a wattpad, y a partir de ahora si escribo algo lo subiré por ahí. Por si no lo sabe alguien, explico qué es wattpad. Es una aplicación para leer tanto libros publicados en editoriales de todo tipo como historias inventadas por los usuarios. Tengo una cuenta desde enero o así, y llevaba desde principios de año queriendo subir una historia a wattpad, pero no sé, me parecía más sencillo esto del blog (no sabía utilizar la aplicación para subir nada).
Esta la voy a acabar por el blog, pero ya quedan pocos capítulos, calculo que alrededor de cinco, pero con el ritmo que llevo de un capítulo por década (exagerando), durará más (tiempo, no capítulos, no sé si entendéis).
He estado de vacaciones (SIN WIFI D:) así que por eso no he subido, además de que tengo un "bloqueo de escritor" con esta historia (pero la voy a acabar).
Para el que quiera leer la historia de wattpad dejo por aquí el enlace a mi perfil. Nada más.

Capítulo 20.

Noah se gira, y me mira, con las cejas en alto.
-¿De verdad ha tenido un plan ese incomprendido?- pregunta, con una falsa sorpresa en sus ojos y una mal disimulada sonrisa en los labios.
-Sí.-respondo, bajando la mirada, algo incómoda.
-Bueno, este incomprendido ha tenido un plan. Es más bien una teoría. Llevo pensándola hace horas, pero pensé que reaccionarías así, y, para eso, prefiero no compartir mis ideas incomprendidas con imbéciles como tú.- interrumpe la voz de Darren. Me giro, sobresaltada. Acaba de llegar por nuestra derecha.
-Tal vez seas tú el imbécil.- añade Noah, mirando a Darren con una ira en sus fríos ojos que yo nunca había visto.
-Discutir contigo es como hacerlo con la pared.- dice Darren, indiferente. Se da la vuelta y empieza a caminar por donde ha llegado.
Noah, fuera de sí, agarra el mango de la espada que lleva colgada en la espalda, y se acerca a Darren. Le coge por el hombro, le gira hacia él, haciendo que le mire a los ojos. Apoya el filo de su espada en su cuello. Un hilillo de sangre baja por el cuello de Darren, y este, cierra los ojos fuertemente, intentando canalizar el dolor.
-Escucha, idiota, espero que suavices tu sarcástico humor, porque me hace tanta gracia como los demonios.
Darren suelta una risita irónica.
-Vaya, Noah, parece que ya has olvidado tu pasado, ¿no? ¡Es alucinante como has pasado de adorar a los demonios, a odiarlos!- exclama, y, sin perder la calma, le empuja, aprovechando que Noah me ha mirado, con algo que parece desesperación en sus ojos. Darren aprovecha esas milésimas de segundo para alejarse de él y darle la espalda de nuevo. Yo miro a Noah y luego a Darren. ¿Noah, adorando a los demonios? ¿De qué hablaba Darren? El moreno parece haberse tomado muy mal el comentario de Darren. Se acerca a él, de nuevo, pero esta vez no se entretiene en agarrarle. Hunde el filo de su espada en el hombro del chico.
Suelto un grito de horror, a la vez de que Darren cae al suelo, con un gemido de dolor. Corro hacia él. Se agarra el hombro, que sangra mucho, con la mano derecha. Ni siquiera me giro para ver la reacción de Noah, ni para mirarle con reproche. Aparto la mano de Darren de su hombro. Retiro la manga, para ver la herida, y lo que veo no me gusta nada.
Tiene una herida, bastante profunda. Puedo ver el hueso sin dificultad. La camiseta, verde oscura, tiene una enorme mancha rojiza por toda la manga. No parece infectada. Doy gracias de que Noah limpia y desinfecta su espada cada mañana.
A pesar de que la herida parece bastante grave, no comento nada sobre ella. Me tiemblan un poco las manos cuando las acerco a la piel de Darren.
Lo noto, y parece que el chico también. Es como una corriente de energía, y, después, una onda, que hace que los mechones de mi pelo se revuelvan un tanto. Aparto las manos, temblorosa, y lo que veo me deja estupefacta. Noah mira la escena por encima de mi hombro, y parece tener la misma reacción.
La herida está prácticamente cicatrizada. Me alejo de Darren, asustada. Miro a Noah. Él está sorprendido, pero, sin duda, se distingue en sus ojos una nota de miedo. Me giro hacia Darren, que se ha levantado y se mira el hombro, como puede.
Doy unos pasos hacia atrás.
-Qué... ¿cómo lo has hecho?- pregunta, alzando la vista hacia mí.
-Yo...
-Tú.- murmuró Noah.- Eres una bruja.
Cuando escucho esas tres palabras, me ofendo, pero enseguida soy consciente de lo que me ha dicho Noah. A veces se me olvida que, en este mundo, todo puede ser en sentido literal.
-¿Qué? ¡No!
-Por supuesto.- afirma Noah, con un tono de amargura.- ¿Por qué no me lo dijiste antes? Deborah, no iba a asustarme, pero ahora...
-¡Yo no lo sabía!- exclamo, indignada.- Además, ¿por qué te molesta tanto? Como si fuese raro, con las cosas que pasan aquí...
-Oh, no es porque le extrañe.- comentó Darren, entrando en la conversación.- Es sólo que los nefilims y los hechiceros se odian a muerte. Una continua guerra...
Separo los labios, y miro a Noah, y luego a Darren. Ya sabía que era capaz de hacer cosas "diferentes", pero no esperara que mi pareja (aunque no sabría si he de llamarle así) reaccionase de esta forma. ¡Es totalmente injusto!
-Pero... ¿cómo no lo he sabido?
-Aquí entra mi teoría de la desaparición del Instituto. Probablemente, Joseph lo sabía. Yo lo suponía desde hace siglos.- añade, haciéndose el interesante.- Joseph intentaba ocultártelo, pero los hechiceros, probablemente Jade, la peor de ellos, maquinaban contra nosotros para que te enterases y te largaras de nuestro lado, uniéndote a ellos. Tienen una mente muy avanzada, los malditos.- dice entre dientes.- Habrán hecho uno de sus conjuros para que el Instituto desaparezca.
Dice todo esto con una tranquilidad impropia de él. Noah parece fuera de sí.
-Entonces, vamos a matar a esa maldita Jade.- sentencio, haciendo que los dos se giren hacia mí, extrañados. Dibujo una media sonrisa en mi cara, pero eso no sirve para que dejen de mirarme así.
-De verdad, a veces pienso que eres muy rara.- añadió Darren, frunciendo los labios.
Me encojo de hombros.
-Entonces, ¿nos vamos?- pregunta Noah.

Alguien llama a mi puerta. Debe de ser Bran. Ayer decidimos quedar a esta hora, él vendría a ayudarme.
Me levanto, con la mochila ya colgada en el hombro, y abro. Bran me dedica una sonrisa desde fuera.
-Hola, ¿qué tal?- pregunta.
-Bastante bien.- respondo, con una pequeña sonrisa. Salgo y cierro la puerta detrás de mi.
Empezamos a andar. Pasamos por el Vestíbulo, por las Salas de Entrenamientos, el Centro de Control, y, finalmente paramos en el comedor. Casi siempre está vacío, y a estas horas de la noche, no se ve ni un alma. Sé que en las cocinas hay un conducto de ventilación que da al exterior. No nos dejan salir sin el permiso de nuestros superiores, así que tendremos que salir por allí.
Cruzamos el comedor en silencio, sin mirarnos. Llegamos hasta las cocinas, y abro la puerta lentamente. Hay una luz, así que Bran y yo andamos sigilosamente.
Nos acercamos al punto de luz. Era sólo una lámpara. No vemos a nadie, así que me acerco hasta la rendija que tapa el conducto y, con ayuda de la punta de la espada de Bran, consigo forzar el candado.
El conducto es de metal; está oxidado y bastante sucio. Veo corretear a un ratón a lo lejos, y, con desagrado, decido no volver a comer comida del comedor.
-Ya está.- anuncio, y Bran se acerca. Entro por el agujero y empiezo a arrastrarme por el frío metal, con cuidado de no hacer demasiado ruido. Bran me sigue.
Andamos por el túnel durante tres cuartos de hora, y, cuando veo la luz de la luna filtrarse por las rendijas que hay en la trampilla del final, sonrío, cansada.
Me acerco y saco una daga que tenia escondida en el cinturón. Con esfuerzo, consigo abrirla. La empujo y saco la cabeza. Veo un claro, y más allá las copas de unos enormes árboles. De un salto, aterrizo en el suelo. Hay una caída de dos metros aproximadamente, y me hago daño en la pierna que he apoyado primero.
-¡Ten cuidado! Hay una caída bastante alta...- digo, agarrándome la rodilla. No presiono mucho, por miedo a hacerme más daño.
Bran cae con más sutileza que yo. Mira a su alrededor, y luego me ve a mi.
-¿Estás bien?- pregunta, preocupado.
-He caído mal...- murmuro.
Se acerca a mi y se agacha. Me levanta  el pantalón hasta por encima de la rodilla. Mi pierna está doblada en un ángulo extraño. Veo la preocupación reflejada en sus ojos.
-Creo que te la has roto...- susurra, casi sin aliento.
-Y yo creo que ya lo sabía.- digo, sin abrir los ojos.- ¡Coloca el hueso!
Sigo con los ojos cerrados, pero sé que Bran ha puesto una expresión de horror.
-¿Qué? ¡No puedo!- exclama.
-¡Por Dios, Bran! Has matado demonios sin piedad, ¿y no puedes colocar un hueso?
Con manos temblorosas, extiende los brazos hasta mi pierna. Pone una mano en el muslo y otra en la espinilla, y cierro los ojos fuertemente.
Entonces coloca el hueso. Suelto un alarido de dolor, pero el dolor se pasa un poco. Bran lo ha hecho bien.
-Gra...cias...- digo.
-De nada.- responde una voz, segura de sí misma. No es Bran. Abro los ojos, y veo a Lucca arrodillado junto a mí, separando las manos de mi pierna. Bran está sentado en el suelo un par de metros más allá.
-Lucca... yo... nosotros...- empiezo a decir, mirándole, mientras me ayuda a levantarme.
-Ya sé que hacéis aquí.- dijo, con su misteriosa sonrisa.
-¿Cómo te has enterado?- pregunto.
-Suponía que harías esta estupidez. ¿Te encuentras mejor?
Asiento con la cabeza. Cojeo un poco, pero consigo llegar hasta Bran. Se levanta, y me apoyo en él.
-Volvamos.- murmuro, y nos acercamos a Lucca para volver al edificio.
-¿Qué? ¡Vaya, que rápido desistes!- exclama el chico de pelo negro, con un tono burlón.
-¿Qué estás diciendo?- dice Bran.
-Creía que ibais a ir a buscar a la señora Carrington.
-Claro, pero está prohibido salir sin avisar, ¿o es que no nos lo vas a impedir?- digo yo, extrañada.
-¡Por supuesto que no! De hecho, pensaba acompañaros.
Bran y yo nos miramos, con sorpresa. Pensaba que Lucca seguiría las normas.
-¿Esto tiene truco?- pregunto al fin, desconfiada.
Lucca niega con la cabeza. Las primeras luces de la mañana empiezan a hacer que sus ojos, con los que nos mira divertido, brillen.
-Venga, vámonos.- dice. Empieza a andar hacia el bosque.
Lucca nos saca unos cuantos metros de distancia.
-¿Por qué crees que lo hace?- pregunto.
-Sólo hay tres opciones; o lo hace por diversión, o lo hace para tendernos una trampa o lo hace porque le importas.- responde Bran, mirándole.
Me encojo de hombros y continuamos andando, dejando atrás el enorme edificio negro.

jueves, 3 de julio de 2014

Capítulo 19.

Me apoyo en la pared que hay frente de la puerta que da a la sala de entrenamiento, esperando a que esta se abra. Pero llevo aquí esperando ya veinte minutos, y no pasa nada. Resoplo, y me siento en el suelo. ¿Que estarán haciendo?
Decido llamar suavemente a la puerta, para no hacer demasiado ruido, pero nadie me abre.
-Me rindo.- digo para mí misma.
Empiezo a andar por el pasillo hasta llegar al vestíbulo, que es como el punto central del edificio. Allí es donde se produce el encuentro entre demonios, donde están las cajas que mantienen a salvo las pertenencias de éstos, los archivos de todos... y de las misiones. Que es lo que me interesa.
Camino entre todos los demonios; no sólo los hay con forma humana, sino también con forma animal, o simplemente deformes. Otros son mezclas.
Me acerco a la enorme pared que está llena de cajones. Sé que ahí está el archivo  que estoy buscando. 
Primero, miro en los cajones de más abajo, y descubro que están ordenados alfabéticamente. Pienso durante unos segundos, y al final decido subir las escaleras. Sí, tiene que estar en algún lado.
El archivo de mi madre.
Estoy segura de que ellos la tienen, y quiero saber dónde y cómo la están tratando. Porque si está en malas manos... bueno, no dudaré en provocar una rebelión. Si puedo, tampoco soy muy revolucionaria.
Arrugo la nariz y sigo buscando. 
-¿Qué haces aquí?- oigo una voz detrás, y me giro.
Lucca me está mirando, con una media sonrisa. Va vestido como un humano, con una camisa de cuadros negra y blanca y unos vaqueros; cosa algo rara, ya que estoy acostumbrada a verle con túnica.
-Nada. Buscaba... mi expediente.- miento.
-Vas mal.- ríe- Va por orden alfabético, y tú nombre es Abbigail, lo cual está en la A. Y tú estás en la N- entonces se acerca a mí, y me susurra al oído-. Además, te conozco lo suficiente como para saber que mientes.
Me estremezco y me separo.
-¿Qué buscabas?- pregunta, esta vez con una sonrisa completa. Suspiro y bajo la vista.
-Quería ver si hay alguna misión o expediente de mi madre.
Lucca se pasa la mano por la cara y borra la sonrisa.
-Escucha, Abbigail, no debes saber eso.
Noto como se me humedecen los ojos, asiento con la cabeza y empiezo a bajar las escaleras.
-Sin embargo...- añade él-. Puedo ayudarte.
Alzo la vista y me giro hacia él. Le abrazo, pero en seguida me separo, y le miro a los ojos.
-Pero... no debes hacerlo. Lo considerarían rebelión. Lo leí en la biblioteca y...
-Da igual.- me interrumpe-. Todos somos un poco rebeldes. La vida es mejor si rompemos las reglas. ¿O es que nunca lo has hecho?
Niego con la cabeza, y Lucca suspira con una sonrisa.
-Sígueme. Estabas buscando bien.
Se acerca a los cajones y busca en el apartado de la N.
-Mmm... Aquí.- murmura, hasta que abre un cajón.- Natalie. El apartado de tu madre.
Me acerco más y miro por encima de su hombro. Veo lo que pone en la portada. <<Natalie Carrington>>.
Le arrebato la carpeta a Lucca de las manos, que la estaba sacando.
-Paciencia, pequeño saltamontes-. dice.
Estoy apunto de abrirlo, cuando oímos la notificación de la enorme pantalla que hay, que significa que uno de los superiores va a mandar un mensaje. 
-Será mejor que te vayas-. susurra él.
-¿Qué? ¡Tengo que leerlo!
-Llévatelo. 
Entonces desabrocha mi chaqueta y esconde la carpeta bajo ella. Vuelve a abrocharla y se separa de mí.
-Vete a tu habitación.- me ordena.
Asiento y salgo corriendo, intentando ser lo más discreta posible.
En mi huida, me choco con Bran, quién me pregunta que por qué tengo tanta prisa.
-Corre, ven conmigo.- le cojo de la mano y sigo corriendo.
-¿A dónde vamos?- pregunta, sofocado, tras varios pasillos recorridos.
-A mi habitación.
Llego a la puerta de esta y saco la llave. La abro y entro, esperando a que él entre.
-Vaya.- murmura-. Qué... cuántos libros.
-Lo sé.- digo, cerrando la puerta tras él-. Bueno, estudio bastante. Ya que dejé el instituto... bueno, tendré que retomarlo.
-¿Qué pensarán tus amigos?
-Yo no tenía amigos.- me encojo de hombros.
-Ups.
Río y me siento en la cama. Bran se sienta a mi lado. 
Me abro la chaqueta, y veo por el rabillo que él alza las cejas y se sonroja. Suelto una carcajada para mí misma y saco la carpeta. La dejo sobre la cama y vuelvo a cerrar la cremallera.
Me tumbo boca abajo, para estar más cómoda.
-Natalie Carrington... esa es...- empieza a decir Bran.
-Mi madre.- corto, con una sonrisa triste.
Abro la carpeta, con manos temblorosas, y espero encontrarme toda su historia. Pero no está.
Sólo hay dos fichas; una con sus datos, y la otra con... la misión.
Comienzo a leer, y cuando acabo, miro a Bran.
-¿Pasa algo?- pregunta.
-Espero que quieras acompañarme a la búsqueda de mi madre.- digo yo, con una sonrisa.

-...no son capaces de hacer hechizos...
Abro los ojos bruscamente. Todo ha sido un sueño. Todo. Suspiro, aliviada.
Miro a la derecha, y a la izquierda, pero estoy sola. Me levanto de un salto, cojo mis armas y empiezo a andar en busca de los chicos. Ya empiezan a verse los primeros rayos de sol de la mañana. Deben de ser las seis.
Voy caminando, pensando en mi sueño. Todavía no puedo olvidarlo... Entonces noto un suave movimiento en los arbustos, pero es suficiente para ponerme alerta. Ya tengo la espada en alto, cuando veo a Noah saliendo de éstos. Suspiro, aliviada de que sea él, y bajo el arma.
-Noah-. suspiro, y le rodeo el cuello con los brazos. Siento cómo él me abraza.
-Lo siento. Había salido a buscar a Darren. Lleva toda la noche fuera, ¿sabes?
Abro mucho los ojos. ¿Toda la noche fuera...? Niego con la cabeza. Prefiero hablar con el propio Darren.
Miro a Noah, que me observa detenidamente.
-Bueno... yo... voy a buscarle...- digo, incómoda.
Él asiente, con rostro inexpresivo, y salgo corriendo. Intento llegar hasta el lugar donde nos encontramos anoche Darren y yo, pero no lo encuentro.
-¿Darren?- digo, susurrando.
Pero no obtengo respuesta.
-¡Darren!-repito, subiendo el tono de voz.
Oigo un susurro a mis espaldas, y no dudo en girarme.
-¿Darren, eres tú? ¿Noah?
Vuelvo a escuchar el susurro, y esta segunda vez me fijo en que dice cosas incoherentes. Aunque...
Alzo las manos hacia el lugar de donde proviene la voz, o más bien, el siseo, dispuesta a atacar.
Cuando estoy empezando a unir hilos y las palabras van adquiriendo sentido, otra voz me interrumpe.
-¿Qué estás haciendo?
Me giro de golpe y veo a Darren limpiando el filo de su espada con la manga de la camisa, un líquido azul oscuro, casi negro.
-Nada. ¿Qué es eso?
-Ah, no es nada. Oye, respecto a lo de anoche... yo...- empieza a decir.
-Entonces no fue un sueño.- susurro- Darren, tranquilo. Ese beso no significó nada, ya está olvidado. No va a afectar a nada.- digo con una sonrisa.
-El caso es que yo si quería que afectase a algo.- responde, apartando la mirada.
Darren se gira bruscamente.
-Dile a Noah que se vaya preparando. Tengo una ligera idea sobre cómo podemos recuperar el edificio.
Me acerco a él, y me dispongo a acariciarle el hombro, pero mi mano se para a unos milímetros de su hombro. Asiento con la cabeza y corro hacia el descampado.
-Noah, nos vamos. Darren dice que cree saber cómo recuperar el Instituto.


jueves, 26 de junio de 2014

Capítulo 18.

Abro los ojos, asustada. Todo ha sido un sueño. Miro a mi derecha, y veo a Noah dormido. Darren no está. Me levanto y decido ir a buscarle. No puede haber ido lejos, espero. Me escabullo entre los arbustos, decidida a encontrarle. Paso entre los árboles, pero no le veo. Alzo el dedo índice, recito unas palabras, y una pequeña llama aparece en mi dedo. Ahora debe de ser más fácil encontrarle, pues todo está oscuro a estas horas de la noche.
Sigo caminando sin un rumbo fijo, hasta que oigo una voz en lo alto.
-Hey, Deborah.
Alzo la vista, y giro, buscando al dueño de la voz.
-Darren, ¿dónde estás?
Alguien coloca la mano en mi hombro, y yo me giro rápidamente. Observo al chico sonriente que hay frente a mí.
-Aquí.- dice Darren.
Sonrío, y él se da la vuelta y comienza a andar. Apago la pequeña llama con un soplido y le sigo.
Se sienta sobre una roca, y me hace un hueco. Me siento a su lado, pero no hay mucho espacio, y nuestras rodillas chocan.
Miro al suelo, y luego al cielo. Está despejado, pero no se ven demasiadas estrellas, a causa de las luces de Nueva York.
Noto una mirada sobre mí, y me giro. Darren me está mirando con una media sonrisa.
-Estás muy cambiada.- dice, sin más.
-Ya. Bueno, y tú.- respondo, evitando el contacto visual.
-¿Ah, sí? ¿En que aspectos?
-Bueno, eh... Estás más alto. El pelo te ha crecido.
-¿Lo tengo mal? Hace dos años que no voy a la peluquería.
Le miro de reojo.
-Lo tienes bien. A mi me gusta.- susurro. Por suerte, en la oscuridad, no puede ver que me he puesto roja como un tomate.
-¿Nada más?
-Tienes los ojos más claros. Y... estás más guapo.- digo, todo lo bajo que puedo, esperando que no me oiga. Pero su suave risa me indica que sí. Me alejo todo lo que puedo de él, y acabo en el suelo.
Darren deja soltar una carcajada y se levanta. Me tiende la mano, y yo se la cojo.
-Gracias.- murmuro, y me levanto.
Cuando alzo la vista, veo que todavía no le he soltado la mano, cosa que hago en seguida.
Apenas pasan milésimas de segundo, cuando noto como coloca su mano, cálida, sobre mi mejilla. Le miro a los ojos. Mi cerebro piensa en separarse de él pero... pero... ¿es de verdad eso lo que quiero? Siento como el corazón empieza a tomar un ritmo alarmante, al mismo tiempo que él se acerca a mí.
Cuando quiero darme cuenta, él junta sus labios con los míos, y yo no lo evito. Le devuelvo el beso, pero intento hacerlo sin demasiada emoción. Coloca su mano libre en mi cintura, y yo le pongo las manos en los hombros, y le separo suavemente.
-Darren, esto no está bien.- digo, intentando sonar seria, pero solo consigo que me tiemble la voz aún más.
-¿Y qué es lo que está bien, Deborah? En el día de hoy ya nadie hace las cosas que debe hacer.- responde, apartándose, evidentemente molesto-. Además, ¿no te gustaban los chicos malos?
Abro la boca, para responder, pero él me corta.
-Sabes, da igual. No respondas. Buenas noches, Deborah. Vuelve con Noah, no se vaya a preocupar. Si es que a él le preocupa algo.
Suspiro y me paso la mano por la cara.
-Darren, yo no quería herir tus sentimientos... no debería haberme separado.
-¿Qué? Ah, no estoy molesto porque te hayas separado.
-¿Y por qué lo estás?
-Porque, a pesar de que fui yo quién te salvó la vida, me haces el vacío. Pero no te lo estoy echando en cara. Olvida todo esto.
-Lo siento, yo... sé que me porté mal contigo.
-No sientas pena por mí. Siéntela por ti.- dice simplemente, y desaparece entre los árboles.
¿Que sienta pena por mí? No he entendido eso último. ¿A qué se refiere?
Siento un escalofrío recorriendo mi espalda y decido volver junto a Noah.
Pero hay un problema; creo que me he perdido.
Empiezo a ponerme nerviosa. El miedo y la ansiedad hacen que imagine cosas. Veo una sombra tras mí. Me giro todo lo rápido que puedo, y cuando lo hago, oigo un movimiento de ramas a mi izquierda. Alzo las manos, cierro los ojos y comienzo a recitar unas palabras.
Como si fuera un rayo de luz, una fuerza que sale de mis manos hace que los árboles y arbustos sean invisibles.
Sonrío para mí, y a lo lejos, veo el descampado donde solía estar el Instituto. Corro hacia allí, aún con las manos en alto, y noto que me tiemblan.
Cuando llego a la explanada, veo a Noah, que ahora está despierto, de pie, mirándome atónito, con el arma en alto, pero en seguida la baja.
-¡Deby!- exclama, y se acerca- ¿Estás bien? Estoy sintiendo una presencia demoníaca. Débil, pero la siento. ¿Has visto algo extraño?
-Nada.- digo, con una pequeña sonrisa.
-¿Cómo has hecho eso?- pregunta- ¿Lo has hecho tú? El rayo ese, que ha hecho que se viese a través de los árboles.
Asiento con la cabeza.
-¿Cómo?- sigue diciendo, notablemente interesado.
-Fácil, sólo es un simple hechizo.
Abre mucho los ojos, y me mira, asombrado.
-¿Qué pasa?
-Los nefilims no son capaces de hacer hechizos.- dice, mirándome fijamente.

Nota de la escritora:
Hola, ya sé que este capítulo es bastante más corto en comparación con los demás, pero no sé como seguir, y el capítulo 17 fue bastante largo... Bueno, publicaré lo más pronto posible.(:

martes, 24 de junio de 2014

Capítulo 18. (JAJAJAJAJno)

asdfghjasdfghjklasdfghjklsdfghjklllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllluuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccccciiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaiiiiiiiiiiiiiiiiaaaaaaaaaaaiiiiiiiiiiaaaaaaaaaaaaaiaiaiaiaiaiaiaiaiaiaiaiaiaiai lalalalalalallalalalallalalalalkjeuqniisni2une12ed1d1d1d1dwjndij1nwdijsn2qnmoejwkowiejfiwojfoiwefjojojwoiwjfojfoijijwoefjwojefowjeojfojz3lijr 1r-




Y esto es lo que hago cuando me aburro,

viernes, 20 de junio de 2014

Capítulo 17.

-¿Por qué no les has matado?- me pregunta Lucca, cuando entro en su despacho-. Tenías que hacerlo. Si no lo haces tú, lo haré yo.
-No quiero hacerlo.- corto.
-¿Qué has dicho?- dice él, en tono vacilante.
-Lo has oído bien.- respondo.
Lucca se levanta bruscamente, y se pone frente a mí, a pocos centímetros. Le miro a los ojos, nerviosa. La puerta se cierra de un portazo. Doy un paso hacia atrás, con el objetivo de alejarme de su oscura mirada, pero choco contra la puerta, y me quedo sin respiración durante un segundo. Parece que puede descifrar todos mis secretos sólo con echarme un vistazo. Coloca su antebrazo en mi cuello, apretándolo contra la puerta. Noto un dolor agudo, y me cuesta más respirar. Pero está claro que no quiere hacerme daño; para ser un Señor Oscuro, como se hacen llamar éstos, le he enfadado mucho. Podría haberme matado. Debería hacerlo, por no obedecerle. ¿Por qué no lo hace?
-Soy tu superior. Tienes que hacerme caso. ¿Entiendes? Si no fuera por mí, ya estarías muerta.- dice, en un tono frío, y se aparta de mí.
-Lucca...- empiezo a decir, pero él me corta.
-Ya puedes irte.
-Pero yo...
-He dicho que te vayas. ¿O es que vas a seguir desobedeciendo?
Asiento, y antes de salir, inclino mi cabeza levemente. Se supone que debes hacerlo delante de todos los Señores Oscuros, y Lucca es uno de ellos, pero nunca he tenido que inclinarme en su presencia. Tenemos una relación especial. Bueno, todo lo especial que puedo tener con un demonio. Nos llevamos medianamente bien.
Salgo de su habitación y me dirijo a la sala de entrenamiento. Sin embargo, cuando estoy llegando, me cruzo con una demonio con pelo azul.
-Hola, Lux.- digo, y no puedo reprimir una de mis frías sonrisas. Es irónico, ya que "Lux" significa "luz" en latín, y ella es una criatura oscura.
-Hay un novato.- dice, simplemente-. En la habitación de los nuevos.
-¿Tengo que ayudarle yo?
Ella asiente y sigue andando. No me he ganado muchas confianzas aquí. Lucca me trajo por su propia voluntad, y yo nunca he querido ser un demonio. Sin embargo, mato con facilidad. Podría decirse que me odian todos. Pero me respetan. Y mucho.
Empiezo a andar hacia la gran puerta de caoba que hay al final del pasillo. La abro, y paso por la sala de la lámpara tambaleante. Todavía lo recuerdo, mi "primer día".
Abro la puerta que da a la sala llena de camas y veo que está encendida la luz de la última cama de todas, la del fondo.
Empiezo a caminar hacia allí. Veo una silueta encorvada. Tiene la cabeza entre las manos, y está sentado mirando hacia la pared. Mis pasos suenan huecos. Oigo el eco que producen mis pisadas. Llego hasta el final, y me sitúo a tres camas de distancia.
-Levántate.- digo, cortante.
Sin embargo, no se mueve.
-¿Me has oído? ¡Levántate, vamos!
Nada. Empiezo a enfurecerme.
-¿¡Es que estás sordo!?- me acerco y le giro bruscamente, cogiéndole del hombro. Nos miramos a los ojos, los suyos inexpresivos.
-Dylan.- digo en tono vacilante.
-Ahora no. Me llamo Bran, ¿recuerdas?- dice, y veo que sus ojos parecen coger algo de expresión.
Noto como se va dibujando una pequeña sonrisa en mi cara, y le abrazo. Él corresponde a mi abrazo, y siento una lágrima recorriendo mi mejilla. Le abrazo más fuerte, y nos separamos, sonriendo.
-¿Qué... qué haces aquí?- pregunto.
-Buscarte. Llevo... desde que te fuiste buscándote. Bueno, sólo me quedaba probar aquí.
-¿Cómo te han dejado entrar?- digo.
Veo que respira hondo y mira el suelo.
-Uniéndome a ellos.
Abro mucho los ojos, y le miro, atónita.
-¿Qué? No, no, no, Bran, te tienes que ir de aquí.- comento, nerviosa.
-He hecho un juramento.
-Da lo mismo. Puedo sacarte de aquí. A lo mejor no te dicen nada, acabas de llegar.
-No me quiero ir.
-¿Por qué?
-Porque llevo dos años buscándote, y cuando por fin te encuentro, no te voy a dejar aquí.
-Aquí... aquí estoy bien. No soy como vosotros.
-¿Cómo que no eres como nosotros? ¡Eres una nefilim!
-Lucca no me dijo eso. Me dijo que no soy como vosotros.
-¿Y le crees? Abbie, ¡él es un...!
-Me da igual. Bran, él es el único que me ha conseguido entender bien.
-¿Es que ahora estás enamorada de él, o qué?- dice, y parece ofendido.
-¡No!- digo, alzando la voz.
-Ya. Bueno, ¿qué tengo que hacer?- pregunta, sin mirarme.
-Bran.- digo, y me acerco a él-. Lo siento. No quería decir eso. De verdad que no me gusta.
Intento mirarle a los ojos, pero él aparta la mirada. Le cojo de la barbilla para que me mire.
Entonces me coge por la cintura, y me pega a él. Junta sus labios con los míos, y yo le miro a los ojos, pero los cierra. Hago lo mismo.
Rodeo su cuello con mis brazos y enredo mis dedos con sus mechones de pelo, que lo tiene más largo. El beso se prolonga, hasta que me quedo sin respiración y me separo.
-Te lo debía. De hace dos años.- sonríe.
Me sonrojo y bajo la vista. Nos separamos del todo y me coloco un mechón de pelo tras la oreja.
-Yo...- decimos a la vez-. Habla tú.- añadimos ambos.
Sin embargo, ninguno de los dos dice nada.
-¿Qué tengo que hacer?- pregunta, al fin.
-Oh, sí, claro.- digo, volviendo a la realidad-. Te llevaré a la sala de entrenamiento.
Bran asiente y empiezo a andar hacia la puerta, seguida por él. Cuando salimos, nos cruzamos con Lucca, que mira a Bran con rencor. Mi amigo hace lo mismo.
-¿Qué haces aquí?- pregunta Lucca, fríamente.
-Lo mismo que tú.- responde Bran, en el mismo tono.
-Escúchame, nefilim. Ahora no estás contra mí. Estás conmigo. Y yo soy tu superior, así que ándate con cuidado. Podría matarte sin esfuerzo.
-Lucca...- susurro. Él me mira durante un segundo, y luego vuelve a centrar su atención en Bran.
-¿Me has oído?- dice, en su tono de siempre, suave, pero no cálido.
-Sí.- responde Bran.
-Pues de ahora en adelante tendrás que inclinarte ante mí. Y ahora, márchate a la sala de entrenamiento. Él te mostrará el camino.
Aparece una demonio tras Lucca. Se llama Mara, la conozco. Es una chica alta, cuyo pelo negro le llega hasta la cintura. Observa a Bran con sus ojos gatunos, de un color amarillento, y con una sonrisa felina. La podría comparar con un gato perfectamente. Tiene los dientes afilados. Cuenta que nació así para despedazar animales vivos. Dios sabe si hace lo mismo con los nefilim, o incluso con los humanos. Siempre que cuenta esa historia se me ponen los pelos de punta. Claro que me lo creo. Es una chica despiadada y cruel. La da igual tener que matar a toda la raza humana, con tal de poder matar.
-¿Y Abbie? ¿Viene con nosotros?- pregunta Bran, sacándome de mis pensamientos.
-No se llama Abbie. Ahora es Abbigail. Y no va a ir. Se queda conmigo.- responde Lucca.
-¿Por qué?
-No oses cuestionarme. Ahora vete.
Cruzo una mirada con Bran, a modo de disculpa, y el niega con la cabeza y dibuja una ligera sonrisa. Luego, desaparece junto a Mara en la oscuridad de los túneles.
Un escalofrío me recorre la espalda al pensar en lo que le puede hacer ella a él. No. Bran sabe defenderse. Espero...
-¿Qué querías?- pregunto a Lucca.
-No deberías juntarte demasiado con él.
-¿Por qué?
-Es un nefilim.- dice, simplemente.
-¿Y? Ahora es de los vuestros.
-Querrás decir de los nuestros. Y me da igual. Nunca dejará de ser hijo de un ángel y un mortal.
-Yo también lo soy. ¿Acaso significa eso que no sirvo de nada? Porque no me habéis echado aún.
-Tú no eres una hija de un ángel y un mortal.
-¿No? ¿Entonces que soy?
-Abbigail, tú madre era nefilim y... bueno, tu padre era un demonio.- añade, sin mirarme.
Abro mucho los ojos. No. No. Mi padre no podía ser un demonio. Me está mintiendo. Aunque... ¿qué razón tiene para hacerlo? Llevo estos dos años confiando en Lucca ciegamente... ¿y ahora esto?
-No te creo.- consigo decir.
-Deberías hacerlo. Tu padre sólo estaba con tu madre por pura diversión. Pero un día se cansó. Toda diversión acaba, ¿no?- dice, con una sonrisa amarga-. Os abandonó a tu madre y a ti, cuando aún tenías días, y se largó con tu hermano.
-¿Tengo un... hermano?- pregunto, en tono vacilante. Él asiente.
-Tenías... él está muerto. Nunca llegaste a conocerlo.
Abro mucho los ojos, y bajo la cabeza. Siempre había querido un hermano. Y mi madre... bueno, se solía poner sentimental con ese tema. ¿Sería... por qué ya perdió un hijo?
-Luego-continúa Lucca- los Señores Oscuros decidieron matar a tu padre. Tuvo hijos con una nefilim, que tenía sangre angelical, y paterna. Eso es un grave delito aquí, ¿sabes?
La noticia de que mi padre resultó ser asesinado por demonios no me duele. Yo misma le habría matado. Por lo que nos hizo a mi madre y a mí.
-¿Y qué hizo con mi hermano?- pregunto.
-Él siguió su rumbo. Todos le dan por muerto. Apostaría a que lo está.
Cierro los ojos y me siento en el suelo, apoyando la espalda en la pared. Él se sienta a mi lado.
-Lo siento.- dice.
-No es tu culpa.
-Lo sé.
-¿Cómo sabes todo eso?
-Bueno, yo soy el Señor Oscuro que todo lo sabe.- sonríe.
-Lucca, ¿cuántos años tienes? No aparentas más de veinticinco, pero, por tu sabiduría, pareces ser muy viejo.
-Sólo tengo veintidós. ¿Muy viejo para ti?- ríe.
-No, no, no. Digo... sí...- intento decir, sonrojada.
Él sonríe y cierra los ojos. Parece muy cansado.
-A veces me das miedo.- sigo diciendo-. Pero otras veces, cuando estás cerca, siento la sensación de estar en casa, a salvo.
-Vaya, no es lo que todos piensan sobre los demonios.
-Bueno, pero tú no eres igual que ellos. Eres más amable.
-La primera vez que me lo dicen.
Me encojo de hombros y le sonrío. Él hace lo mismo.
-Oye, siento haberte gritado antes.- dice. Luego baja la voz-. Me han llegado órdenes de arriba. Mis superiores y tal. Quieren matar a esos tres nefilims cueste lo que cueste.
-¿Por qué?- pregunto.
-Bueno... es por ella.- susurra-. La temen.
-¿Deborah? Apenas tiene diecisiete años.
-Ella tiene algo en su interior. Algo oscuro.
-¿Y los de arriba la tienen miedo? ¿Qué es?- digo, incorporándome.
-Lo investigaré. No es normal. Debe de ser algo terriblemente malo para los demonios. Si los superiores a mí la temen, imagínate los inferiores.
-¿Y por qué tú no la tienes miedo?- pregunto.
Él se encoge de hombros.
-A lo mejor mi amabilidad hace que no me afecte.- dice, con una misteriosa sonrisa.

miércoles, 11 de junio de 2014

Capítulo 16.

DOS AÑOS MÁS TARDE.

Me recojo el último mechón y lo sujeto con una horquilla. Examino la coleta que acabo de hacer, satisfecha.
Me aparto del espejo y salgo de la habitación.
Voy caminando por los oscuros pasillos subterráneos. Todos me miran con respeto. Al fin y al cabo, me lo he ganado. No de la forma que quería hacerlo, pero ya está hecho, y no puedo cambiarlo.
Cuando llego hasta la habitación de Lucca, llamo a la puerta, decidida.
Esta se abre sola.
-Lucca.- digo, entrando.
Le veo sentado en su antiguo escritorio de caoba, escribiendo algo. Sé que no debo acercarme, porque debe de ser algo importante, teniendo en cuenta la furia con la que está garabatea sobre el papel.
Cuando han pasado unos minutos, se gira, con una sonrisa gélida.
-Abbigail.- dice, con su suave voz-. Que sorpresa.
Sin embargo, su rostro delata que le soy indiferente.
-Lucca, quiero volver. Tengo verles, aunque sea por un día. Llevo dos años aquí, encerrada.- pido, mostrándome lo más dura posible.
-No estás encerrada. Sales a las misiones.
-¿Esas misiones en las que tengo que matar a los míos? Además, todavía no me habéis dicho donde está mi madre.
-Ya hemos hablado esto cientos de veces. No eres como ellos. Te traicionaron.- comenta, levantándose, e ignorando el tema de mi madre.
-Me da igual.
-No debería darte igual.
Le miro a sus ojos negros como pozos, desafiante. Su expresión muestra serenidad.
-De todas formas, ahora tienes que ir a otra misión.- dice, dándose la vuelta.
-¿Cuántas llevo ya? Ni siquiera pertenezco a ningún rango alto. Y soy la que más nefilims mata.
-Si quieres volver, te tendremos que considerar como un demonio en condiciones. Todavía piensas que eres nefilim.
-No es verdad.- replico. <<Muy maduro>> pienso.
Él ríe y me toca el hombro.
-Tranquila. Los verás muy pronto.
No acabo de entender esa frase, pero no pregunto nada más.
Salgo de allí y vuelvo a mi habitación, preparada para exterminar más nefilims.

-A la de tres entramos.- susurra Noah.
Asiento con la cabeza y él empieza.
Uno... dos... tres.
Pega una patada a la puerta y esta se abre, chocando con la pared.
Miramos en la habitación, con las armas en alto, pero no hay nada.
Noah suelta una maldición.
-Otra vez nos hemos confundido.- digo.
-Lo sé...- se gira y mira el pasillo, frotándose la barbilla.
-Todo ese tiempo perdido inmovilizando a esos tíos...- resopla.
Río y me sitúo a su lado, observando el pasillo, donde hay muchos hombres atados, apoyados en la pared.
-Tranquilo. No desistas.
-No lo haré. Llevamos dos años buscando, pero no importa. No importa.
Me pongo frente a él y deposito un suave beso en sus labios. Sonríe y pasa su brazo izquierdo por mis hombros.
-Está bien. Vámonos.- sonrío.
Empezamos a caminar, de vuelta al Instituto. No estamos demasiado lejos, así que decidimos ir andando. De vez en cuando, miro a Noah de reojo, y no puedo reprimir una sonrisa. Está guapísimo. Cojo su mano y camino más cerca de él.
No tardamos demasiado en llegar; a la media hora ya estamos saliendo de la ciudad. Sin embargo, cuando llegamos a las afueras, al camino que conduce al Instituto, me quedo boquiabierta.
No hay nada. Literalmente. Ni la verja.
Observo el descampado, vacío, acostumbrada siempre a ver el viejo edificio. Me acerco, lentamente, y cruzo el punto en el que, esta misma mañana, estaba la verja. Camino sobre el territorio en el que se encontraba en Instituto, atónita. No está. Ni siquiera es invisible.
Me giro hacia Noah, que mira al frente, sin expresión en el rostro. Ni tristeza, ni miedo, ni alegría. Sin embargo, cuando le miro a los ojos, veo algo.
Venganza.
Observo como mueve los labios, susurrando algo, pero no llego a oírlo.
Al fin, consigo decir:
-¿Qué ha pasado?
Noah me mira, serio.
-Espero que no tuvieras nada importante allí dentro.- comenta, sin más. Luego se da la vuelta y empieza a andar hacia la ciudad de nuevo.
-¿Qué? ¡Claro que tenía algo ahí dentro! ¡Recuerdos!- exclamo.
-No vivas en el pasado.- dice sin mirarme.
-Noah.
Corro hacia él, y consigo cogerle del brazo.
-Noah.- repito-. Tenemos que averiguar que ha pasado. ¿Dónde están los demás? A lo mejor nos hemos confundido y no es este el...
-Vámonos. Volvamos a la ciudad.
-¡No! Tenemos que quedarnos a esperarles, a ver que pasa y...
-Que no.- dice, aún más serio-. Vámonos. No podemos pasarnos la vida aquí.
-Vete tú, si quieres, yo...
-Shh.- susurra, mirando hacia los lados.
-¡No tienes que man...!- empiezo a decir, indignada, pero Noah coloca su mano sobre mi boca, evitando que hable.
-Corre. Vete de aquí. Búscales en la ciudad.- susurra él, en mi oído.
Noto un leve movimiento en los arbustos de enfrente. A los quince segundos, estamos rodeados.
-En guardia, Deborah.- me dice Noah, juntando su espalda con la mía.
Examino a la gran cantidad de demonios que hay a nuestro alrededor.
Sólo demonios, ni un sólo engendro.
-Atacad.- oigo una fría voz, pero no puedo encontrar a su dueño.
El círculo se va haciendo más pequeño. Y más. Son veinte contra dos.
-Idiota.- dice Noah-. Deberías haber huido.
-¿Y dejarte solo con todo este lío? Me voy a quedar para molestar lo máximo que pueda.
-Y yo.- no le veo la cara, pero sé que sonríe.
Entonces el primer demonio lanza una estocada contra mi. Sin embargo, hago un rápido giro de muñeca, apartando su espada con mi cuchillo. Pronto, le derribo. Tal vez sean un enorme ejército, pero no son muy fuertes. Apenas tengo diecisiete años, y les venzo sin demasiado esfuerzo. Al fin y al cabo, más vale calidad antes que cantidad.
Veo que un demonio, me está acechando desde un árbol, arco en mano. En cuanto ve que le detecto, apunta y lanza una flecha contra mí. Me agacho, y consigo esquivarla. Tanteo en mi espalda, buscando algo que me pueda servir. Nada. Me agacho, cojo una daga que tenía en la bota, y la lanzo. Diana. El hombre cae del árbol, probablemente muerto.
Esta vez, me ataca una demonio. Con un grito, salta sobe mí. No me da tiempo a reaccionar, y cae encima mía, tirándome al suelo.
Apoya su afiladísimo cuchillo sobre mi cuello, y me inmoviliza las piernas y los brazos.
Cada vez va ejerciendo mayor presión sobre mi cuello. En cuanto me mueva un milímetro, me hará un corte, bastante profundo.
Empieza a manar un pequeño hilo de sangre, y con él, también crecen mis nervios.
La mujer dibuja una sonrisa torcida, enseñándome todos sus dientes, afilados. Yo la miro horrorizada.
Sin embargo, la sonrisa se la congela en los labios, y su cadáver cae sobre mí, aplastándome.
Alguien le pega una patada, y este rueda hacia la derecha. Cuando quedo libre, me levanto y miro a mi salvador.
Darren va completamente vestido de negro. Su cara ha cambiado muchísimo. Pero yo reconocería esa pequeña sonrisa de satisfacción en cualquier lugar.
Giro la cabeza, y sigo luchando. Ya sólo quedan cuatro demonios, que nos inmovilizan.
Estamos perdidos.
Una sombra aparece entre los arbustos. Una figura femenina, con una capucha negra.
-Soltadles.- ordena. Sí, es la misma voz que antes había mandado atacar. Los demonios se apartan, algo enfadados. Debe de ser un fastidio no poder matar a tu gran enemigo, cuando le tienes entre las manos. Pero siguen entre ella y nosotros, sin tocarnos.
-Vaya.- oigo susurrar a la mujer. Veo una sonrisa cansada en su rostro-. Me encantaría que me permitierais matarles a mí. Sería un honor.
Los demonios se apartan, dejando espacio para que ella pase.
Cuando se acerca, desenfunda una enorme espada que tiene colgada a la espalda. Coloca el filo entre sus ojos, que miran al frente, sin ninguna emoción, al igual que su voz.
Alza la espada ante mí, y yo cierro los ojos, y cojo de la mano a Noah, como puedo, esperando mi muerte. Pero no llega. ¿Por qué?
Cuando abro los ojos, veo que ella ha dirigido la espada hacia los demonios, y con un rápido giro de muñeca, mata a uno. Los otros tres la miran, atónitos. Pero no les da tiempo a replicar, porque rápidamente llega su fin. La mujer les mata, sin esfuerzo.
Luego se gira hacia nosotros. Su espada está cubierta de un oscuro líquido rojo. Sangre.
Luego, alza la espada, y la clava en la tierra, a unos milímetros de mi cuerpo. Luego, se aleja, y lanza dos pequeñas y mortales dagas, que quedan a poca distancia de los cuerpos de Noah y Darren.
Se vuelve a acercar, y limpia el filo de su espada con la mano. Luego se acerca a mí, y esparce sangre de demonio por mi cara, mi cuello y mis alrededores. Luego, hace lo mismo con Noah y Darren.
Se levanta, y susurra:
-No os mováis. O la próxima vez me tocará mataros.
Entonces se gira y sale corriendo.
En esta huida, consigo ver que un mechón pelirrojo sale de la capucha. Ella lo oculta rápidamente, y desaparece entre las sombras del anochecer.