viernes, 20 de junio de 2014

Capítulo 17.

-¿Por qué no les has matado?- me pregunta Lucca, cuando entro en su despacho-. Tenías que hacerlo. Si no lo haces tú, lo haré yo.
-No quiero hacerlo.- corto.
-¿Qué has dicho?- dice él, en tono vacilante.
-Lo has oído bien.- respondo.
Lucca se levanta bruscamente, y se pone frente a mí, a pocos centímetros. Le miro a los ojos, nerviosa. La puerta se cierra de un portazo. Doy un paso hacia atrás, con el objetivo de alejarme de su oscura mirada, pero choco contra la puerta, y me quedo sin respiración durante un segundo. Parece que puede descifrar todos mis secretos sólo con echarme un vistazo. Coloca su antebrazo en mi cuello, apretándolo contra la puerta. Noto un dolor agudo, y me cuesta más respirar. Pero está claro que no quiere hacerme daño; para ser un Señor Oscuro, como se hacen llamar éstos, le he enfadado mucho. Podría haberme matado. Debería hacerlo, por no obedecerle. ¿Por qué no lo hace?
-Soy tu superior. Tienes que hacerme caso. ¿Entiendes? Si no fuera por mí, ya estarías muerta.- dice, en un tono frío, y se aparta de mí.
-Lucca...- empiezo a decir, pero él me corta.
-Ya puedes irte.
-Pero yo...
-He dicho que te vayas. ¿O es que vas a seguir desobedeciendo?
Asiento, y antes de salir, inclino mi cabeza levemente. Se supone que debes hacerlo delante de todos los Señores Oscuros, y Lucca es uno de ellos, pero nunca he tenido que inclinarme en su presencia. Tenemos una relación especial. Bueno, todo lo especial que puedo tener con un demonio. Nos llevamos medianamente bien.
Salgo de su habitación y me dirijo a la sala de entrenamiento. Sin embargo, cuando estoy llegando, me cruzo con una demonio con pelo azul.
-Hola, Lux.- digo, y no puedo reprimir una de mis frías sonrisas. Es irónico, ya que "Lux" significa "luz" en latín, y ella es una criatura oscura.
-Hay un novato.- dice, simplemente-. En la habitación de los nuevos.
-¿Tengo que ayudarle yo?
Ella asiente y sigue andando. No me he ganado muchas confianzas aquí. Lucca me trajo por su propia voluntad, y yo nunca he querido ser un demonio. Sin embargo, mato con facilidad. Podría decirse que me odian todos. Pero me respetan. Y mucho.
Empiezo a andar hacia la gran puerta de caoba que hay al final del pasillo. La abro, y paso por la sala de la lámpara tambaleante. Todavía lo recuerdo, mi "primer día".
Abro la puerta que da a la sala llena de camas y veo que está encendida la luz de la última cama de todas, la del fondo.
Empiezo a caminar hacia allí. Veo una silueta encorvada. Tiene la cabeza entre las manos, y está sentado mirando hacia la pared. Mis pasos suenan huecos. Oigo el eco que producen mis pisadas. Llego hasta el final, y me sitúo a tres camas de distancia.
-Levántate.- digo, cortante.
Sin embargo, no se mueve.
-¿Me has oído? ¡Levántate, vamos!
Nada. Empiezo a enfurecerme.
-¿¡Es que estás sordo!?- me acerco y le giro bruscamente, cogiéndole del hombro. Nos miramos a los ojos, los suyos inexpresivos.
-Dylan.- digo en tono vacilante.
-Ahora no. Me llamo Bran, ¿recuerdas?- dice, y veo que sus ojos parecen coger algo de expresión.
Noto como se va dibujando una pequeña sonrisa en mi cara, y le abrazo. Él corresponde a mi abrazo, y siento una lágrima recorriendo mi mejilla. Le abrazo más fuerte, y nos separamos, sonriendo.
-¿Qué... qué haces aquí?- pregunto.
-Buscarte. Llevo... desde que te fuiste buscándote. Bueno, sólo me quedaba probar aquí.
-¿Cómo te han dejado entrar?- digo.
Veo que respira hondo y mira el suelo.
-Uniéndome a ellos.
Abro mucho los ojos, y le miro, atónita.
-¿Qué? No, no, no, Bran, te tienes que ir de aquí.- comento, nerviosa.
-He hecho un juramento.
-Da lo mismo. Puedo sacarte de aquí. A lo mejor no te dicen nada, acabas de llegar.
-No me quiero ir.
-¿Por qué?
-Porque llevo dos años buscándote, y cuando por fin te encuentro, no te voy a dejar aquí.
-Aquí... aquí estoy bien. No soy como vosotros.
-¿Cómo que no eres como nosotros? ¡Eres una nefilim!
-Lucca no me dijo eso. Me dijo que no soy como vosotros.
-¿Y le crees? Abbie, ¡él es un...!
-Me da igual. Bran, él es el único que me ha conseguido entender bien.
-¿Es que ahora estás enamorada de él, o qué?- dice, y parece ofendido.
-¡No!- digo, alzando la voz.
-Ya. Bueno, ¿qué tengo que hacer?- pregunta, sin mirarme.
-Bran.- digo, y me acerco a él-. Lo siento. No quería decir eso. De verdad que no me gusta.
Intento mirarle a los ojos, pero él aparta la mirada. Le cojo de la barbilla para que me mire.
Entonces me coge por la cintura, y me pega a él. Junta sus labios con los míos, y yo le miro a los ojos, pero los cierra. Hago lo mismo.
Rodeo su cuello con mis brazos y enredo mis dedos con sus mechones de pelo, que lo tiene más largo. El beso se prolonga, hasta que me quedo sin respiración y me separo.
-Te lo debía. De hace dos años.- sonríe.
Me sonrojo y bajo la vista. Nos separamos del todo y me coloco un mechón de pelo tras la oreja.
-Yo...- decimos a la vez-. Habla tú.- añadimos ambos.
Sin embargo, ninguno de los dos dice nada.
-¿Qué tengo que hacer?- pregunta, al fin.
-Oh, sí, claro.- digo, volviendo a la realidad-. Te llevaré a la sala de entrenamiento.
Bran asiente y empiezo a andar hacia la puerta, seguida por él. Cuando salimos, nos cruzamos con Lucca, que mira a Bran con rencor. Mi amigo hace lo mismo.
-¿Qué haces aquí?- pregunta Lucca, fríamente.
-Lo mismo que tú.- responde Bran, en el mismo tono.
-Escúchame, nefilim. Ahora no estás contra mí. Estás conmigo. Y yo soy tu superior, así que ándate con cuidado. Podría matarte sin esfuerzo.
-Lucca...- susurro. Él me mira durante un segundo, y luego vuelve a centrar su atención en Bran.
-¿Me has oído?- dice, en su tono de siempre, suave, pero no cálido.
-Sí.- responde Bran.
-Pues de ahora en adelante tendrás que inclinarte ante mí. Y ahora, márchate a la sala de entrenamiento. Él te mostrará el camino.
Aparece una demonio tras Lucca. Se llama Mara, la conozco. Es una chica alta, cuyo pelo negro le llega hasta la cintura. Observa a Bran con sus ojos gatunos, de un color amarillento, y con una sonrisa felina. La podría comparar con un gato perfectamente. Tiene los dientes afilados. Cuenta que nació así para despedazar animales vivos. Dios sabe si hace lo mismo con los nefilim, o incluso con los humanos. Siempre que cuenta esa historia se me ponen los pelos de punta. Claro que me lo creo. Es una chica despiadada y cruel. La da igual tener que matar a toda la raza humana, con tal de poder matar.
-¿Y Abbie? ¿Viene con nosotros?- pregunta Bran, sacándome de mis pensamientos.
-No se llama Abbie. Ahora es Abbigail. Y no va a ir. Se queda conmigo.- responde Lucca.
-¿Por qué?
-No oses cuestionarme. Ahora vete.
Cruzo una mirada con Bran, a modo de disculpa, y el niega con la cabeza y dibuja una ligera sonrisa. Luego, desaparece junto a Mara en la oscuridad de los túneles.
Un escalofrío me recorre la espalda al pensar en lo que le puede hacer ella a él. No. Bran sabe defenderse. Espero...
-¿Qué querías?- pregunto a Lucca.
-No deberías juntarte demasiado con él.
-¿Por qué?
-Es un nefilim.- dice, simplemente.
-¿Y? Ahora es de los vuestros.
-Querrás decir de los nuestros. Y me da igual. Nunca dejará de ser hijo de un ángel y un mortal.
-Yo también lo soy. ¿Acaso significa eso que no sirvo de nada? Porque no me habéis echado aún.
-Tú no eres una hija de un ángel y un mortal.
-¿No? ¿Entonces que soy?
-Abbigail, tú madre era nefilim y... bueno, tu padre era un demonio.- añade, sin mirarme.
Abro mucho los ojos. No. No. Mi padre no podía ser un demonio. Me está mintiendo. Aunque... ¿qué razón tiene para hacerlo? Llevo estos dos años confiando en Lucca ciegamente... ¿y ahora esto?
-No te creo.- consigo decir.
-Deberías hacerlo. Tu padre sólo estaba con tu madre por pura diversión. Pero un día se cansó. Toda diversión acaba, ¿no?- dice, con una sonrisa amarga-. Os abandonó a tu madre y a ti, cuando aún tenías días, y se largó con tu hermano.
-¿Tengo un... hermano?- pregunto, en tono vacilante. Él asiente.
-Tenías... él está muerto. Nunca llegaste a conocerlo.
Abro mucho los ojos, y bajo la cabeza. Siempre había querido un hermano. Y mi madre... bueno, se solía poner sentimental con ese tema. ¿Sería... por qué ya perdió un hijo?
-Luego-continúa Lucca- los Señores Oscuros decidieron matar a tu padre. Tuvo hijos con una nefilim, que tenía sangre angelical, y paterna. Eso es un grave delito aquí, ¿sabes?
La noticia de que mi padre resultó ser asesinado por demonios no me duele. Yo misma le habría matado. Por lo que nos hizo a mi madre y a mí.
-¿Y qué hizo con mi hermano?- pregunto.
-Él siguió su rumbo. Todos le dan por muerto. Apostaría a que lo está.
Cierro los ojos y me siento en el suelo, apoyando la espalda en la pared. Él se sienta a mi lado.
-Lo siento.- dice.
-No es tu culpa.
-Lo sé.
-¿Cómo sabes todo eso?
-Bueno, yo soy el Señor Oscuro que todo lo sabe.- sonríe.
-Lucca, ¿cuántos años tienes? No aparentas más de veinticinco, pero, por tu sabiduría, pareces ser muy viejo.
-Sólo tengo veintidós. ¿Muy viejo para ti?- ríe.
-No, no, no. Digo... sí...- intento decir, sonrojada.
Él sonríe y cierra los ojos. Parece muy cansado.
-A veces me das miedo.- sigo diciendo-. Pero otras veces, cuando estás cerca, siento la sensación de estar en casa, a salvo.
-Vaya, no es lo que todos piensan sobre los demonios.
-Bueno, pero tú no eres igual que ellos. Eres más amable.
-La primera vez que me lo dicen.
Me encojo de hombros y le sonrío. Él hace lo mismo.
-Oye, siento haberte gritado antes.- dice. Luego baja la voz-. Me han llegado órdenes de arriba. Mis superiores y tal. Quieren matar a esos tres nefilims cueste lo que cueste.
-¿Por qué?- pregunto.
-Bueno... es por ella.- susurra-. La temen.
-¿Deborah? Apenas tiene diecisiete años.
-Ella tiene algo en su interior. Algo oscuro.
-¿Y los de arriba la tienen miedo? ¿Qué es?- digo, incorporándome.
-Lo investigaré. No es normal. Debe de ser algo terriblemente malo para los demonios. Si los superiores a mí la temen, imagínate los inferiores.
-¿Y por qué tú no la tienes miedo?- pregunto.
Él se encoge de hombros.
-A lo mejor mi amabilidad hace que no me afecte.- dice, con una misteriosa sonrisa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario