domingo, 8 de junio de 2014

Capítulo 15.

Llevo horas despierta, pero no me atrevo a abrir los ojos. Debo de estar en un lugar oscuro y húmedo, porque hace mucho frío y huele fatal.
Al fin, abro el ojo derecho, que es el que seguramente menos se me vea, ya que tengo apoyada la mejilla derecha en el colchón en el que estoy tumbada.
Sólo veo el débil resplandor de una vela. Cuando me acostumbro, consigo diferenciar muchas más camas como la mía. Esto parece un antiguo manicomio.
Un escalofrío me recorre la espalda.
Me siento al borde de la cama y busco, a tientas, mis botas. Me han quitado la camisa, pero sigo llevando otra más estrecha. 
Toco la punta de una de las botas, y al fin encuentro las dos. Me calzo y me levanto, pero a la milésima de segundo, me caigo. Tengo las piernas dormidas. ¿Cuánto tiempo llevo aquí?
Me decido ha coger la vela y alumbrar mi camino, pero en seguida desecho la idea. Podrían descubrirme, sean quién sean. 
Alcanzo la pared y me empiezo a desplazar, apoyada en ella, para no caerme. Cuando llevo un minuto caminando, después de toparme con varias camas, veo una débil rendija de luz. Debe de ser una puerta.
Pongo la mano en el pomo, que está helado. Antes de abrirlo, cojo un largo palo de metal que hay al lado. No puedo verlo, así que no puedo determinar su utilidad.
Abro la puerta, con el palo al frente, pero no veo rastro de vida. Paso a una habitación pobremente decorada; una mesa, dos sillas, una alfombra, que, en cuanto la piso, se levanta una espesa nube de polvo, y una lámpara balanceándose en el techo. 
Todo está en silencio, menos el ligero crujir de la lámpara al moverse. 
Intento poner el funcionamiento mi zonk para teletransportarme, pero no funciona. No me pregunto por qué.
Suspiro; no hay puertas por las que escapar.
Me giro, y, en cuanto lo hago, veo a un chico alto, de pelo negro, ojos del mismo color, y pálido como la nieve. Este me mira con superioridad, y con una sonrisa maliciosa en los labios.
-¿Intentando escapar?- dice, con una voz suave e hipnotizante.
-¿Quién eres? ¿Y qué quieres de mí?- digo, intentando sonar dura, pero me tiembla la voz.
-Oh, me ofende que no me recuerdes. 
-No lo hago.
-Soy Lucca. Luché contra tu novio, y tú nos estabas espiando.- ríe, irónicamente-. Espiando e intentando irte sin decir adiós. ¿Acaso los nefilims no te enseñaron educación, niñita? Ya veo, no deberían existir.
-No me llames niñita. Y que sepas, que allí hay más de la mitad de educación que tenéis vosotros, demonio. Y no es mi novio.
-Oh, eso debe dolerte, ¿no? Con lo que tú le quieres...
Levanto el palo y lo dirijo hacia él, con toda la fuerza que mis brazos me permiten. Sin embargo, una fuerza me frena.
-¿Qué? Yo no haría eso.- dice, borrando la sonrisa de la cara-. ¿Acaso quieres que ellos se enfaden?- señala hacia el techo.
Yo miro hacia arriba, pero no veo nada más que la lámpara colgando.
-¿Quiénes?
-Oh, ya lo verás. Ya les conocerás.
-No, porque me voy a ir de aquí. Todos los nefilims vendrán a buscarme. Y entonces te matarán. Dylan te matará. Te odia.
Lucca deja soltar una carcajada.
-¿No sabes que a ellos les eres indiferente? Eres una maldita mutación. Nadie te quiere, ¿me oyes? Él te engañó en todo, sólo te atrajo a ellos porque eres diferente. Eres su juguete. Además, ni siquiera se llama Dylan. Bran es su nombre. Sólo hay un lugar en el que te apreciarán, aunque sea de una forma un tanto peculiar. Y es aquí.
<<¿Mutación?>>. Eso es lo único en lo que puedo pensar.
-¿Y por qué iba yo a quedarme con vosotros?- digo, enfadada.
-Aquí de aprecian. Allí, no. Vamos, mírate.
Entonces, hace que me gire, y veo un espejo que antes no había allí. Me acerco y toco mi imagen. Mi mano del otro lado choca con la mía.
Observo el espejo: tengo el pelo muy sucio y enredado, toda mi ropa está arrugada, tengo unas enormes medias lunas bajo mis ojos, y la cara llena de sangre seca. <<¿Cuántos días llevo aquí?>> me digo.
-Cinco días. Hoy hacen seis.- dice Lucca, adivinando lo que pensaba-. ¿Han venido tu amado Dylan a rescatarte, preciosa? Veo que no.
Una lágrima recorre mi mejilla, y, al limpiarla, un poco de sangre se borra.
Lucca aparece detrás de mí. Veo su reflejo en el espejo.
-¿De verdad quieres seguir en estas condiciones? No van a volver.- entonces, me tiende la mano-. Ven con nosotros.
Miro su mano, implacablemente limpia. Cierro los ojos y suspiro. 
Tomo su mano, y veo que él sonríe de una forma que me hace sentir escalofríos.


-Vamos, vamos, Deborah. Tenemos que seguir planeando esto.- me grita Anna-. No te distraigas.
Esta es ya la séptima reunión que tenemos sobre el rescate de Abbie. Pero, a las tres últimas, solo hemos acudido Anna, Gina, Noah y yo.
El violento amigo de Abbie, Ethan, desapareció la misma noche del rapto. Bueno, era su primera vez como lobo, así que es normal que no haya vuelto.
Joseph nunca sale de su biblioteca, lo cual es normal. Es mejor aislarse del mundo. Sólo he hablado con él una vez, y no me cayó demasiado bien.
Darren lleva días sin salir de su habitación; no deja a nadie entrar. No sabemos que estará haciendo.
Dylan salió en busca de Abbie en seguida, sin avisar. Así que se fue solo.
El chico rubio y callado, Jake, desapareció la misma noche. Noah dice que ese chico nunca le cayó bien. De hecho, dice, le tenía asco. Mucho asco. Y duda de que él se haya llevado a Abbie. Pero él era un chico muy inexperto, así que no sabría como teletransportarla.
Todo eso hace que Anna quede al mando, ya que es la más cercana al líder (que es Darren).
Seguimos planeando esto durante una hora más, pero no sale ninguna idea buena. Cuando ya no puedo aguantarlo más, me levanto.
-Voy al baño.- digo.
Noah se levanta también.
-Yo me voy porque esto es aburrido, y no nos sirve de nada. No sirves de líder.- dice, mirando a Anna-. Eres una niña.
-Sólo eres un año mayor.- dice esta-. ¿Qué te crees?
Noah se encoge de hombros y sale, sin decir nada.
-Será...- empieza a decir Gina.
-Adiós, chicas.- digo, y salgo. Intento seguir a Noah, pero no le encuentro.
Cuando me quiero dar cuenta, veo que está sonriéndome detrás de mí.
-¿A quién buscabas?- pregunta, con una media sonrisa.
Yo me acerco y le sonrío.
-A ti.
-Eso está bien, eso está bien.
-Ya.
Se acerca a mi, y yo me pongo de puntillas.
Sin embargo, en vez de besarme, se acerca a mi oído y me susurra:
-Te quiero, Deborah.
Cierro los ojos. Sus labios están rozando mi oreja suavemente. Le giro la cara y le beso con todo el amor que puedo. Él responde a mi beso.
-Y yo a ti.- digo.
Esta vez es él quien me besa.
-Tengo una ligera idea de dónde podría estar Abbie. Pero quiero ir solo contigo. Yo... no confío en ellos.- susurra.
Sé que Noah no se siente a gusto aquí, pero no le queda más remedio. Sin embargo, no sé porqué no se siente bien.
-Mi amor...- digo, y le abrazo.
-¿Vendrás conmigo?
-Contigo iría hasta el fin del mundo.- sonrío, y nos volvemos a fundir en un beso.


4 comentarios:

  1. Abbie ya se parece algo más a mi :al principio la dejan marginada y tiene unas ojerazas tamaño xxl !! XD
    En el resto somos completamente distintas
    Viva Noah
    Y Dylan sobre todo ks un amor

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  2. Ala, intentaré no dejarte marginada JAJAJA.
    Noah es mucho amor.
    Pero Dylan más.
    Ahí lo digo todo c:

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  3. Noah es mucho más amor
    Viva Noah!!
    Viva Darren!!!!!

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