-Tal vez podría estar... no sé. ¿Y si la han llevado a otra dimensión?- digo, horrorizada.
-No pueden hacer eso. No sin ayuda de un brujo, o de un nefilim, tal vez.
Respiro hondo y apoyo la cabeza en mi mano. Dylan sigue buscando en un gran libro negro, que tiene abierto sobre la mesa, alguna posibilidad de que podamos encontrar a mi madre.
-Pero, ¿estás segura de que la tienen ellos?- dice.
-Segurísima... es una intuición.
-Me fío.- responde, encogiéndose de hombros-. Voy a hablar con Joseph, tú ve a ver como va tu amiguito licántropo. Si me caía mal antes, imagínate ahora.- dice, poniendo cara de asco.
Yo le empujo suavemente y sonrío.
-No te pases. A mi me parece muy buen chico.
-Eso es porque estás coladita por él.- ríe, y aparta la vista.
Niego con la cabeza, sonriendo y abro la puerta para salir, pero me giro hacia Dylan.
-Gracias. Por todo...- añado.
-De nada.- dice, en voz baja, con una media sonrisa.
Salgo de su cuarto y empiezo a andar por el pasillo, hasta que me choco con alguien.
Levanto la vista, y miro a Deborah.
-Ah, hola.- digo.
-¿Qué tal?- sonríe.
-¿De dónde vienes?
-Oh, estaba en el jardín interior...- noto que empieza a sonrojarse.
-Ya... ¿y con quién estabas?- río.
-Con Noah.- yo empiezo a sonreír, preparada para bromear, pero ella me corta-. Sólo somos amigos.
-Yo no diría eso, cuando os pasáis el día juntos. ¿Qué hacéis tanto rato juntos?- ella abre la boca para responder, pero antes añado-: Sabes, no quiero saberlo.
-¿A dónde vas tú?
-A ver a Ethan.
-Uuh.
-Calla.
Reímos las dos, y me despido con la mano. Sigo andando. Sólo han pasado cuatro días, pero ya nos llevamos genial. Es como una hermana pequeña, aunque sólo nos llevamos un año. Bueno, dos.
Sé que nadie se ha acordado de que hoy es mi cumpleaños, pero no quiero que lo hagan. Así mejor. Yo lo paso fatal cuando me felicitan, además, odio envejecer.
Llego a la puerta de la habitación de invitados, y llamo suavemente a la puerta. Como nadie responde, abro y entro.
Me encuentro a Ethan sentado en la cama, dormido, con la cabeza apoyada en la mano. Sonrío y le acomodo. Luego me siento a los pies de su cama.
Cuando pasa aproximadamente una hora, y yo me estoy quedando dormida, él empieza a abrir los ojos.
-Buenos días.- susurro.
-Hola. Felicidades.- dice, con cara de dormido y con una sonrisa torcida.
Suspiro y sonrío, cerrando los ojos.
-Gracias.
-¿Cómo te sientes al tener diecisiete? Los dieciséis siempre son más emocionantes.
-Me siento absolutamente igual. Más vieja.
Él ríe, y se levanta, sentándose enfrente de mí.
-¿Quieres hacer algo especial por tu cumpleaños?
-Supongo que me dedicaré a preparar este sitio para esta noche. Hoy hay luna llena, ¿sabes? Debes sentirte más... animal. No es ofensivo, eh.
-Tranquila. Bueno, a ver que pasa. Sin embargo, eso no es un regalo de cumpleaños.- dice, acercándose.
-Bueno, no necesito más.
-¿Segura?
-Segura.
-Vaya.
Veo que sus ojos se vuelven un poco más amarillos, y me asusto un poco. ¿Quién sabe lo que puede llegar a hacer...?
Cierro los ojos, y cuando los abro, tengo a Ethan a milímetros.
-Ethan...
Sin embargo, él me calla con un beso. Y otro. Y otro. No son besos con amor, ni cariño, ni nada por el estilo. Son besos de ansia. Intento separarme, pero no puedo. No sabía que al convertirte en licántropo se volviera tan fuerte...
Rodea mi cintura con sus brazos, y puedo separarme el suficiente tiempo para decir algo.
-Para ya. Para.
-¿Qué? Pensaba que te gustaba...
-Y me gustas, pero así no. Este no eres tú, Ethan, es tu lobo interior, y lo sabes.
Pero no me escucha, y vuelve a besarme, esta vez presionando más sus labios contra los míos. El corazón me va a mil por hora. No puedo respirar. Consigo separarme y pegar un grito.
Al rato, la puerta se abre de golpe, y por el rabillo del ojo, consigo ver la figura esbelta de Dylan. Este salta sobre Ethan, y le pone un cuchillo en la garganta. Yo caigo al suelo.
-Atrévete a tocarla un pelo y te juro que te mato, perrito.- le oigo sisear.
Sin embargo, Ethan es más fuerte, y consigue apartarle.
-¿Por qué? Vamos, supéralo ya, estúpido ángel caído. No dejas de ser un demonio, así que no vayas de héroe.
Esas palabras me hieren, ya que yo también soy un ángel caído. Pero no me meto.
Dylan ríe sarcásticamente y saca algo del bolsillo. Es una pistola, con la que apunta a Ethan.
-Odio estas armas. Pero me obligas. No te voy a matar, por ella.- dice, señalándome-. Pero la próxima vez, lo haré.
Ethan se ha quedado paralizado, mirando la pistola. Sólo puedo ver el miedo en su mirada.
Dylan pasa por mi lado, y antes de irse, dice, sin mirarme:
-Yo que tú, tendría más cuidado. Al menos que quieras parir una camada de perritos.
Se gira hacia Ethan, con una mirada de superioridad, y el otro chico le enseña los dientes.
Oigo el portazo de Dylan, y me apoyo en la puerta, lo más alejada de Ethan que puedo. Sin embargo, no me voy. Nos miramos en silencio.
-Lo siento.- susurra-. No sé controlarme.
-No te preocupes.- murmuro, y salgo de la habitación, cerrando la puerta suavemente.
Respiro hondo, y en lo primero en lo que pienso es en ir a darle las gracias a Dylan. Pero estoy segura de que me dirá algo de su estilo, en plan "no quiero tus disculpas, lo hice por tu bien". Y eso significa que está enfadado. Sigo sin entender su actitud.
Empiezo a andar, sin un rumbo fijo, hasta llegar a la habitación de Deborah. Tal vez mi subconsciente piense que ella es la persona adecuada para hablar.
También podría hacerlo con cualquier otra chica del Instituto, pero Gina es muy fría, y Anna... un poco infantil.
Cuando voy a llamar a la puerta, veo que está entreabierta, así que me asomo. Pero la imagen que veo me hace quedarme quieta, sonriendo.
Veo a Deborah tumbada en la cama, con la cabeza apoyada en el regazo de Noah. Este la está acariciando el pelo, dulcemente. Parece increíble, ya que he visto a esas propias manos matar demonios sin piedad.
Me tapo la cara, para que no me oigan reír. Cuando me aparto las manos, veo a Noah mirándome.
-Cuando quieras espiar, usa un símbolo de transparencia.- luego se gira hacia Deborah, con una media sonrisa-. Hasta luego.
-Adiós.- dice esta, levantándose.
Noah sale de la habitación, pasando por delante mía. Le sonrío, y el me devuelve la sonrisa. Entro y me siento en la cama.
-¿Qué pasa?- dice Deborah.
-Habla tú primero, pequeño saltamontes.- río-. ¿Sólo amigos, eh?
-Calla.- dice, roja-. No es un misterio que me guste. ¡Es inevitable! Vamos, digo yo.
-Es evitable.
-No ha pasado nada. Absolutamente nada.- dice, con un tono triste.
-¿Y qué quieres que pase?
Ella niega con la cabeza.
-Bueno, hablando de este tema...- digo, empezando a contarle todo lo que me ha pasado.
Ella me escucha, seria.
-Lo que más me extraña es la actitud de Dylan y...
-¿No es obvio?- me corta, riéndo-. ¡Dylan está enamoradísimo de ti!
Yo río y niego con la cabeza.
-Imposible. Totalmente imposible.
-Que va. Yo creo que nadie se pone tan sobreprotector si no es por el amor. Al menos que, no sé, sea tu hermano. Y no lo es. Además, la forma en la que te mira y te ayuda... Habla con él. Será lo mejor.
-Pero...
-¡Ve a hablar con él! Yo estoy ocupada.
-¿Ocupada, con qué?- bromeo.
-¡Vete!
-Vale, vale.
Salgo de la habitación, pero, veo por el rabillo del ojo que Noah se materializa en su habitación. Sonrío y cierro la puerta, suavemente.
Empiezo a caminar hacia la habitación de Dylan, y cuando llego, pienso mucho en llamar a la puerta o no. Decido que no, y me giro para irme, pero la puerta se abre, y volteo la cabeza.
-Hola.- dice él, en un tono un tanto frío.
-Dylan... no sé por dónde empezar...
-No empieces, así será más fácil. Ve con él. ¿No lo estás deseando?
-Deja de comportarte así, por favor.- digo, desesperada-. Lo siento. Lo siento. No... yo me he portado como... una egoísta. He tardado meses... en darme cuenta de... bueno, lo que sentimos. A lo mejor tú no sientes nada por mí, y ahora mismo estoy quedando como una estúpida. Lo soy, ya lo sé. Tú siempre me has ayudado... y no tengo forma de agradecértelo. Me siento fatal.
Él se queda de pie, mirándome en silencio, durante una eternidad.
-Bueno, di algo.- digo, con lágrimas en los ojos-. Por favor...
Se gira y se dispone a entrar en su habitación, pero yo le cojo de la mano, y le giro. Nos miramos a los ojos durante unos segundos, pero después, un grito nos interrumpe.
Bajamos las escaleras corriendo. Veo que todos están de pie en el vestíbulo, hablando a la vez, así que no entiendo nada.
Dylan se acerca, a ver si se entera de algo. Yo me quedo un poco más apartada, esperando noticias.
Cuando doy un paso hacia ellos, alguien que me sujeta de la muñeca, me lo impide.
Oigo un golpe seco en el interior de mi cabeza, y noto un líquido caliente cayendo por mi frente. Oigo un grito, pero me siento cada vez más cansada, y cierro los ojos poco a poco.
Siento una ligera brisa en la cara, y sé que me he teletrasportado, no por voluntad propia.
Cuando llegamos, no veo dónde estoy, porque ya he perdido la consciencia.