Cuando marco el teléfono, comunica varias veces, y cuando estoy a punto de colgar, lo coge.
-¿Sí?
-¿Ethan? Ethan, ¿qué pasa?- digo, al escuchar su respiración agitada.
-Nada... no pasa nada... luego te llamo.- dice, simplemente, y cuelga.
Me separo el teléfono de la oreja, y salgo de casa corriendo. Por el tono de su voz, sé que algo grave le está pasando. Corro hacia la estación de metro, y cojo el primero que vaya hasta Manhattan, que es donde vive él.
Cuando llego a su casa, llamo a su puerta, apresuradamente. Quién me abre es Hayley.
-¡Abbie!- exclama-. ¡Cuanto tiempo!
-Sí... -intento sonreír-. ¿Está tu hermano?
-Salió con unos amigos.- se encoge de hombros-. ¿Quieres pasar?
-No, gracias. Ya hablaremos.- me giro y empiezo a correr- ¡Adiós!
-Esta chica cada vez es más rara.- la oigo decir, pero no me importa.
Ahora no sé dónde tengo que buscar. Decido llamarle de nuevo, pero me dice que el teléfono al que llamo no existe. Vale, ahora sí tengo miedo.
Decido ir a pedir ayuda a Darren, por ejemplo. Así que corro hacia el Instituto. Estoy muy nerviosa, así que prefiero correr a teletransportarme.
Cuando estoy cruzando una de las anchísimas avenidas, veo por el rabillo del ojo que el semáforo está en rojo, y no me da tiempo a asustarme, porque un taxi amarillo está viniendo hacia mí.
No le da tiempo a arrollarme, porque alguien me coge de la mano y me lleva de nuevo a la acera.
-¿Estás loca? ¡Hay que mirar antes de cruzar!
Levanto la vista y me cruzo con los profundos ojos azules de Noah.
-¿Qué haces aquí? Tendrías que estar durmiendo todavía.- le reprocho-.
-¿Y dejar que ese coche te mate? Nadie quiere eso. Al menos que seas una suicida.- se pone a pensar, y a los segundos vuelve a hablar-. En ese caso, vuelve a la carretera. Aún está en rojo.
-No, gracias.
-¿Qué te pasa, para que corras como una loca por todas partes?
Respiro hondo y le cuento lo de mi madre y lo de Ethan.
-Necesito encontrarles a los dos.- digo, al fin.
-Cuando alguien te cuelga el teléfono, o te dice que no le busques, es que no quiere que le busques. Es de lógica.
-Mira, si no me vas a ayudar, los buscaré yo sola.- digo, enfadada.
-No vas a durar ni un segundo sola, y si encima vas manifestando tus poderes por todas partes, los demonios te matarán- ríe sarcásticamente-. Iré contigo.
-Pues venga.
Me coloco bien la chaqueta y empiezo a andar. Noah me sigue.
-¿Cómo se llama tu gran amigo?
-Ethan West- respondo-. ¿Por?
Cuando me giro, veo que mi compañero no está, pero al fin, le veo en un callejón, esperando a que me acerque. Cuando llego a su lado, saca una especie de cubo negro pequeño con un botón blanco. Lo pulsa y sale un teclado con símbolos raros. Pulsa algunas teclas, y el cubo expulsa unas pequeñas bolas negras que caen al suelo y empiezan a moverse.
-Vamos, sígueme.- dice, y empieza a caminar detrás de ellas.
Yo le sigo en silencio.
-¿A dónde nos llevan?
-¿Quieres callarte ya? Eres muy pesada.- dice, sin mirarme.
Cuando siento que hemos andando muchas manzanas, me apoyo en la pared de un edificio.
-No puedo más.- digo, jadeando.
-Oh, genial. Porque ya hemos llegado.
Me separo de la pared y me acerco a Noah, que está señalando con la cabeza a un chico sentado en el suelo, con la cabeza entre las piernas. Me acerco corriendo a él
-¡Ethan!- exclamo, y le abrazo.
-Abbie... siento... siento haberte hablado así antes... yo...- dice, pero me abraza y no termina de hablar
-Guau.- oigo decir a Noah.
Me separo un poco de Ethan y le miro.
-¿Por qué dices "guau"? ¿Qué pasa?- pregunto.
-No sabía que tuvieses un amigo licántropo.- responde, apoyando la espalda en la pared-. Qué mal.
Abro mucho los ojos, y miro a Noah, luego a Ethan, luego a Noah, y luego a Ethan.
-¿Qué?- consigo decir, atónita.
-No siento... debería habértelo dicho cuando me llamaste... fue en contra de mi voluntad...- dice Ethan, mirando al suelo.
Le miro a los ojos. Sí, sus bonitos ojos miel estaban un poco amarillos. Y su pelo rubio se había tornado un poco gris.
-Ethan... tú... ¿eres un hombre lobo? ¿Cómo ha sido?
Él respira hondo y empieza a hablar.
Cuando conoció a los licántropos, él estaba en su casa. Estos llamaron a la puerta, y le preguntaron por mí. (No sé por qué lo hicieron, y Ethan y Noah tampoco). Ethan dijo que me conocía, y que éramos como mejores amigos. Entonces los hombres lobo le mintieron, diciéndole que yo estaba en peligro, y que necesitaban su ayuda. El chico aceptó, sin ni siquiera pensarlo. Le llevaron hasta un edificio, bastante viejo, y allí le contaron lo que eran. Ethan no les creyó (igual que yo con los nefilims). Así que el líder de la manada se transformó.
Fue entonces cuando los demás le ataron las manos y los pies y le transformaron. Ethan llevaba horas perdido, hasta que hemos llegado nosotros.
-Ethan, yo también te tengo que contar algo.- me siento a su lado-. Ahora que eres... un licántropo, supongo que me creerás. ¿Sabes qué son los ángeles caídos, verdad?- él asiente con la cabeza-. Bien, pues eso soy yo.
Espero a ver su reacción, pero simplemente se me queda mirando, con una media sonrisa.
-Sabía que eras diferente.
Antes de que pueda abrir la boca para responder, Ethan se desmaya.
Llegamos al Instituto, y dejo a Ethan en una habitación de invitados. Le tumbo en la cama y le beso la frente. Sonrío y salgo de allí.
Voy andando en mi burbuja, sin enterarme de lo que pasa a mi alrededor, cuando me choco con alguien.
-Lo siento.- decimos a la vez.
Levanto la vista, y veo a la chica a la que salvó Darren.
-Vaya, hola.- sonrío-. Eres nueva. ¿Verdad?
-Sí...- dice, tímidamente
-¿Y cómo te llamas?
-Deborah. ¿Tú?
-Abbie.
-¿De qué viene Abbie?- pregunta.
Me quedo algo extrañada por la pregunta.
-Es un nombre muy feo. Abbigail. Me quedo con Abbie.- río-. ¿Cuántos años tienes?
-Quince. Recién cumplidos.
-Supongo que eres la más pequeña. Yo tengo dieciséis. Te veo un poco perdida. ¿Necesitas ayuda?
-Bueno,
me gustaría encontrar mi habitación.
Me
ofrezco voluntaria para acompañarla, y vamos andando por el pasillo.
Me cuenta que sus padres la dejaron en un orfanato en cuando supieron
que era distinta. Un día, hizo una especie de gran figura de agua,
solo con sus manos. <<Vaya>> pienso <<eso es nuevo.
No sabía que los nefilims hiciesemos eso>>.
El otro
día, cansada de las órdenes de las monjas, Deborah decidió
escaparse del orfanato. Pero hizo algún tipo de magia, porque los
demonios la encontraron.
Yo
también la cuento mi historia. Como llegué aquí, esas semanas
confusas cuando Dylan no me contaba nada, incluso el baile. La cuento
lo de mi madre y lo de Ethan de hoy.
-Ese
tal Darren es buena persona.- dice-. Aparte de ti es el único que me
ha ayudado...
-Sí,
lo es. Además, creo que está coladito por ti. Lo dicen su mejor
amigo y su hermana.- río. Ella se sonroja
-Bueno,
¿y tú? ¡Tienes... un cuadrado amoroso!- ríe-. Eso es récord.
-¿Qué?
-Dylan,
Ethan y Noah. ¡Te tienes que aclarar!
-Que
pesados. ¡No me gusta Noah!- digo, alterada.
-Eso me
ofende.- dice este último, saliendo de detrás de una esquina.
-Pues
que no te ofenda. Eres... repulsivo, malcriado, chulo y... pasota.-
le escupo.
Él se
encoge de hombros.
-Soy
Noah.- dice a Deborah.
-Yo
Deborah. O Deby.- sonríe embobada.
No
puedo evitar soltar una risita. ¿Quién es ahora la enamorada?
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