Narra Abbie
Me quedo helada mientras miro el
mensaje.
Esas palabras no dejan de retumbar en
mi cabeza: “estás muerta, estás muerta, estás...”
Respiro hondo. No sé por qué me ha
entrado miedo. Será una broma pesada de cualquiera. Sí, es eso.
Todos me odian.
Pienso eso para que la idea se me quede
en la cabeza. Sin embargo, no me quito de encima esa sensación de
pánico que tengo, de realismo.
Miro la pantalla de nuevo. Las letras
van desapareciendo una por una, hasta que queda un fondo negro.
Respiro hondo y me pongo la mano en la
frente. Me estoy mareando.
Poco después, llega Ethan y se sienta
a mi lado.
-Abbie... siento lo de antes. No... no
prentendía ponerme borde...
Sacudo la cabeza y fuerzo una sonrisa,
para no preocuparle.
-Tranquilo, está bien. No pasa nada.
Él sonríe y me coge de la mano por
debajo de la mesa.
Llega la hora de votar por el rey y la
reina. Decido votar por Hayley y su novio.
Cuando Miss Grey, la secretaria del
director y encargada de los votos, pasa por la mesa de cada
estudiante, ellos me miran y sonríen. Busco la mirada de Ethan, pero
éste está atento a su móvil.
Cuando anuncian a los ganadores, Jackie
y su novio suben al escenario y saludan a todos. Parecen la típica
pareja ideal.
-Gracias, gracias por votarnos.- dice
Jackie.- Es un honor. Pero está claro que Bill y yo no hubiésemos
ganado sin el apoyo de nuestros grandes amigos, Abbie Carrington y
Ethan West. ¡Por favor, subid a disfrutar de la fama que os habéis
ganado!
Ethan me mira a mí, y yo le miro a él.
¿Por qué dicen que somos sus amigos? Probablemente, Jackie sea mi
enemiga.
Ethan me aprieta suavemente la mano y
le veo con intenciones de levantarse. Sin embargo, yo me quedo
sentada y le miro, negando con la cabeza.
-Ethan, no, por favor, no...- susurro.
-Vamos, Abbie. A ver que dicen.
Resoplo y me levanto. Caminamos entre
la gente que nos mira, él con paso decidido, y yo con la mirada
baja. No me gustaba que me mirasen. Parecía que me atravesaban con
sus ojos y veían todos mis secretos.
Cuando llegamos hasta el escenario,
subo las escaleras, ya más decidida. Pero cuando voy a pasar por
delante de Jackie, esta me pone la zancadilla discretamente.
Caigo haciendo el máximo ruido
posible. Pego un pequeño grito ahogado y tiro el teclado y el
micrófono que hay. El teclado cae sobre una de las azules lonas que
hay rodeando el escenario, que hace que ésta se caiga, dejando ver
todo el gimnasio. La tela hace caer algunas bombillas, y una gran
luna de aluminio que hay colgada.
Levanto la vista del suelo y miro todo
lo que he provocado. Son apenas unos segundos de paz, cuando empiezan
las insoportables risas.
Estoy empezando a ponerme muy nerviosa. Me miro las manos y cierro los ojos. Sí, sí. Lo siento. Esa extraña energía llega a mi.
Todas las luces del gimnasio empiezan a parpadear, pero nadie presta atención. Miro mi móvil, que sigue encima de la mesa, y veo que ha aparecido otro mensaje, pero no llego a leerlo,
Me tapo la cara con las manos y me levanto
torpemente. Salgo corriendo lo antes que puedo de aquel lugar, y
después me siento en un banco que hay cerca de la entrada.
A los varios minutos, noto una mano en
mi hombro. Me limpió las lágrimas.
-¿Qué quieres? Ethan, ya sabía que
querías volver a reírte de mí. Déjame en paz.
Él no hace caso y se sienta a mi lado.
-No tenía nada que ver, Abbie. Yo no
tenía ni idea.
-Ya...
-En serio.- dice él. Me coge de la
cara y suavemente me la gira para que le mire.- ¿Crees que te haría
eso?
-¿Por qué no ibas a hacerlo?
-Por... porque... te quiero.- susurra él.
-Por... porque... te quiero.- susurra él.
-¿Ah? ¿Desde... cuando?
-Desde que te conocí.
Pienso en años atrás, cuando nos
conocimos. Bueno, éramos mejores amigos, pero eso ya pasó.
-¿Me lo dices ahora?- pregunto, me
levanto y empiezo a cruzar la calle.
-ABBIE, ¡NO!- le oigo gritando.
Pero cuando me giro ya es tarde, al
coche que viene hacia mí no le da tiempo a parar.
Me despierto, todavía cansada, en el
hospital.
Cuando abro los ojos, veo una sombra
que sale de la habitación.
Niego con la cabeza. Todavía me está
afectando el golpe.
No hay nadie en la habitación, pero al
rato, entra mi madre, con cara de preocupación y de no haber dormido
nada.
-¡Cariño!- dice, y corre a abrazarme.
-Hola, mamá.
-¿Qué tal estás? Has dormido un día
entero, pero ya estás recuperada, y solo es un hueso del brazo
roto...
-Estoy muy bien, gracias.- corto,
sonriendo.
Después de que mi madre me pregunte
mil cosas, al fin llega una pregunta que no tiene que ver con mi
salud.
-¿Qué tal el baile? Quitando el
accidente, claro.
Me quedo callada mirando al suelo, y al
fin respondo.
-Bien.- miento.
No quería preocupar a mi madre con los
rollos de que si se ríen de mí, que si me han pegado...
-¿En serio? Eso es genial.
-Lo sé. ¿Ha... ha venido alguien a
verme...?
-Ese chico, Ethan, ha estado aquí toda
la noche. Luego se tuvo que ir.
-¿Nada más?
-Bueno, su hermanastra también ha
estado, pero en la sala de espera y solo un par de horas... no me
gusta esa chica.- resopla.- Ah, también vino un chico, pero no sé
quien es. Entró durante unos cinco minutos y después se fue. Era
raro.
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