Narra Abbie
Desde luego, el
hecho de que lleve una escayola en el brazo izquierdo, a la gente no
le da compasión. Todavía está reciente la broma del sábado.
Entro en clase y
me siento en el sitio de siempre. Delante de mí, hay un chico nuevo.
Está mirando hacia el papel que tiene en la mesa mientras garabatea
sobre éste.
Me vuelvo a
recostar en la mesa, apoyando la espalda en la pared y abro el libro
de la asignatura. Apoyo en mis piernas mi libro de lectura y empiezo
a leer.
El profesor no
debe de fijarse en mi, ya que no me regaña por no estar haciendo
caso. No importa, mejor.
Cuando suena la
campana de salida, recojo los libros y salgo la última. Voy leyendo
el libro, pero cuando voy por el pasillo, un chico me lo quita y le
arranca una página.
Detrás de él veo
un grupo de más populares. Entre ellos está Ethan.
Niega la cabeza,
como disculpándose, pero yo miro hacia otro lado y me agacho a
recoger el libro y la página, pero sale volando.
Miro como se va,
y, sigo andando hacia la cafetería. Me siento en una mesa sola y
sigo leyendo.
-Creo que esto es
tuyo.- un chico me está ofreciendo la página de mi libro,
sonriente.
-Gracias...-
susurro, y la cojo.- ¿Nos conocemos?
Él se sienta
enfrente mía y niega.
-¿Cómo te
llamas?- sonríe.
-Abbie.- alzo la
mirada y le observo.
Me transmite una
sensación.
Nos quedamos
callados durante un rato.
-¿Y tú?-
pregunto al fin.
Él se queda
pensando.
-Dylan.
-Encantada.
Él sonríe y se
revuelve su negro pelo.
-Igualmente.
-Eres nuevo,
¿verdad?
-Sí, hoy es mi
primer día. Esto no está mal.
-Yo llevo aquí
muchos años. Podría enseñarte el instituto, personas populares con
las que puedes ir...
-Espera.- corta.-
¿Por qué tengo que ir con personas populares? ¿No puedo ir
contigo? ¿Te caigo mal?
-¿Qué? Ah... no
pensaba que quisieras venir conmigo. Y bueno, no te conozco... no me
caes ni bien ni mal. No me caes, porque no sé como eres.
-¿Entonces no
somos amigos?
Me encojo de
hombros y niego con la cabeza.
-Vale. Pues vamos a conocernos.
-¿Qué?
-Tengo diecisiete
años. Me gusta leer, la guitarra, la ciencia ficción y... bueno,
poco más. Mi color favorito es el negro. Vivo por aquí cerca... ¿Qué hay de ti?
-Bueno... tengo
dieciséis años, me gusta leer, pasar desapercibida y... no sé,
¿los reality shows? Mi color favorito es el azul. No te voy a decir
dónde vivo, por que tú no me lo has dicho, y todavía no me
transmites confianza.
Bueno, sí lo
hacía. Pero no se lo iba a decir, obviamente.
-¿Me ofendo, o
qué hago?- ríe.
-Nada, no hagas
nada.- sonrío.
-Deberíamos
conocernos más a fondo.- dice.
-¿Por?
-Quiero ser tu
amigo.
-Madre mía. ¿Te
ha mandado alguien, y estás esperando a que me gire para echarme
encima un cubo de pintura o alguna mierda de esas?
-No. Pero es buena
idea. La usaré.
-Vale.- me levanto
y voy andando hacia mi taquilla, para recoger las cosas e irme a
casa.
Dylan me sigue.
-¿Qué haces?
Pareces un pedófilo o algo así. Das miedo.
Él ríe y se pone
la capucha.
-Oh sí, cariño,
te raptaré y te encerraré en un cuarto oscuro.- dice, poniendo la
voz grave.
Sonrío y salgo
del instituto.
-Oye, ¿no quieres
que te acompañe a ningún sitio?
-No hace falta, de
verdad.- respondo.
-Bueno, pues te
acompaño igualmente.- viene corriendo hasta que se pone junto a mí.-
Cuéntame algo.- dice, poniendo cara de cachorrito abandonado.
-¿Qué te cuento?
No creo que te interese mi vida...
-Sí, sí me
interesa... Pareces interesante.- Ethan me había dicho lo mismo.-
Dime, ¿tienes alguna cualidad... o rareza?
-Me das miedo.
Bueno, a veces veo o hago cosas raras. Si a eso te refieres...
-No exactamente,
¿pero que cosas?
-Veo cosas raras... o las hago yo. No me entiendes.
-Sí, te entiendo
perfectamente.
-¿Qué opinas? No
me crees, ¿verdad?
-Te creo.- responde, con una sonrisa.
-¿No te parezco
una loca? Por ver cosas raras, yo que sé... ¿monstruos?
-Yo los veo a
menudo. Ambos estamos locos, entonces.- ríe.- Ya tenemos otra cosa
en común.
-Eso parece.
Sigo andando en
silencio. Él tampoco dice nada.
Cuando pasa una
eternidad, pregunta al fin:
-¿Podrías enseñarme lo que haces?
Me giro y le miro.
Bueno, repito que me transmite confianza.
-Está bien, ven
conmigo.
Cambio de
dirección y entro en una calle oscura y vacía. Dylan se pone a mi
lado.
-Observa.- respiro
hondo y empiezo.
Miro fijamente
hacia la pared y me concentro en ella. Ladrillos, ladrillos...
Ya empiezo a
sentirlo. Es como una energía que me llena. Cierro los ojos y la
disfruto.
-Ya casi está,
vamos...- susurro.
Abro los ojos y
veo la pequeña espiral luminosa que está empezando a aparecer en la
pared, pero caigo agotada y me siento en el suelo.
-De verdad que
puedo hacerlo mejor...
-No, está bien.
Está bien...- dice Dylan, y toca la pared.
-¿Qué? ¿Sabes
que es?- digo, esperanzada.- No encuentro a nadie que me crea o que
lo entienda y...
-No tengo ni idea
de que es.- responde, seriamente.- Eres rara.
Empiezo a sentirme
mal y a arrepentirme de habérselo enseñado. Me levanto y empiezo a
andar hacia casa.
Después de
aquella tarde, no volví a ver a Dylan en días. Bueno, han pasado
dos semanas y no ha aparecido por clase, ni le he visto en ningún
sitio. La vida en el instituto volvía a ser como antes, no hablaba
con nadie, respondía en clase cuando me preguntaba, sin levantar la
mano, se reían de mi (menos de lo normal).
Veía a Ethan de
vez en cuando y él me miraba, pero yo le evitaba.
Me siento en
clase, y, como no hay más sitios, se sienta a mi lado
-Hola.- dice.
-Hola.
-¿Qué tal
estás?- pregunta.
-Mejor que nunca.-
digo, sarcásticamente.
-Me alegro.
Al cabo de diez
minutos, él vuelve a hablar.
-Siento lo del
otro día. ¿Me perdonas?
-Te perdoné desde
un principio.
-¿Y por qué
dejaste de hablarme?
-¿Yo? ¿Acaso te
acercaste a mi en algún momento?
-No. Lo siento.-
responde, mirando al suelo.
-Lo siento yo.
Tampoco me acerqué yo a darte las gracias por estar en el
hospital...- me miro el brazo, ya sin escayola, y le acaricio la mano
derecha.
Él sonríe y no
vuelve a decir nada más en toda la clase.
Cuando salimos,
(sí, viene conmigo), vamos hacia el campus y nos sentamos en el
césped.
-¿Cómo va tu
brazo?- pregunta.
-Va genial.-
respondo.- No me duele a penas. Gracias por avisarme cuando venía el
coche...
-No hay de qué.-
sonríe y me coge de la mano.
Cuando vuelvo a casa, no veo a mi madre. Está trabajando. Tiro la mochila hacia un lado y me siento en el sofá, mirando hacia ninguna parte.
Tengo una sensación rara. Me duele la cabeza, pero no de la forma que te suele doler siempre. Es como si... no sé, alguien me llamara.
Me miro las manos, con la cara inexpresiva. Me han salido unos símbolos extraños. A veces, me pinto las manos en clase, cuando me aburro. Pero estas líneas brillan.
Me levanto y veo que las manos me tiemblan. Las alejo de mi y las dirijo hacia la pared.
Un rayo de luz sale de ellas, y esa presión que sentía en la cabeza va desapareciendo.
El rayo choca con la pared y un agujero negro va apareciendo allí.
Cuando noto que la energía se me acaba, aparto las manos y observo el agujero, aterrorizada.
Acerco la mano hacia él. Me quedan unos milímetros para tocarlo, cuando alguien me empuja y me aleja de él.
Esto tiene que ver con los cazadores de sombras verdad?
ResponderEliminarPor cierto , quieres ser mi psicologa??
Con cariño Rebe. ok?
Madre mía, te respondo casi dos meses después. Estoy muy anticuada...
EliminarSí, tiene que ver con Cazadores de sombras. Cuando empecé la historia estaba leyendo el libro, así que aquí estamos.
Yo soy tu psicóloga si quieres, pero tendrías que pagarme. Tranquila, yo te hago un descuentillo.