domingo, 18 de mayo de 2014

Capítulo 7.

Narra Abbie
Desde luego, el hecho de que lleve una escayola en el brazo izquierdo, a la gente no le da compasión. Todavía está reciente la broma del sábado.
Entro en clase y me siento en el sitio de siempre. Delante de mí, hay un chico nuevo. Está mirando hacia el papel que tiene en la mesa mientras garabatea sobre éste.
Me vuelvo a recostar en la mesa, apoyando la espalda en la pared y abro el libro de la asignatura. Apoyo en mis piernas mi libro de lectura y empiezo a leer.
El profesor no debe de fijarse en mi, ya que no me regaña por no estar haciendo caso. No importa, mejor.
Cuando suena la campana de salida, recojo los libros y salgo la última. Voy leyendo el libro, pero cuando voy por el pasillo, un chico me lo quita y le arranca una página.
Detrás de él veo un grupo de más populares. Entre ellos está Ethan.
Niega la cabeza, como disculpándose, pero yo miro hacia otro lado y me agacho a recoger el libro y la página, pero sale volando.
Miro como se va, y, sigo andando hacia la cafetería. Me siento en una mesa sola y sigo leyendo.
-Creo que esto es tuyo.- un chico me está ofreciendo la página de mi libro, sonriente.
-Gracias...- susurro, y la cojo.- ¿Nos conocemos?
Él se sienta enfrente mía y niega.
-¿Cómo te llamas?- sonríe.
-Abbie.- alzo la mirada y le observo.
Me transmite una sensación.
Nos quedamos callados durante un rato.
-¿Y tú?- pregunto al fin.
Él se queda pensando.
-Dylan.
-Encantada.
Él sonríe y se revuelve su negro pelo.
-Igualmente.
-Eres nuevo, ¿verdad?
-Sí, hoy es mi primer día. Esto no está mal.
-Yo llevo aquí muchos años. Podría enseñarte el instituto, personas populares con las que puedes ir...
-Espera.- corta.- ¿Por qué tengo que ir con personas populares? ¿No puedo ir contigo? ¿Te caigo mal?
-¿Qué? Ah... no pensaba que quisieras venir conmigo. Y bueno, no te conozco... no me caes ni bien ni mal. No me caes, porque no sé como eres.
-¿Entonces no somos amigos?
Me encojo de hombros y niego con la cabeza.
-Vale. Pues vamos a conocernos.
-¿Qué?
-Tengo diecisiete años. Me gusta leer, la guitarra, la ciencia ficción y... bueno, poco más. Mi color favorito es el negro. Vivo por aquí cerca... ¿Qué hay de ti?
-Bueno... tengo dieciséis años, me gusta leer, pasar desapercibida y... no sé, ¿los reality shows? Mi color favorito es el azul. No te voy a decir dónde vivo, por que tú no me lo has dicho, y todavía no me transmites confianza.
Bueno, sí lo hacía. Pero no se lo iba a decir, obviamente.
-¿Me ofendo, o qué hago?- ríe.
-Nada, no hagas nada.- sonrío.
-Deberíamos conocernos más a fondo.- dice.
-¿Por?
-Quiero ser tu amigo.
-Madre mía. ¿Te ha mandado alguien, y estás esperando a que me gire para echarme encima un cubo de pintura o alguna mierda de esas?
-No. Pero es buena idea. La usaré.
-Vale.- me levanto y voy andando hacia mi taquilla, para recoger las cosas e irme a casa.
Dylan me sigue.
-¿Qué haces? Pareces un pedófilo o algo así. Das miedo.
Él ríe y se pone la capucha.
-Oh sí, cariño, te raptaré y te encerraré en un cuarto oscuro.- dice, poniendo la voz grave.
Sonrío y salgo del instituto.
-Oye, ¿no quieres que te acompañe a ningún sitio?
-No hace falta, de verdad.- respondo.
-Bueno, pues te acompaño igualmente.- viene corriendo hasta que se pone junto a mí.- Cuéntame algo.- dice, poniendo cara de cachorrito abandonado.
-¿Qué te cuento? No creo que te interese mi vida...
-Sí, sí me interesa... Pareces interesante.- Ethan me había dicho lo mismo.- Dime, ¿tienes alguna cualidad... o rareza?
-Me das miedo. Bueno, a veces veo o hago cosas raras. Si a eso te refieres...
-No exactamente, ¿pero que cosas?
-Veo cosas raras... o las hago yo. No me entiendes.
-Sí, te entiendo perfectamente.
-¿Qué opinas? No me crees, ¿verdad?
-Te creo.- responde, con una sonrisa.
-¿No te parezco una loca? Por ver cosas raras, yo que sé... ¿monstruos?
-Yo los veo a menudo. Ambos estamos locos, entonces.- ríe.- Ya tenemos otra cosa en común.
-Eso parece.
Sigo andando en silencio. Él tampoco dice nada.
Cuando pasa una eternidad, pregunta al fin:
-¿Podrías enseñarme lo que haces?
Me giro y le miro. Bueno, repito que me transmite confianza.
-Está bien, ven conmigo.
Cambio de dirección y entro en una calle oscura y vacía. Dylan se pone a mi lado.
-Observa.- respiro hondo y empiezo.
Miro fijamente hacia la pared y me concentro en ella. Ladrillos, ladrillos...
Ya empiezo a sentirlo. Es como una energía que me llena. Cierro los ojos y la disfruto.
-Ya casi está, vamos...- susurro.
Abro los ojos y veo la pequeña espiral luminosa que está empezando a aparecer en la pared, pero caigo agotada y me siento en el suelo.
-De verdad que puedo hacerlo mejor...
-No, está bien. Está bien...- dice Dylan, y toca la pared.
-¿Qué? ¿Sabes que es?- digo, esperanzada.- No encuentro a nadie que me crea o que lo entienda y...
-No tengo ni idea de que es.- responde, seriamente.- Eres rara.
Empiezo a sentirme mal y a arrepentirme de habérselo enseñado. Me levanto y empiezo a andar hacia casa.

Después de aquella tarde, no volví a ver a Dylan en días. Bueno, han pasado dos semanas y no ha aparecido por clase, ni le he visto en ningún sitio. La vida en el instituto volvía a ser como antes, no hablaba con nadie, respondía en clase cuando me preguntaba, sin levantar la mano, se reían de mi (menos de lo normal).
Veía a Ethan de vez en cuando y él me miraba, pero yo le evitaba.
Me siento en clase, y, como no hay más sitios, se sienta a mi lado
-Hola.- dice.
-Hola.
-¿Qué tal estás?- pregunta.
-Mejor que nunca.- digo, sarcásticamente.
-Me alegro.
Al cabo de diez minutos, él vuelve a hablar.
-Siento lo del otro día. ¿Me perdonas?
-Te perdoné desde un principio.
-¿Y por qué dejaste de hablarme?
-¿Yo? ¿Acaso te acercaste a mi en algún momento?
-No. Lo siento.- responde, mirando al suelo.
-Lo siento yo. Tampoco me acerqué yo a darte las gracias por estar en el hospital...- me miro el brazo, ya sin escayola, y le acaricio la mano derecha.
Él sonríe y no vuelve a decir nada más en toda la clase.
Cuando salimos, (sí, viene conmigo), vamos hacia el campus y nos sentamos en el césped.
-¿Cómo va tu brazo?- pregunta.
-Va genial.- respondo.- No me duele a penas. Gracias por avisarme cuando venía el coche...
-No hay de qué.- sonríe y me coge de la mano.

Cuando vuelvo a casa, no veo a mi madre. Está trabajando. Tiro la mochila hacia un lado y me siento en el sofá, mirando hacia ninguna parte.
Tengo una sensación rara. Me duele la cabeza, pero no de la forma que te suele doler siempre. Es como si... no sé, alguien me llamara.
Me miro las manos, con la cara inexpresiva. Me han salido unos símbolos extraños. A veces, me pinto las manos en clase, cuando me aburro. Pero estas líneas brillan.
Me levanto y veo que las manos me tiemblan. Las alejo de mi y las dirijo hacia la pared. 
Un rayo de luz sale de ellas, y esa presión que sentía en la cabeza va desapareciendo.
El rayo choca con la pared y un agujero negro va apareciendo allí. 
Cuando noto que la energía se me acaba, aparto las manos y observo el agujero, aterrorizada.
Acerco la mano hacia él. Me quedan unos milímetros para tocarlo, cuando alguien me empuja y me aleja de él.

2 comentarios:

  1. Esto tiene que ver con los cazadores de sombras verdad?
    Por cierto , quieres ser mi psicologa??
    Con cariño Rebe. ok?

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    1. Madre mía, te respondo casi dos meses después. Estoy muy anticuada...
      Sí, tiene que ver con Cazadores de sombras. Cuando empecé la historia estaba leyendo el libro, así que aquí estamos.
      Yo soy tu psicóloga si quieres, pero tendrías que pagarme. Tranquila, yo te hago un descuentillo.

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